29.5.16

113

1
en los balnearios leer a mann, pensar en la lentitud, pensar en el tiempo, es posible que solo nos hayamos dedicado a pensar en el tiempo
2
soy hereje porque el mundo me hizo así
3
los años felices de no saber
4
esta noche no quiero a kafka ni a kavafis ni a kierkegaard
5
no haberse llamado peter pan ni contemplar londres en grácil vuelo, no haberse embelesado viendo el camisón vaporoso de wendy
6
tengo un monólogo interior que se lo quiero contar a james joyce
7
charlie parker en ko ko es el mejor de todos los parkers posibles, capitán, hágame caso, escuche a parker en ko ko, no crea usted que bromeo, nunca crea usted que bromeo
8
un corazón robado al delirio es un corazón puro
9
nos fuimos muriendo todos y quedó un verso de un poema de cuando quince años
10
el bowie de los setenta, el del glam y el del glamour, el de las arañas de marte, ha venido a mi fiesta, ha dicho algo que no hemos entendido y hemos sentido una congoja en el pecho, un nudo en la misma garganta
11
la lluvia nos concierne
12
tengo fe absoluta en la riqueza
13
toda esta evidencia poco fiable de uno mismo
14
un novio ebrio tiene una méntula tristísima
15
no contar con alguien que nos cuente de qué va esto, ni un dios fiable, ni un amigo teólogo, ni siquiera uno al que le encante paulo coelho
16
no tener una novia con un doctorado en literaturas germánicas medievales, no tener una que tenga todas las noches el corazón contento, el corazón contento, lleno de alegría
17
escribo lo que leo mientras lo escribo
18
los mejores años de nuestra vida son los de la herrumbre y la metáfora, los años de los abrazos en los bares, ah cuántos abrazos he dado en los bares, qué nostalgia de algunos
19
volver a casa con el silencio dentro como una música
20
estoy absolutamente convencido de que dios no se entretiene en vigilarme
21
lleva la montana mágica de thomas mann veinte años en el mismo anaquel, cojo el libro de cuando en cuando, le limpio el lomo, abro unas páginas, busco el pasaje en el que, en una tormenta,  hans castorp se prenda de la pureza de la nieve y se refugia en una cabaña, en donde fantasea con la posibilidad de una felicidad que sabe imposible, creo que era así
22
tan idéntico mi amor a un ancla en mitad de la noche, tan hermoso y tan firme
23
qué nombré convendrá al olvido
24
anoché soñé que mis gafas era las de pasta de Bill Evans, soñé que me sentaba en un steinway y tocaba waltz for debby en un salón estilo tudor con cuatro o cinco íntimos
25
la única épica a la que aspiro es a que no se me cuele un virus en el nuevo windows diez
26
nunca he estado en chinatown ni en la calle bourbon, no he escuchado a brahms en trieste ni me han besado en la periferia de burgos, no se me ha confiado la verdad del mundo, ni he visto la mentira tan claramente como algunos cuentan
27
se aclara el día, se alejan las nubes que lo clausuraban, el sol lo impregna todo, me duelen los ojos de tanto sol, creo que el día, clausurado, conviene a mi inspiración poética
28
en paz conmigo y como insomne
29
una habitación con la ternura dentro
30
un corazón robado al vértigo
31
este ir juntos por los escaparates sin otra certidumbre que las manos juntas y la visa en trance en la cartera
32
el invierno en vladivostok imprime carácter
33
soy insensible a la cultura filipina, soy insensible al materialismo dialéctico, soy insensible a la música dodecafónica
34
no sé ni quiero saber dónde está la patria, señor administrador de fincas
35
esta noche sedúceme con el summertime and the living is easy
36hay más cosas que no hemos dicho
37
el amor es siempre bossa nova, el amor es siempre copacabana
38
algunas familias se reúnen alrededor de la mesa y se dicen las verdades en orden alfabético
39
no haber sido nunca uno de los cien mil hijos de san luis
40
algunos gondoleros no cobran a los poetas laureados ni a las muchachas con el virgo intacto
41
la fatalidad hace que descarríe fortunas y talentos
42
a mi corazón lo malogran los anuncios de telecinco
43dios te salve, o.j. simpson, qué de tiempo que no sabemos nada de tu causa              44                                               
cómo me divierto en la malandanza                                                                         
45adolescente y espléndido, el ángel tañe mi lengua, el ángel turba mi lengua, el ángel festeja mi lengua, el ángel detrás de la oreja
46
oro suspendido en el aire como polen, vértigo recién libado, fruta muy mordida
47
vivir consiste en calcular con esmero los riesgos, en observar el vuelo irregular de los pájaros, en desangrarse con tibieza verbo adentro
48
este dolor en el costado debe ser la edad
49
caso de que esto acabe como sospecho, enterradme.                                                        50    
la luz codicia un extravío de caballos en un sueño
un verso tomado a la ligera, uno de escasa belleza, frívolo incluso, y sin embargo, dentro la ola oscura con la que el el mar no lame nunca la orilla
51
las palabras con su vértigo dentro, con su fiebre
52
encontré, como Cortázar, como Vian, consuelo en Coltrane
53
subí un risco alto, vi arriba declinar el día, la noche prosperando, el aire puro, el verbo limpio
54
los años a lo que nos enseñan es a respetar el humo, a considerar la belleza de la ceniza
55
llueve como si no hubiese otra cosa que lluvia
56qué hermosa cabalgadura la noche, qué secreto liberado y bello, qué galope tan esdrújulo
57
me abastece el desorden, lo abastezco de mí
58
a la vida la manejan mil dolores pequeños                                                                       
59duele la fe, duele la luz, duele saber, por eso la incertidumbre, por eso la derecha del padre                                                                               
60todo lo que tienes que contarme todavía
61
el aire tiene su arquitectura, su gesto de huérfano
62
creo que nunca he sido más feliz que leyendo a jane austen. Si de verdad entras en la cabeza de jane austen, puedes sentirte completo.
63
ser epicúreo está absolutamente de moda
64e
l tiempo no es una experiencia medible.
65
a veces conviene una pendencia
66todo me llega en segundo plano
67
hay lecturas que son de una intensidad a la que no alcanza la vida
68
todos los días aliento los mismos estupendos pecados
69
paulo coelho es en realidad un programa informático
70
la insoportable idea de que Dios exista me ha ocupado una parte del desayuno
71
siempre prefiero la abundancia
72
no haber ido nunca a París tiene sus ventajas
73
tengo una moralidad a prueba de cristianos
74
hay ciertos dolores del alma que son casi dolores físicos
75
un amor adolescente me sigue ocupando poemas
76
la literatura es un estado convulso de las cosas
77
el milagro ocurre siempre cuando no se le aprecia
78
tengo fe en lo absoluto
79
no soy predictivo ni tampoco quejumbroso, pero poseo la facultad de perderme y la ejerzo con arrobo
80
un verano en el que no pasan demasiadas cosas salvo las que no olvidas nunca
81
el frío desmaya perros en las avenidas de la pobreza
82
me estoy planteando ocuparme seriamente de mí mismo
83
se está perdiendo la hospitalidad.
84
ya nadie se deja crucificar por el viento
85
una novia que tuve solo leía prospectos de medicamentos. Cortamos cuando enfermó
86
la ceremonia que más me fascina es la de la pereza
87
la lluvia es algo que no siempre sucede en el pasado
88
de baudelaire, después de tantos años, solo me atrae el veneno
89
borges debía ser un aburrido de mucho cuidado con dos copas de más
90
bukowski debía ser un aburrido de mucho cuidado sin dos copas de más
91
el verdadero nombre de dios carece de morfemas de género, carece de morfemas de número
92
mi voz es pasto del musgo
93
el silbo precede al llanto
94
buenos días, karlheinz stockhausen, hoy todos los pájaros bendicen tu nombre
95
la alcoba de agatha christie tiene un muerto debajo de la cama
96
el dogma se escapó del bolsillo del demiurgo
97
hay gongoristas de Utah, hay gongoristas del Bronx, hay gongoristas de medio pelo y gongoristas afro, el gongorismo está extendido, pronto el gongorismo será una iglesia, tendrá fieles, recitarán las soledades, saldrán extasiados del culto
98
el lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca no es un asunto poético, no me pidas que le escriba un soneto, he pensado en tu pezón izquierdo, en el derecho, en los dos mirándome, bizqueando
99
el sueño de los héroes es azul
100
bellísima pastora, todo es melancolía
101
el profeta Hababuc no tuvo ninguna amante caldea
102
todas las noches son neruda
103
el poeta no solo fornica con su prosa
104
dios te salve, sigmund freud, dios salve tu barba emérita, tu capacidad de sufrimiento, tu arcángel mudable, tu reino en el aire
105
hay un francotirador en el texto
106
flipar con el envés de las palabras
107
no hay constancia de que oscar wilde visitara tánger
108
vino un coronel prusiano y me corrigió un verso muy lúbrico
109
hoy, siete de abril de mil novecientos noventa, no me apetece releer la montaña mágica, me sale por las orejas el aburrido hans castorp, dijo el lector en una parada en el texto
110
chet baker amó a doscientas catorce mujeres
111
adentro está el amor, vino a quedarse, está en la cocina, haciendo pancakes
112
sentirme hospitalario conmigo mismo
113
dios, no me abandones, no dejes que pierda mi fe, no hagas nada, sigo callado, no me molestes

25.5.16

Viva el calambur

 A Luis Sánchez Corral, que
                               me dio clases de amor a la
                               Literatura. Ya no está.
                               A Juan Luengo, que siem-
                               pre hace fácil lo hermoso
                             .A Miguel Cobo, que me comentó la existencia del calambur.
Maestros los tres.


Dábale arroz a la zorra el abad es un palíndromo, o sea, se lee tanto a diestra como a siniestra: sin pérdidas, sin alteración. Creo yo que hay en esta hermosa lengua nuestra, tan boscosa y fértil, pocos palíndromos, pero ahí está la zorra, imán de ociosos. Hay quien se emboba con estos hallazgos: gente que consagra su talento o su versatilidad creativa en hurgar así la maraña del idioma. Llevo toda la mañana con el empeño (dignísimo, no me lleven la contraria) de dar con algún palíndromo nuevo: empresa baldía. No está uno inspirado, no le vienen las palabras, están acuarteladas bien lejos, como si hubiesen conspirado para no agradarme. Se me dio mejor aquel día en el que me propuse no pronunciar la “o” o ése otro en el que me prohibí tajantemente los adjetivos y entraba en a oficina, es un decir, yo soy maestro de escuela, con un desconcertante “días” que puso a un compañero de poco rizo imaginativo a mirarme con gana de mandarme a la santa mierda. Hay gente verdaderamente fascinada con estos juegos léxicos y se consagran a su revelación como quien predica el amor a la filatelia o quien fatiga las calles en busca de una señal que anuncie la gloriosa venida algún salvador de los cielos.  Juegos baldíos.
                                       
Dudo que estos ejercicios vayan más allá de la frivolidad: no dejan de ser malabarismos semánticos y no dan tal vez otro beneficio que entretener el café con los amigos o publicar, a beneficio de bibliógrafos de lo inútil,  Los mil mejores palíndromos de la lengua castellana. Ignoro si el turco posee también estas excentricidades filológicas, pero no tengo ningún motivo para pensar lo contrario. Manolo Villegas, mi amigo del alma, mi compañero de despacho, ya he dicho que soy maestro, se pierde en los diccionarios a la caza de vocablos raros. Tiene en casa miles de libros formidablemente instalados en anaqueles de grueso tomo. Entras en su casa, te invita a que abras una puerta, bajas unas escaleras y entras en un sótano. Al lado de donde aparca su coche abres otra puerta (te anima a que seas tú el que la abra) y ahí están los anaqueles, las baldas, las gloriosas baldas. Posee rarísimos volúmenes sobre la Mecánica de los fluidos, novelitas de Clark Carrados de esas de formato econónico y las obras completas de Galdós (a mí ese hombre me aburre mortalmente) y novelas a lo Corín Tellado. Creo que no es amor a la literatura lo que allí hay. Es una aberración sentimental en la que el libro ocupa todas las licencias más perversas. Me dijo ayer si conocía el hipocrás. “Ni idea”, respondí. “Es una bebida de vino, canela y azúcar”, confirmó con cara de haber descubierto algún planeta y tener delante la plana mayor del Nacional Geographic. “Una sangría menguada entonces", apostillé. Me sacó un tomo de una de las doce o quince o veinte enciclopedias que aloja allí, un poco absurdamente. Puso el dedo sobre la palabra y fue recorriendo la aclaración tipográfica. 

En adelante pediré hipocrás en los bares en lugar de té o de cerveza, bebidas excesivamente ligadas a una tradición que el lenguaje debe remozar. Manolo se ha obstinado ahora con los palíndromos. No duerme: le roba horas a los papeles de la oficina. Se abandona a la mitad las conversaciones ante la sospecha de que un palíndromo nuevo ande agazapado en lo que vamos diciendo. Llega tarde por las mañanas. Dice que coge el autobús en lugar del coche. Ahí puedo despacharme a gusto y buscar palíndromos, asegura. Yo soy feliz con mi hipocrás. Mañana me abstengo de pronunciar verbos en pasado. Ahí vamos los dos, en fin, felices, ufanos, conscientes de que éste es el mejor de los mundos y nos ha tocado a nosotros disfrutarlo. Anoche descubrí al calambur. Es una figura preciosa. Me tiene fascinado. Una de Xavier Villaurrutia dice así:

Y mi voz que madura
y mi voz quema dura
Y mi voz quemadura
Y mi bosque madura.


24.5.16

El fuego, el vértigo / 10 sueltos

1
Vi adentro almendras, ebrias ofrendas de frutos, un esplendor dulce, un vértigo plácido, y entonces consentí ya enteramente el amor y nunca en el abrazo me turbó el desaliento.
2
Los días precisan su obediencia, el acatamiento de su discurso, la anuencia de su herida.
3
El tacto novicio que preludia el precoz jadeo. El aviso de la belleza. El alma festejando un incendio.
4
No es posible esperar mucho de un poema. Un vértigo, a lo sumo. Un vértigo no demasiado vistoso, en todo caso. Luego el olvido todo lo herrumbra.
5
Una urgencia me escala el pulso. Lagartija invisible me nubla la sangre.
6
Este manso decir palabras, esta crédula intención de lírica, este trampolín comido de fiebre, esta infancia larga, este cuerpo que me hospeda, esta vigilia, este no saber, esta ocupación sin propósito.
7
Desde el barco se ve un disparo.
8
Anochece en el azucarero. Taconea pasillo abajo la tristeza. Se ven tan poca cosa sus perritos que, a la luz de las linternas, parecen algas.
9
Los vasos cómplices. El humo íntimo. Un blues en el cielo de la boca. Irse después solo a casa. La noche cobra siempre sus aranceles.
10
Qué enorme incendio es la memoria.

22.5.16

Laico

Es posible que mucho de los males de hoy en día provengan de calzar la palabra pecado donde únicamente debiera andar el zapato del delito. Lo que es una consideración literaria o metafórica (el pecado) rivaliza con lo que es un concepto jurídico, es decir, razonable, consensuado, social y cívico. Luego están los ministros que le piden a la Virgen de turno que interceda por España y haga que salga de marasmo que la engulle (públicamente, no en casa, en su ámbito privado) Seguimos en la idea de que lo laico va contra lo religioso. Y no es así, no es ése el espíritu. Lo laico es la preeminencia de lo político (público) sobre lo religioso (privado). Lo público, lo privado, lo secreto. He ahí los tres órdenes. Hablé el otro día con un amigo sobre una religión secreta, oficiada sin que intermedien otros. Él, creyente, practicante, me hizo ver que la dimensión pública de la fe es la que hace que la sociedad avance. Porque está unida. Porque la religión es eminentemente convivencia. No llegamos a ponernos de acuerdo. Disfrutamos (mucho) con la conversación. Estábamos de acuerdo en que el Estado no debería dejar ver nada que tenga que ver con adhesión religiosa alguna. Deberían esmerarse en que eso fuese así. Yo me esmero en mi trabajo en que no se trasluzca nada de lo que pienso en ese asunto. Siempre procuré trabajar laicamente, si vale esa expresión. Sin que se evidencia si comulgo o si no. Si rezo por las noches o estoy tramitando los papeles para apostatar. Una educación laica no hace ciudadanos ateos o agnósticos: hace ciudadanos tolerantes, con libertad de conciencia, respetuosos. Es eso, el respeto, lo que hará que este mundo gire en paz. No otra cosa.

21.5.16

La vida secreta

No sé quién dijo que llevamos tres vidas: una pública, una privada y una secreta. Se suele conceder este orden, probablemente sea el que interese puestos a convivir con los demás y cumplir con lo establecido, con las leyes que marcan el camino, con una idea de la moral que busca la cohesión y el bien común. De ésa, de la pública, no tengo mucho que decir. Quizá por ser pública, por ser explícita. La privada es cosa mía, dicho eso con cierta prudencia. Tener una vida privada (o deberíamos decir una vida privada satisfactoria) hace que la pública sea llevadera, en más o menos medida. Es de la otra, de la secreta, de la que se me ocurren más preguntas, la que más me inquieta o me perturba. Por callada, por obstinada, por exigente. La vida secreta negocia la existencia de las otras dos. La sombra, lo oscuro, hace que la luz no triunfe. La literatura, cierto tipo de ella, cubre la parte de vida secreta que no realizamos con completa satisfacción. Nos lo censura la vida pública o incluso la privada. Se nos dice qué debemos hacer, qué no. Hasta se nos advierte de las inconveniencias (algunas insoslayables) de acometer la práctica de alguna de las cosas con las que soñamos y que nuestra vida secreta estaría encantada de hacer. La vida secreta tiene incluso una especie de aureola épica. La trama de lo que hacemos de ella hasta parece que ni nos pertenece del todo. Como si fuese otro el que la ejecuta, como si no fuese incumbencia nuestra. De las vidas secretas vienen, en tromba a veces, las demás. De no haberla, de no tener ese rato en el que nadie sabe lo que haces, donde ni siquiera tú vislumbras el propósito de tus actos, se malogran las otras dos. El apetito por lo clandestino, por lo que no entra en lo ortodoxo, por lo que nos hace ser otro (siendo él mismo) es parte de esa naturaleza en ocasiones irracional que tenemos. No sé que parte de esa vida secreta mía es la que más enteramente me agrada. Supongo que la de escribir es una de ellas. Hay otras, se colige que hay otras. Quién no tiene una vida secreta, me pregunto. Ay del que no la tenga y todo sea evidente y nada quede a consideración exclusivamente suya. Quizá anden ahí los sueños para contribuir a que la tenga quien no tenga el perfil correcto. Todo lo que está lo suficientemente visto no asombra, dejó escrito Vicente Aleixandre. Pues eso. Hay que improvisar, hay que ir más adelante, hay que probar, hay que escabullirse y ver qué hay y cómo nos sienta. Cada uno aplica el cuento a su manera. Mi amigo K. se transforma leyendo novela negra. Es otro, de verdad. Hasta se le endurece el gesto. Sale de él la fiera que no acostumbra a mostrar. Hasta le da un aire a James Cagney. Lo juro.

19.5.16

Un perro metafísico


Un perro ladra a lo lejos. La noche lo hace invisible. Sólo percibimos el eco de lo que dice. No se entiende nunca un ladrido de un perro, pero este perro que ladra a lo lejos tiene miedo.Todos los perros tienen miedo de noche; en eso son muy humanos los perros. La oscuridad que les cierne los amedranta, los rebaja, los hace frágiles. Extraña, siendo perros, sabiendo ladrar y acostumbrados como están a episodios hostiles a poco que ponen la pata en la calle y se encuentran con el trasiego habitual, con los semáforos, con los coches, con otros perros que tienen el mismo miedo, el miedo antiguo de los perros ciegos, ese miedo a lo que no se conoce. Debiéramos ser perros un tiempo, ver qué efecto produce el ladrido, dejarnos querer por un dueño, ver si de verdad somos tan fieles, tan leales, tan buenos como dicen, y luego volver a lo humano y recordar matices de la vida perruna, recordar la jerarquía en las calles, la sensación de elevar la pierna en la esquina y evacuar sin pudor, alegremente, la orgía imprevista en un parque con la hembra eventual que se acerca y no se incomoda porque la olisqueemos y hagamos el ademán de montarla, ya digo que sin molestar a nadie, conste, Cosas de perros que no requieren conocimiento de las ordenanzas municipales, ni haber leído algún manual de autoayuda argentino.

Es la noche la que malogra esta aventura canina. Te imaginas al perro, solo el animal, y desamparado, recorriendo las calles, removiendo bolsas de basura, porque creo que hacen eso. Una de estas noches salgo y busco perros que confirmen mis especulaciones burguesas, un poco dominicales, un poco banales también. No sabe uno bien nunca a qué atenerse: si a lo conocido o a lo que no está al alcance y produce zozobra. Hay a quién no le produce zozobra saber que se va a acostar siendo Juan Gómez Muñoz y se va a levantar perro, perro de cualquier raza, perro pequeño y lanudo o fiero y grande, con ganas de trifulca nada más poner la pata en la acera. Yo no sería un buen perro, ni siquiera uno tolerable por sus dueños. Acabarían dándome la patada o espaciando las caricias o los juegos. Yo de perro no valgo. No porque tenga yo información previa, razonable, de la que disponer y a la que consultar para saber qué va a pasar y cómo. Manejo una intuición firme, la que no puede reprimirse. 

Me sentiría mejor en otro animal, si es que es posible esa transmutación zoológica que entretiene mi molicie (ay, qué de tiempo que no pongo yo molicies en la frondosa materia del texto), en lugar de aplicarme en menesteres de más enjundia, que hay. Ahí están, mirándome desde lejos, como un ladrido en mitad de la noche. Es curioso el modo en que se escribe, no se conoce el propósito, únicamente se deja uno llevar. Qué bien el dejarse llevar, qué placer el irse, qué esplendor no igualable a ningún otro, recita el entusiasta amanuense. Piensa uno en escribir y piensa también en lo que escribir (escribir bien, por supuesto) se parece al sexo, El que escribe no piensa siempre en quien le lee, es mejor eso. Uno es su propio lector. Ninguno más severo, ninguno más interesado en que la lectura fluya, trasciende, vibre a veces.

Ahora, justo en este momento en que percuto el teclado, oigo al perro, siempre a lo lejos. Es el perro concentrado en sí mismo, en su condición de perro. Y entonces no atiende a la hembra que monta, sólo la monta, le deja sentir el peso brutal de su virilidad o el peso liviano, pero entusiasta. El sexo es siempre entusiasta. El plan cósmico hizo que el sexo fuese una delicia para que las especies no sen viniesen abajo, no acabasen enterradas en el gris, en el tedio, en el terrible tedio gris de las mañanas enormes de la existencia. De no ser tan grato el sexo no estaríamos usted allí, leyendo (un poco con pasmo y otro con incredulidad. y yo aquí, en este lado, ocupando las horas de la mejor manera posible. Ésta no es mala. Se agradece que los perros amenicen la noche. De los que escucho ahora puede pensarse que se acercaran. Lo hacen con velocidad, ladran a veces, otras van sin emitir palabra. Sólo de vez en cuando paran y observan la luna. La misma que entreveo en las nubes. No es la misma que la de anoche. Ni los perros. Tampoco yo.

Imagino al perro en un sentido metafísico, no uno apreciable, pero todas las criaturas deben tener ese temor cósmico, esa especie de perplejidad que se produce cuando de noche uno mira la alta noche, la estrellada, la rumbosa de puntos de luz que titilan y se ofrecen y después se pierden. Creo firmemente en la existencia de Dios. Existe, Dios existe en cada ladrido de perro. Está en todos los perros, en los que me hacen pensar en un plan cósmico. Ninguna catequesis de la infancia logró impregnarme de este sentido limpio de la fe. Es el perro, el perro catecumenal, el perro proyectado desde el pasado

17.5.16

Sobre el aburrimiento

Suele argumentarse que los lectores de libros de aventuras o los espectadores de películas de acción son malos lectores o son malos espectadores porque, llevados por el interés de la recompensa inmediata, ignoran el ritmo del argumento, su trabazón interno, se saltan capítulos, líneas, escenas, todo bajo la máxima de una especie de satisfacción express que en nada beneficia al verdadero entendimiento de lo que se lee o lo que se ve. Vienen a ser como los amantes o como cierto tipo de ellos, que van de cabeza al desempeño de lo genital (por decirlo sin brusquedades) y omiten el protocolo previo, el juego de la piel, toda esa fiesta de los sentidos. Nada de esto es tampoco ajeno al porno, género que suele consentir espectadores que perdonan el relleno accidental (digamos) para acceder al acto fundamental (valgan la rima involuntaria y el chiste involuntario) .En realidad, el cineasta del porno trabaja consciente de estos vicios y acepta otra máxima: no debe haber relleno o debe haberlo en cantidades insignificantes: el usuario es el que manda en el montaje, en la escritura de las escenas y, al final, tan sólo podemos observar lo esencial, la quintaesencia del género: la coreografía mecánica de los cuerpos, que cumplen a la perfección los patrones aprendidos. No aburrir, decía Howard Hawks: sobre todo no aburrir. A la vida le pasa lo mismo que al porno: a veces queremos que no se entretenga en lo prescindible y vaya a lo primordial, que se desembarace rápido de la trama secundaria y nos ofrezca, limpia y hermosa, la trama primaria, la que nos hará sentir mejores o más felices. Somos malos lectores: leemos mal. También vivimos mal. Esperamos que llegue el instante precioso, pero descuidamos todos los demás o los miramos de reojo, como no concediéndoles la importancia que tienen. Se la negamos en la mayoría de los casos. No aburrir, no aburrirse: todo lo que nos ocurre debería entusiasmarnos. Quizá porque no va a volver a ocurrirnos de nuevo. No, al menos, de esa forma. Pero desoímos toda esta didáctica sencilla, nos agriamos, caemos en ese vicio antiguo de creer que siempre debemos ser felices y andar siempre con la sonrisa en la boca. Lo mejor lo dijo Hawks: hay que procurar no aburrir al espectador. Si llega el aburrimiento, se derrumba todo lo demás.

16.5.16

Todo lo que está por decir

A veces caes en la cuenta de que no hemos dicho nada todavía, que toda la producción oral y toda la rendición escrita es una parte ínfima de todo lo que puede ser dicho o escrito todavía. Piensas que la novela no ha muerto, sino que está recién echada al mundo. Tampoco la música: hay géneros que esperan abrirse, darse, ocupar su lugar. Hay más huecos que espacios rellenos. La realidad es un juguete nuevo, siempre dispuesto a engolosinar al próximo niño que lo toque. Crees que todas las frases que has dicho hoy es la primera vez que son dichas. Que si alguien las usó en alguna circunstancia no es la circunstancia que hizo que las dijeses tú hoy. Estamos empezando, compañeros.

Percepciones

En el imaginario colectivo se instalan percepciones que luego cuesta quitar. Tenemos la idea de que la política es el lugar natural de la corrupción o de que importa más quién baje a segunda división que una guerra feudal en Nigeria con cien muertos o de que lo árabe es por naturaleza sospechoso o de que lo que no sale en las redes sociales no existe. Se tienen esas percepciones (la política, el fútbol, lo extranjero, internet) y no interesa que se extirpen.Yo creo que se cuece más negocio si están que en su ausencia. Todo se observa con la lupa de las finanzas. Si hace que la caja suba, es válido. La misma forma en que se organiza la cultura evidencia esta aberración de la que hablo. La percepción de que la cultura es lo único que nos salvará no está instalada en el imaginario colectivo, en el pueblo llano, en las calles de los barrios y en las salas de estar de las casas. Creemos (porque así nos fuerzan a creer, porque es más sencillo o porque requiere un esfuerzo menor) que basta con que nos entretengan. Se programan actividades lúdicas, de funambulismo, de pandereta, de circo, de fútbol o de copla para que el pueblo no eche en falta a los poetas o a los filósofos. El pensar no está de moda: está el producir. Quizá convendría (no sé, no sabe uno mucho de casi nada) que se montara una manera de conciliar la cultura con el entretenimiento. Hacer que los libros o el cine o los discos tengan un iva reducido. Hacer que la televisión retire la bazofia que acostumbra (unos canales más que otro, alguno de forma escandalosa) o que la emita en horarios tardíos (muy tardíos, a las tres de la madrugada, por ejemplo). Hacer que los políticos caigan en la cuenta de que en campaña electoral nunca hacen mención a la cultura. Hacer que la escuela sea el corazón de toda la maquinaria de la sociedad. Hacer que la idea pública del maestro sea todo lo honorable que ahora no es. En los años que llevo trabajando en el oficio (va para treinta) es ahora cuando más en declive está esa percepción primaria, la de la escuela, la de los que entramos a diario a trabajar en ella. Lo malo de las percepciones es que luego cuesta quitarle del cuerpo al que se acoplan. La cultura más visible en los medios de comunicación la de Saber y Ganar, en la 2, a eso de las cuatro. No me creo que una feria del libro a rebosar sea un marcador de que se lee más. Se está allí como se podría estar en otro sitio. Leer, se lee poco. Esa es otra percepción bastarda, la de los libros. Los países con mejores bibliotecas son los más avanzados. No los que tienen más banda ancha, ni los que poseen una renta per cápita más alta. De verdad que todo pasa por aprender a leer. No leer de un modo fluido o comprensible. Leer de verdad, leer con apasionamiento, leer como si no hubiese otra cosa mejor que hacer. Eso no está en el ideario patrio. No lo ha estado nunca, no tiene pinta de que vaya a estarlo.

15.5.16

"Un perro hambriento sólo tiene fe en la carne"




Tengo una vida interior, M. 
Me dice un amigo que escribo sin pensar en lo que escribo, lo que me hace pensar que hablo sin escribir lo que pienso. Hay conversaciones que convendría guardar, frases que te invaden y que después no sabes armar, como si tuvieses idea de su osadía pero no dispusieses del ardid que la trae de nuevo. Hace años llevaba una moleskine encima. La sacaba cuando prorrumpía una frase o una idea que me gustaba. Luego no echaba cuenta de lo escrito o no todo lo que debiera. Lo que no podía permitir era confiar en la memoria. Incluso el hecho de llevar la libreta bien alimentada de ideas o de palabras sueltas o de citas ajenas o de frases me hacía ilusionarme, pensar en que ahí se escondía un buen cuento o un buen poema. Ahora no tengo el pudor de entonces, pero recuerdo cómo me azoraba sacarla, coger el bolígrafo y manuscribir en ella. A M. le parecía una falta de educación. Me pregunto qué pensaría ahora, en este tiempo de smartphones y de whatsapps que interrumpen una conversación o que más fieramente la anulan a veces por completo. Tengo la sospecha de que también ella exhibe esa falta de educación. De esto que cuento hace más de veinticinco años. M. no leerá ni ese blog, ni he tenido jamás inclinación a hacerle ver que sigo escribiendo, aunque creo que en el fondo le agradaba esa exhibición mía de vida interior. Luego hay vidas interiores ricas y pobres. La que yo entonces portaba era fértil. De eso (de la fertilidad) estoy completamente seguro. El blog es una moleskine enorme. Hay textos que son principio de otros que luego no ocurren. Son otra exhibición de lo que ella llamaba vida interior. 


Cabeza
A veces uno se desahoga escribiendo, pero hay otras en las que ni escribiendo se desfoga del todo. Hay quien le da la vuelta al pueblo y vuelve nuevo. Quien cocina o hace punto o lee o se deja atontar por la televisión. Yo, a la primera impresión de que algo dentro no cuadra, me lanzo a escribir. Lo he hecho siempre. Suele funcionar, pero la escritura (la mía, al menos) no es una ciencia exacta a la que se le puedan exigir resultados fiables, valores inalterables, una especie de realidad  que la realidad no puede modificar, para entendernos. No sé cuántas toxinas quemo cuando agarro el folio en blanco o el editor del blog y largo lo que me atenaza las tripas y me hace hervir la cabeza a poco que la dejo ir. Lo malo de dejar que la cabeza vaya a su aire es que la invaden pensamiento impuros. No siendo yo muy amigo de la pureza, en un sentido estético o moral o incluso intelectual, parece que no es asunto malo la invasión de marras, pero me estoy dando cuenta, a día que pasa me doy más cuenta y más conciencia tengo de lo fiable que es mi percepción, de que luego cuesta mucho evacuar la parte tóxica, la grasa ética, todo ese zumbido que te ocupa la banda ancha del cerebro y no te permite centrarte en asuntos más livianos, en todas esas pequeñas cosas que uno se procura y que, al mezclarse, hacen que vivir sea una cosa estupendo. Y no lo es del todo, qué quieren que les diga. Desbarata la bondad de vivir el hecho objetivo de observar la ruina de algunos de los que nos rodean. Anoche me acosté pensando en Siria y en las guerras invisibles, las que no nos relatan con tanto detalle,  y me he levantado con un olor a metralla y a aldea devastada en la cabeza. Ya digo que el problema está en la cabeza. Si supiéramos cómo funciona no nos haría pasar estos malos ratos. Y encima no sirve ni escribir, habida cuenta de la cantidad de ocasiones en las que sí ha servido. La inspiración que me desata la escritura está vestida de mineros recorriendo España o de funcionarios quemados en su propia cuenta de ahorros. Capricho de esa voluntad antojadiza que exhibo últimamente, he pensado en escribir una especie de diario de la crisis. Dejaría de escribir sobre la felicidad de los paisajes o sobre la bendita presencia de los libros o sobre discos de Miles Davis que todavía no conozco. Inconstante como soy, no dudo que la abandonaría a poco que me encienda en demasía. Insisto en que ya no hay desahogo en este vertido personal de las palabras, pero tampoco sé dónde lo hay. Se va uno quemando por dentro. Se va torciendo todo un poco más cada día sin que tengamos a mano paliativos, placebos, pastillitas de colores con las que amenizar el descenso al infierno puro y duro que nos están vendiendo. Se agrave o se endurece o se enfanga el relato cuando entran a escena los políticos. Están ya en la palestra, en el púlpito, echando pestes unos de otros, contando el mundo para que sepamos lo que ellos pueden hacer para limpiarlo. Creo que no les voy a prestar atención en esta ocasión. Me valdrá la alforja antigua, la de los discursos que ya he escuchado, la de las cosas que va uno sabiendo y que no se borran con discursos nuevos. Son todos iguales, están cortados por la misma mala tijera. 



Días de viajes sin mover un pie
Dormir a deshoras no contribuye a un clima de modélica felicidad familiar. Lees cuentos de Chéjov a las tres de la mañana y te acuestas más feliz, es cierto, pero te acuerdas de ellos durante el resto del día y te cuesta hilvanar el traje de las cosas, esa rutina diminuta de asunto irrelevante que, trenzado a otro y a otro, viste la vigilia. El insomnio es un estrago al que se le puede sacar provecho. Sucede incluso que el provecho sea el que provoque el estrago. Como el animal que se alimenta de sí mismo hasa que se vacía. Pienso en Rilke y eso de que todo a lo que se entregaba se hacía rico, dejándole a él pobre. No hay creación a la que uno se entregue que no lo merme. Todo lo que nos enriquece cobra peaje. Cada pequeña cosa que hacemos exige su tasa. Ahora mismo, a poco de salir a la calle y hacer la compra en la tienda de la esquina, pienso en Chéjov y en el altísimo placer que anoche me procuraron sus cuentos, en su contar tanto en tan escaso despliegue de medios. Pienso en la derrota de hoy, en el sueño aplazado, en las cosas a las que me entrego y en cómo me desarman, en el trabajo que amo (cada día más, con más fuerza) y en cómo me hace rico y me despoja al mismo tiempo. No quepo en mí de gozo. Los domingos (si se miran con esta lupa que me he trajinado) son gozables. El de hoy es gris, es frío, es de los que hacen que te den unas ganas enormes de sentarte con todos los cuentos de Chéjov y no levantarte hasta que has despachado el último. Luego (pensado con calma) desechas que puedas ocupar un día entero leyendo. Lo he hecho, quién no, quien que ame la lectura. Días de viajes sin mover un pie.