martes 20 de mayo de 2008

Cien años, James


Tendrían cien años y juntos cuentan la historia del cine americano que es tanto como decir casi (pongamos tan sólo un casi) la historia del cine. Hoy precisamente uno de ellos, James, cumpliría esos cien años simbólicos y rotundos.
A James no le debemos más que a los otros dos, pero es fácil admitir que tiene cara de buena persona y nunca dejó de tenerla en los cientos de films que hizo. Esta noche me he regalado Caballero sin espada y así le he rendido humilde (sencillo, doméstico) tributo. Dudé entre la obra maestra de Frank Capra y ésta de la foto, que caerá (nunca se puede asegurar nada) mañana.


The thrill is gone



Phil Collins, Eric Clapton y B.B. King on stage

THE THRILL IS GONE


The thrill is gone
The thrill is gone away
The thrill is gone baby
The thrill is gone away
You know you done me wrong baby
And you’ll be sorry someday

The thrill is gone
It’s gone away from me
The thrill is gone baby
The thrill is gone away from me
Although I’ll still live on
But so lonely I’ll be

The thrill is gone
It’s gone away for good
Oh, the thrill is gone baby
Baby its gone away for good
Someday I know I’ll be over it all baby
Just like I know a man should

You know I’m free, free now baby
I’m free from your spell
I’m free, free now
I’m free from your spell
And now that it’s over
All I can do is wish you well

lunes 19 de mayo de 2008

Pan, circo y televisores de plasma

Hay algo de grosero en eso de que la Liga de fútbol se acabe, pero una cadena de electrodomésticos te regala el veinticinco por ciento del importe de la tele LCD o plasma que te compres si la roja alcanza cuartos. La vida luego te descabalga de los vicios a pedradas y la que viene zumbando por el aire tiene forma de eliminación precoz. Nada nuevo bajo el redondo sol del balompié ibérico. Las gestas futboleras tienen escaso fuste entre los nigromantes: por eso se atreven a tirar la casa encantada por la ventana y prometen el maná en forma de pantallas a la moda. Saben que luego llega la realidad con su pandora de infamias. La última fechoría de la realidad es que se acabe la Liga, aunque este verano viene untado de épica deportiva entre Eurocopa y Olimpiadas. Esta incontinencia conviene al distraimiento popular. Nada conviene más al contento de un país que este pan y circo mediático en donde el ser humano se prueba a sí mismo a mayor gloria de la caja recaudadora y del libro Guinness de los records.
La nigromancia es una empresa de rancio arraigo en España porque matrimonia la natural devoción hispana por lo pícaro y el hábito de creer en lo que sea siempre que esa fe nos entretenga en vida. Da igual que sean hadas, santos o goles de Fernando Torres: hay que creer en algo. La realidad es tan precaria y está tan azuzada por la desdicha que precisamos del concurso inefable de lo etéreo para que la satisfacción sea plena. En la oferta de lo metafísico cabe la derecha del Padre, el descanso eterno, la misa de doce y la secreta esperanza de que la selección española nos alegre junio. Todo exhibe su pedernal atavismo, pero igual a algunos les sale más barata la tele. De eso, al cabo, se trata.

domingo 18 de mayo de 2008

El dolor es un blues (Alt.take)

Justo un año después el texto continúa siendo válido: No estamos hechos de otra cosa que de dolor: el dolor mueve las palabras, ensucia el pensamiento, atrinchera su garfio cabrón en las dulces estancias del sueño y te levantas con el pecho abierto, encallecida el alma, notando el peso inconmovible de la sangre rota; el dolor acompaña las fiestas de cumpleaños, escolta la juventud al tedio, se manifiesta en la música y troca el arpegio más emotivo en ruda música de fondo; el dolor cubre los cuerpos de los amantes mientras se entregan a la celebración horizontal de la carne; el dolor empuja el feto a la luz; el dolor mueve el corazón y también las estrellas; el dolor es el itinerario exacto de las horas; el dolor discute con el tiempo la autoría de nuestros quebrantos; el dolor zanja a cuchilladas las pasiones; el dolor se anuncia en el neón fugaz de las once de la noche; el dolor acude sin que se le llame; el dolor azuza la tristeza; el dolor corrompe las metáforas; el dolor amarillea los recuerdos; el dolor percute la noche como un taladro melancólico; el dolor mancha el traje del domingo; el dolor asfixia la luz en los rincones; el dolor es un blues. Como escribía aquí un amigo "el dolor mueve más hilos que el amor, y eso sí que duele". Eso es: la letra de un blues. Voy a llamar a Robert Johnson antes de que algún marido afrentado lo defenestre. Ja.

viernes 16 de mayo de 2008

Narraciones

"Mi gusto por lo narrativo me permite, por ejemplo, tener un grato comercio con los imbéciles; cuando debo tratar con alguien cuyas ideas detesto o cuyas opiniones sólo merecen desdén, procuro llevarle al terreno de la narración y hacerle contar algo: incluso los seres más ínfimos ocultan una odisea lamentableo atroz. Personas a las que no soportaría bajo ningún otro aspecto, llegan a entretenerme y - quién sabe - a interesarme como narradores. En cambio, no faltan amigos a quienes adoro pero cuyo trato se me hace pronto insufrible por su incapacidad para contar nada y su manía de atrincherarse en lo abstracto o en lo doctrinal. Uno quisiera decir al visitante inoportuno: "cuente su historia y lárguese", pero este proceder, caso de generalizarse, simplificaría quizá indeseablemente las relaciones humanas."

Epílogo a La infancia recuperada.
Fernando Savater

Mil novecientos cuarenta y tantos (Cuento)

La franela arracima cariño de pobres dignísimos en el invierno tirando a severo en donde la tos matrimonia su rancia sinfonía con el ruido del frío colándose por la ventana a medio zurcir.
La radio da el serial con partes de hambre y un alarde de hormigas en el sendero del aire. El crucifijo y el retrato en óvalo gris del marido a veces crápula, pero siempre cumplidor, que murió en el frente (en alguno tendría que ser) contemplan la franela otra vez bellísima de la cópula de la mujer pobre y el ocasional vecino que ha venido a resguardarse de Franco. Estas historias nos la enseñó Rafael Azcona, pero siempre puede uno tirar de árbol genealógico y consultar a los próceres más antiguos sobre la veracidad del cuento.

Kentucky blues

de pronto la resaca deja de ser un zumbido en términos acústicos la resaca es ahora un silbido uno continuo alarma su terca insistencia produce asombro los silbidos duelen cuando duran en esta tesitura silbido zumbido discrepo yo con mi resaca le digo que no hay derecho que a ver a qué viene esa venganza qué le he hecho yo no me contesta la muy puta no se da por aludida sólo zumba zumba zumba o si no zumba silba y si no silbido

G.A.B.

Pronto las golondrinas pedirán royalties.

Aparejo de naúfrago

La vida da las previsibles raciones de espanto.
Da la impresión de que se cuida en no excederse.
En no permitir que todo inexorablemente sucumba
sin antes haber escrito la fascinación, el asombro,
algún júbilo necesario que justifique este tránsito
y anuncie, en letra visible y precisa,
la rara joya que los días, cuando el azar propicia tal prodigio,
ofrecen para distraernos del desenlace hosco,
del súbito sueño que, ominoso, estalla.

Jazz en Lucena

Lucena, en Córdoba, en Mayo, es Nueva Orleans. Sus calles la ocupan pequeñas bandas de dixieland y algunos de sus bares se arriman a la fiesta y dejan que el jazz ocupe el aire y pida un bis de Summertime o de Round midnight. Por supuesto que no es el primer año que tales cosas acontecen en la muy mariana villa de Lucena: es la temporada número 16, y promete muchas más. La benemérita (sin doblez semántica) Delegación de Cultura tiene a bien programar un festivo programa durante dos semanas de mayo y esa generosa ración de jazz convertirá al pueblo en una jam session a riesgo de que alguna nota sincopada, fugada del saxo o del piano, se enrede en el campanario de San Mateo y hasta los santos (como dice la pieza clásica) salgan marchando Plaza Nueva abajo, hacia los arrabales de la ciudad.

Como no únicamente de jazz viven los sentidos, la oferta incluye, en el mismo goloso pack, un viacrucis (el jazz también es una religión, la gastronomía es otra) por la villa en la que se mancomunan los ritmos y el paladar, el swing y la cerveza, la animosa cháchara entre amigos bien escoltada por algún combo frenético de tubas y trompetas, guitarras incendiarias y máquinas de percusión a prueba de sosos. Nos vemos mañana
.
XII FESTIVAL INTERNACIONAL DE JAZZ
16 de Mayo, Viernes
AGUARDIENTE SWING QUARTET, Paseo del Coso, 22.00 h.
17 de Mayo, Sábado
ROSA LAZAR TRÍO, Paseo del Coso, 22.oo h.
23 de Mayo, Viernes
ENCUENTRO DE BANDAS EN LA CALLE Y V FERIA GASTRONÓMICA DE LA TAPA
THE ALIES, 16.00 h.
PROYECTO DATURA, 22.oo h.
FREE SOUL BAND, 23.30 h.
24 de Mayo, Sábado
ENCUENTRO DE BANDAS EN LA CALLE Y V FERIA GASTRONÓMICA DE LA TAPA
LO PEOR, 17.00 h.
JAKUNDÉ, 22.00 h.
FREE SOUL BAND, 23.30 h.
CRASH FOR JAZZ, Café Golem, 18.00 h.
29 de Mayo, Jueves
DORIS CALES QUARTET, Castillo del Moral, 22.00 h.
Entrada 5 euros con consumición.
Bono de 10 euros para los 3 conciertos organizados en el
Castillo.
30 de Mayo, Viernes
EDIE PALMIERI ORCHESTRA, Castillo del Moral, 22.oo
h.
Entrada 5 euros con consumición.
Bono de 10 euros para los 3 conciertos organizados en el
Castillo.
31 de Mayo, Sábado
TOONIK & BELÉN BLANCO, Café Golem, 18.00
h.
JESSE DAVIS + JOE MAGNARELLY + IGNACI TERRASA TRIO,
Castillo
del Moral, 22.00 h.
JULIO CUBA (JAZZ HOUSE), Café Vanilla, 24.00 h.
Venta de entradas y recogida de invitaciones:
ÁREA DE BIENESTAR SOCIAL. DELEGACIÓN DE CULTURA.
c/ Canalejas, 22 , 1º
14900 LUCENA
CÓRDOBA
Tlnos: 957 509224 / 509557











jueves 15 de mayo de 2008

El gen liberticida

Empieza a hartar que sesudos científicos con probetas, matraces y luces de colores nos cuenten que los Reyes Magos son los genes. Ahora resulta que han dado con la causa por las que nos gustan los dulces. El hallazgo proviene de una Universidad de Toronto, pero se podían haber estado quietos. Ahora le ha tocado el turno a los dulces, pero mañana atacan la fe cristiana o el fetichismo por los pechos grandes o las trovas de Pablo Milanés. Seguro que hay un gen por ahí dentro que justifica mi amor por Jorge Luis Borges. No les quepa duda. No se trata de que un mecanismo de ajuste químico alumbre la proeza de que alguien se sienta fascinado por la cara de Audrey Hepburn o por la prosa de Milan Kundera o por los riffs de Eric Clapton; en el fondo, lo que la ciencia está derribando es el vasto edificio de las mitologías y de los encantamientos. Los números están matando a la estrellas de las letras. Los códigos binarios y las ecuaciones de segundo grado terminaron por hacer trizas la metáfora, el sueño de los mares polares, la dura evidencia de que, al crecer, nos vamos acuertelando en nuestros vicios. Yo tengo algunos, y me jodería un bastante que la Universidad de Wichita Falls o la de San Petersburgo descubriera que soy un adicto al jazz porque tengo un gen que así lo dictamina.
Admitiendo que hay genes que controlan la entrada de glucosa, ¿por qué no consentir la idea de que hay otros que censuran la zarzuela, fomentan las costumbres filantrópicas o estimulan el hábito de la lectura de textos sagrados? ¿por qué no, aceptada la injerencia química, cargar sobre los genes toda la barbarie del mundo y decir que Pol Pot fue un genocida porque estaba escrito en su ADN? El asunto, en el fondo, tiene su migaja de peligrosidad, su punto de caticlismo moral. Yo, por lo pronto, he regresado al jazz, que me fascina desde que escuché a Barney Kessel (creo) o a Louis Armstrong (por supuesto) y oyendo una pieza de Coltrane (My favourite things, tan larga, tan hermosa, tan sublime) he concluído que la educación artística (literaria, musical, cinéfila, pictórica) es un aditamento erudito, una especie de carrera de fondo a cuyo término (ganemos o no, entremos el último o no entremos) está el objeto deseado, porque estaba escrito que estaría esperándonos. Como el dulce al goloso, como la síncopa al jazzero, como los versos de Gustavo Adolfo Bécquer a las niñas pijas que se enamoran en un patio andaluz.

Cromos








...... ¿falta algún cromo, sr. Maljamo?

miércoles 14 de mayo de 2008

"Don't you know, little fool, you never can win..."


Todo lo que la industria fonográfica y las mentes pensantes de Hollywood hagan para que la figura de Frank Sinatra resplandezca como debe es poco. No ha habido un personaje en el siglo XX que acuñe más leyenda. Cantó algunas de las canciones más hermosas de la música popular de ese siglo y las hizo tan inefablemente suyas que no es posible (sencillamente no es posible) oir Night and day (en cualquier versión, y hay cientos) sin que su voz resuene en la cabeza en una especie de eco cómplice. Además a Frank se le entendía todo. Cantaba en inglés, pero daba lo mismo. Las palabras sonaban limpias, altas, fuertes. La música era una invitada porque el oído a quien prestaba atención era a la voz. Hace hoy diez años que no está entre nosotros, pero en el fondo yo creo que nunca estuvo. Donde estuvo una buena parte de los ochenta de vida que un Dios en forma de Jack Daniel's le concedió fue entre las sábanas de mujeres hermosas y frente a orquestas rutilantes haciendo lo que nadie jamás hizo mejor que él: cantar. Este crooner asombroso ganó, entre canción y canción, tres Oscar, dos Globos de Oro y 10 Grammies, pero este tributo sencillísimo de fan absoluto no hablará de cine. Se preocupará, sin acierto, de airear qué formidable showman era y qué vida tan fabulosa tuvo.
Este crápula bajito y concupiscente, enamorado del swing y del bourbon, detestaba cantar My way. Prefería el cancionero de Cole Porter, los años dorado de la Columbia, el prestigioso sello que se rindió a sus pies durante varias décadas. A mí me salvó la vida en varias ocasiones. La primera (tal vez) fue en la adolescencia cuando estuve a punto de tirarme al pop descarriado de los artistas de varietés del momento y oí, en casa de un vecino, Cheek to cheek. De inmediato, le pedí el disco. Era una caja de cartón infinita. Contenía un libreto y 8 discos (vinilos, se entiende) absolutamente adictivos. Los grabé en algunas cintas de cassette Tdk que no conservo. Recuerdo que hasta me aficioné al inglés con la ingesta masiva de esas cintas y la escucha (repetitiva, obsesiva) de esas 80 o 90 canciones.
El inglés, veinte años después, es el oficio que paga mi factura de ADSL y la hipoteca de mi casa. Después de ese acto heroico hubo algunos más. Años después, haciendo el servicio militar, quiso el destino (bicho cabrón donde los haya) que un compañero de fatigas llevara unos CDs de Frank en su petate viejo. Qué placer más absoluto, delirante, metafísico y surrealista escuchar Days of wine and roses o They can't take that away from me o (una de mis favoritas) Angel eyes en mitad del campo de maniobras (Sierra del Retín, Cádiz) a donde los esforzados mandos militares, allá ellos con su cañones de Navarone, nos enviaban a salvar la patria y justificarles la nómina. Qué ebriedad aristocrática ir por esos campos de Dios, vestido de verde, oyendo en unos escondidos cascos New York, New York.
Ahora hace diez años que Frank murió, pero no soy persona necrofílica ni me apetece escribir sobre la biografía del artista. Hay muchas y con toda probabilidad escritas con más profesionalidad. Lo de aquí es un arrebato de fan, ya lo he dicho. Creo que Frank Sinatra, junto a Van Morrison o Bill Evans, son los músicos que yo haya podido escuchar más. Vuelvo a ellos insistentemente. Me descubren siempre territorios nuevos. Uno de ellos sigue vivo y haciendo discos (unos buenos, otros mejorables). Dos andan por algun lupanar tóxico sin privarse de nada que pudiese colocarlos un poco. En mi corazón o en mi infinito agradecimiento está su música. Y va a seguir así hasta que yo también sea infinito en la memoria de alguien. Amen.
(De fondo, al tiempo que cierro el post, suena I've got you under my skin)

Zombies en La Habana

.
Darkness falls across the land
The midnite hour is close at hand
Creatures crawl in search of blood
To terrorize yawls neighbourhood
And whosoever shall be found
Without the soul for getting down
Must stand and face the hounds of hell
And rot inside a corpses shell
The foulest stench is in the air
The funk of forty thousand years
And grizzy ghouls from every tomb
Are closing in to seal your doom
And though you fight to stay alive
Your body starts to shiver
For no mere mortal can resist
The evil of the thriller.
.
(Rap performed by the talented voice of Vincent Price)

Chantaje: Préstamos, chapuzas.




Contemplada bajo una mirada estrictamente comercial, Chantaje es una obra maestra: maneja los patrones del thriller de suspense, a la manera en que Hitchcock lo moldeó, con fluidez y hasta inserta una cierta inquietud que obliga a que el espectador se involucre en la trama y esté más atento a la resolución de los pequeños enigmas y trampas que plantea que al propio estilo cinematográfico y, sobre todo, a cómo está resuelta. Porque Chantaje, a pesar de que puede dejarse ver sin bostezos ni causa rubor al más acendrado de los críticos, es una chapuza enorme: un espectáculo de una vacuidad golosa, pero vacuidad al cabo. Se le puede incluso imputar el delito de ser amena ya que ese juego entre víctima y verdugo que dura más de lo que debe entretiene y plantea interrogantes muy interesantes sobre la naturaleza del ser humano, y en ese aspecto, en la descripción de los modos en que el hombre actúa y las maneras en que busca de continuo su beneficio, el thriller se desenvuelve a la perfección.
Las excesivas vueltas de tuerca a las que se somete al sencillo guión no contribuyen a que la propuesta exija una atención abusiva: basta con que no perdamos detalle y entonces es cuando damos con la abrupta verdad antes de que ésta (cómplice, íntima) acuda. Esa facilidad para adelantar escenarios y prefigurar comportamientos no dice (la verdad) mucho acerca del guionista: en principio, yo no escribo guiones y no conozco los mecanismos sobre los que éstos se asientan así que mal asunto es que yo, un espectador trivial, prevea tanto, sepa tanto, me adelante tanto. ¿Será (supongo, insisto) que yo no soy un espectador trivial o será que el guionista es un cuentacuentos amateur, un aficionado al que han dado demasiada responsabilidad y se ha visto acorralado por el casting (nada malo, por cierto) y el holgado (suponemos) presupuesto?. Sin embargo, en su defensa, Chantaje no irrita, no incumple la regla número uno de Howard Hawks, que era no aburrir. Eso en estos tiempos de bodrios sincopados y frenéticos ejercicios de cine pretendidamente serio ya es mucho. En lo demás, un préstamos chapucero de decenas de films cortados por la misma tijera: una comercial, bonita incluso, siempre lista para copiar y pegar.
Contemplada bajo una mirada cinéfila, Chantaje es una de las más asépticas, tramposas y arteras películas que un buen degustador de fotogramas puede ver. No crean que exagero: tal vez incluso temo quedarme corto.