No poseer otro cielo que el propio cuerpo. Otra religión que la vida. Sin apenas deseo de saber qué herida atroz nos destroza adentro. Y que se jodan todas las metafísicas.
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31.5.09
25.10.08
Galeano (before dinner)

La máquina
Eduardo Galeano
Sigmund Freud lo había aprendido de Jean-Martin Charcot: las ideas pueden ser implantadas, por hipnotismo, en la mente humana. Ha pasado más de un siglo. Mucho se ha desarrollado, desde entonces, la tecnología de la manipulación. Una máquina colosal, del tamaño del planeta, nos manda repetir los mensajes que nos mete adentro. Es la máquina de traicionar palabras. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, había sido electo, y reelecto por abrumadora mayoría en comicios mucho más transparentes que la elección que consagró a George W. Bush en Estados Unidos. La máquina dio manija al golpe de Estado que intentó voltearlo. No por su estilo mesiánico, ni por su tendencia a la verborragia, sino por las reformas que propuso y las herejías que cometió. Chávez tocó a los intocables. Los intocables, dueños de los medios de comunicación y de casi todo lo demás, pusieron el grito en el cielo. Con toda libertad denunciaron el exterminio de la libertad. Dentro y fuera de fronteras, la máquina convirtió a Chávez en un "tirano", un "autócrata delirante" y un "enemigo de la democracia". Contra él estaba "la ciudadanía". Con él, "las turbas", que no se reunían en locales sino en "guaridas". La campaña mediática fue decisiva para la avalancha que desembocó en el golpe de Estado, programado desde lejos contra esta feroz dictadura que no tenía ni un solo preso político. Entonces, ocupó la presidencia un empresario, votado por nadie. Democráticamente, como primera medida de gobierno, disolvió el Parlamento. Al día siguiente, subió la Bolsa; pero una pueblada devolvió a Chávez a su lugar legítimo. El golpe mediático sólo había podido generar un poder virtual, como comentó el escritor venezolano Luis Britto García, y poco duró. La televisión venezolana, baluarte de la libertad de información, no se enteró de la desagradable noticia. Mientras tanto, otro votado por nadie, que también llegó al poder por golpe de Estado, luce con éxito su nuevo look: el general Pervez Musharraf, dictador militar de Pakistán, transfigurado por el beso mágico de los grandes medios de comunicación. Musharraf dice y repite que ni se le pasa por la cabeza la idea de que su pueblo pueda votar, pero él ha hecho voto de obediencia a la llamada "comunidad internacional", y ése es el único voto que de veras importa, al fin y al cabo, a la hora de la verdad. Quién te ha visto y quién te ve: ayer Musharraf era el mejor amigo de sus vecinos, los talibanes, y hoy se ha convertido en "el líder liberal y valiente de la modernización de Pakistán". Y a todo esto, continúa la matanza de palestinos, que las fábricas de la opinión pública mundial llaman "cacería de terroristas". Palestino es sinónimo de "terrorista", pero el adjetivo jamás se adjudica al ejército de Israel. Los territorios usurpados por las continuas invasiones militares se llaman siempre "territorios en disputa". Y los palestinos, que son semitas, resultan ser "antisemitas". Desde hace más de un siglo, ellos están condenados a expiar las culpas del antisemitismo europeo y a pagar, con su tierra y con su sangre, el holocausto que no cometieron. Concurso de agachados en la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, que apunta siempre al sur y nunca al norte. La comisión está especializada en disparar contra Cuba, y este año le ha tocado al Uruguay el honor de encabezar el pelotón. Otros gobiernos latinoamericanos lo han acompañado. Ninguno dijo: "lo hago para que me compren lo que vendo", ni: "lo hago para que me presten lo que necesito", ni: "lo hago para que aflojen la cuerda que me aprieta el pescuezo". El arte del buen gobierno permite no pensar lo que se dice, pero prohíbe decir lo que se piensa. Y los medios han aprovechado la ocasión para confirmar, una vez más, que la isla bloqueada sigue siendo la mala de la película. En el diccionario de la máquina, se llaman "contribuciones" los sobornos que los políticos reciben, y "pragmatismo" las traiciones que cometen. Las "buenas acciones" ya no son los nobles gestos del corazón, sino las acciones que cotizan bien en la Bolsa, y en la Bolsa ocurren las "crisis de valores". Donde dice "la comunidad internacional exige", debe decir: la dictadura financiera impone. "Comunidad internacional" es, también, el seudónimo que ampara a las grandes potencias en sus operaciones militares de exterminio, o "misiones de pacificación". Los "pacificados" son los muertos. Ya se prepara la tercera guerra contra Irak. Como en las dos anteriores, los bombardeadores serán "fuerzas aliadas" y los bombardeados "hordas de fanáticos al servicio del carnicero de Bagdad". Y los atacantes dejarán en el suelo atacado un reguero de cadáveres civiles, que se llamarán "daños colaterales". Para explicar esta próxima guerra, el presidente Bush no dice: "El petróleo y las armas la están necesitando, y mi gobierno es un oleoducto y un arsenal". Y tampoco dice, para explicar su multimillonario proyecto de militarización del espacio: "Vamos a anexar el cielo, como anexamos Texas". Nada de eso: es el mundo libre el que debe defenderse de la amenaza terrorista, aquí en la tierra y más allá de las nubes, aunque el terrorismo haya demostrado que prefiere los cuchillos de cocina a los misiles. Y aunque Estados Unidos se oponga, como también se opone Irak, al Tribunal Penal Internacional que acaba de nacer para castigar los crímenes contra la humanidad. Por regla general, las palabras del poder no expresan sus actos, sino que los disfrazan; y eso no tiene nada de nuevo. Hace más de un siglo, en la gloriosa batalla de Omdurman, en Sudán, donde Winston Churchill fue cronista y soldado, 48 británicos ofrendaron sus vidas. Además, murieron 27 mil salvajes. La corona británica llevaba adelante a sangre y fuego su expansión colonial, y la justificaba diciendo: "estamos civilizando Africa a través del comercio". No decía: "estamos comercializando Africa a través de la civilización". Y nadie preguntaba a los africanos qué opinaban del asunto. Pero nosotros tenemos la suerte de vivir en la era de la información, y los gigantes de la comunicación masiva aman la objetividad. Ellos permiten que se exprese, también, el punto de vista del enemigo. Durante la guerra de Vietnam, pongamos por caso, el punto de vista enemigo ocupó 3 por ciento de las noticias difundidas por las cadenas ABC, CBS y NBC. La propaganda, confiesa el Pentágono, forma parte del gasto bélico. Y la Casa Blanca ha incorporado al gabinete de gobierno a la experta publicitaria Charlotte Beers, que había impuesto en el mercado local ciertas marcas de comida para perros y de arroz para personas. Ella se está ocupando, ahora, de imponer en el mercado mundial la cruzada terrorista contra el terrorismo. "Estamos vendiendo un producto", explica Colin Powell. "Para no ver la realidad, el avestruz hunde la cabeza en el televisor", comprueba el escritor brasileño Millor Fernandes. La máquina dicta órdenes, la máquina aturde. Pero el 11 de septiembre también dictaron órdenes, también aturdieron, los altavoces de la segunda torre gemela de Nueva York, cuando empezó a crujir. Mientras huía la gente, volando escaleras abajo, los altavoces mandaban que los empleados volvieran a sus puestos de trabajo. Se salvaron los que no obedecieron.
Benedetti (before lunch)

No te salves
No te salves
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgano
no te salves ahora ni nunca,
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas, entonces
no te quedes conmigo.
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgano
no te salves ahora ni nunca,
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas, entonces
no te quedes conmigo.
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Mario Benedetti
15.10.08
Gil de Biedma tonight

NO VOLVERÉ A SER JOVEN
-
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
.
(Jaime Gil de Biedma)
"Poemas póstumos" 1968
El tributo de Bunbury
7.4.08
La vida alrededor de un riff

Una revista musical de prestigio, al parecer, publica los cinco mejores riff de la historia del rock. Nada que objetar. Antes hemos visto las cinco mejores canciones, los cinco mejores álbumes, las cinco mejores portadas. Ad nauseam. De lo que se trata, en el fondo, es de compartimentar la cultura, de etiquetar el placer y poder acceder a él en base a la nomenclatura habilitada (inventada) al efecto. Yo, al menos, soy incapaz de no hocicar mi malsana curiosidad en esas listas imposibles. Y como todo lector insatisfecho (toda lectura es una forma de satisfacción incompleta) me obligo a encontrar los ítems que faltan: el riff personal. Ahí se acaba la mitología: los años de inventar riffs en el aire con una guitarra imaginaria han pasado, pero también caímos.
Y un riff, por genial que sea, no es un solo: el riff machaconamente se pasea por la canción, a modo de leivmotiv, de patrón tozudo. El solo, sin embargo, se despliega en la coda final o en un puente intermedio, y no precisa de la repetición para conseguir su hegemonía melódica, su vocación de himno.
Fui muchas veces Clapton (Derek con sus Dominoes) y fabulé mi particular fraseo de Layla alrededor de una barra de pub a la inglesa y bien escoltado por adeptos de la causa. Fui muchas veces Jimmy Page y fantaseé mi egocéntrico Black dog o Rock and roll mientras los altavoces berreaban sus buenos vatios. El rock, ya se sabe, debe atronar cuando el alma exige su dosis diaria.
La vida también tiene sus riffs: acordes fabulosos que se adhieren a la memoria. Tal vez estaría bien componer los cinco mejores. Poner en una tablilla, aunque sea digital, los momentos tarareables, los espasmos convertidos después en exaltación jubilosa de la vida y del goce absoluto de vivirla. Sería un buen meme, uno de los mejores. No me atrevo todavía a tirar del mío, vaya que olvide algo relevante o publique lo que no debo. A fuerza de ser sincero, mejor me estoy quieto. Ni siquiera sabría cómo empezar. Los riffs del rock son otra cosa. Los cinco que alumbraron mi tardoadolescencia (suelen venir siempre ahí, qué le vamos a hacer) acuden al catecismo guitarrero básico: Whole lotta love, Layla, Smoke on the water en la Fender Stratocaster de Ritchie Blackmore (Made in Japan fabuloso en la memoria de todo amante del rock), Sunshine of your love, Money, Satisfaction. Recientemente: Sweet child o'mine (Slash, heredero glorioso de los guitarreos heróicos, aunque desangelado por su pobre discografía, hasta el momento)
La vida también tiene sus riffs: acordes fabulosos que se adhieren a la memoria. Tal vez estaría bien componer los cinco mejores. Poner en una tablilla, aunque sea digital, los momentos tarareables, los espasmos convertidos después en exaltación jubilosa de la vida y del goce absoluto de vivirla. Sería un buen meme, uno de los mejores. No me atrevo todavía a tirar del mío, vaya que olvide algo relevante o publique lo que no debo. A fuerza de ser sincero, mejor me estoy quieto. Ni siquiera sabría cómo empezar. Los riffs del rock son otra cosa. Los cinco que alumbraron mi tardoadolescencia (suelen venir siempre ahí, qué le vamos a hacer) acuden al catecismo guitarrero básico: Whole lotta love, Layla, Smoke on the water en la Fender Stratocaster de Ritchie Blackmore (Made in Japan fabuloso en la memoria de todo amante del rock), Sunshine of your love, Money, Satisfaction. Recientemente: Sweet child o'mine (Slash, heredero glorioso de los guitarreos heróicos, aunque desangelado por su pobre discografía, hasta el momento)
19.10.07
Ay, Cuba, así no

Canción cubana de Guillermo Cabrera Infante
¡Ay, José, así no se puede!
¡Ay, José, así no sé!
¡Ay, José, así no!
¡Ay, José, así!
¡Ay, José!
¡Ay!
Tomado de este jugoso link
27.9.07
Gunman
Hizo como que nadie le oía y abrió fuego con la munición de los verbos esdrújulos. Rebotaban en las paredes pintadas. Los cultismos, en cambio, estallaban limpiamente en el aire como voluta barroca, pero no pudo advertir qué destino aguardaba a los poemas de amor y cómo conquistaban el mar, el cielo, las sombras. Luego calló y alguien, severo, adusto, le conminó al exilio, a considerar el despropósito de la empresa, la autoría infame de su oficio.
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