1.3.07

Borges once more








Borges gustaba de abandonar en su prosa a jóvenes que leen con fervor los Anales de Tácito o que fatigan los hexámetros de algún poeta latino menor. He registrado también heterodoxias similares en las que abundan sílabas en las que se esconde el nombre de Dios o la arcana arquitectura de alguna profecía.
A Borges le placían estas frivolidades cultas que, a la luz de estas linternillas de ahora, parecen artefactos literarios de jubilado caprichoso o de burgués acomodado y muy ocioso.Como todos los hombres de Babilonia, he sido Borges. Lo he sido respetuosa y modestamente, claro. Ser Borges, en estos tiempos de flaqueza estética y tribulaciones morales, es ser un demiurgo formidable: es reconocer, entre las abundantes lecturas y las abundantes charlas, una voz siempre distinta, y no es un tópico esta recurso ya tan manido.
Anoche soñé, bendita ilusión, enciclopedias ilusorias, tigres de rayas enigmáticas, milagros secretos, sectas que celan algún arcano inefable. Ingresé en el vértigo. Me obsequiaron con una rosa.Esta mañana, como Milton, tras atravesar el jardín, he amanecido con una rosa en la mano.
Literatura.





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