19.2.17

Ventanas / 3


                                               Edward Hopper, Hotel  by a railroad, 1952


Hay muchos aprendizajes que se dan por hechos. Uno de los que no acaba siempre de cuajar es el de mirar. Al modo en que se nos enseña a hablar, debería existir una didáctica de la mirada. Lo sugerido debe ser desencriptado, lo oculto anhela revelarse. En el cuadro de Hopper la mujer, vestida con el camisón, lee sin que nada parezca alterar su quietud, esa especie de armonía que se produce cuando la lectura te abduce. El hombre mira a través de la ventana y fuma. Se podría retirar a cualquiera de ellos de la pintura sin que el resultado se viese afectado. La escena se fragmenta en dos, la historia que pugna por ser contada podría escindirse en dos. El modo en que él articula el brazo para fumar informa de una distinción que desentona con la austeridad de la habitación del hotel junto al ferrocarril, como dice el título de la obra. No sabemos qué esperan, ni adonde van. Sabemos que están en silencio o que la luz los baña casi cegadoramente. Las ventanas, en Hopper, son personajes que desempeñan una función en la narrativa del cuadro. Lo que crean es la ilusión de que existe un antes y un después. Más que una obra pictórica, Hopper hace una fotografía. No hay diálogo, no interesa que hablen. Hay una soledad enorme dentro de la habitación, una tristeza tangible. El argumento de esa tristeza lo extrae el observador.

18.2.17

Ventanas / 2



                                                              Fotografía: Pedro del Espino


Alguien me dijo una vez que amaba las ventanas. No le hice entonces el aprecio debido, pero he pensando en eso que me confesó y he tratado de comprender cómo se puede profesar amor por ellas. No es que me extrañe. El amor es un prodigio al que se acerca uno siempre a tientas, balbuceando, novicio y feliz. Se puede amar a un extraño o dejar de amar a quien vemos a diario. No hay asunto que haya ocupado más páginas en el cine o en la literatura. No todas las ventanas inducen a que las amemos. No existe un prontuario al que aferrarse, ningún protocolo fiable. Creo que no hay ni bibliografía al respecto. No, al menos, la bibliografía que yo desearía: la sentimental, la que anhela ahondarse, la que se impregna o la que perdura. Se ama una ventana cuando se ama mirar. Lo que fascina de ellas es que surten de miradas nuevas. No se agotan, no incurren en la repetición. Que sean discretas o indiscretas no depende de lo que exhiben sino del ojo que las escruta. Que engolosinen o hastíen estriba en la voluntad de quien se adueña de ellas y las interroga. Fotografiar ventanas es un acto filosófico: obliga a olvidarse de lo que ofrecen y hacer que el observador se fije en la ventana misma, en la ventana tautológica, en su ubicación, en el modo en que se abre al exterior o se pliega hacia adentro. En cierto modo, la ventana exige que pensemos en ella al modo en que un fotógrafo, al encuadrar, desestima lo que no le interesa y se aplica en atrapar una de las partes, sólo una de las muchas posibles, que le convidan a mirar. Decía Borges que todos éramos teólogos. También somos fotógrafos. Al mirar, en el hecho de fijar la vista en algo y esmerarse en lo observado, barremos los objetos, los pesamos, les damos la coherencia que no tienen. Cada vez que alguien mira por una ventana está haciendo una fotografía. Somos polaroids, locas, incansables polaroids buscando la fotografía perfecta.

17.2.17

Ventanas / 1



La naturaleza de la ventana consigna la vocación de que se mire a través de ella. Las hay, sin embargo, que reclaman otro tipo de atención. No importa el objeto que movió a que se colocaran en donde está, no es importante el lugar al que se orientan. Es la ventana a la que se le ha extirpado su oficio y funciona como un cuadro al que se le dispensa una intención placentera. Es la ventana considerada como un objeto artístico. Podría estar cegada y tendría el mismo efecto estético. No se busque qué paisaje está volcado detrás, cuál luz impregna el aire o si el cielo que se aloja al fondo estalla de azul o incomoda de puro gris. A veces, al andar las calles, vemos ventanas que nos apasionan enteramente. Captan nuestro interés, nos conmueven o nos incitan a pensar en lo que hay tras ellas. Contrariamente al uso clásico, miran de forma inversa. Es lo que está dentro lo que anhelamos conocer. Da igual que no estemos a su altura, no se precisa asomarnos a ellas para sucumbir a su encanto.

16.2.17

Stephen Kuhnigk y Federico García Lorca lo saben

                                                                     




                                                                         Stephen Kuhnigk

La realidad nunca es la que vemos. Debajo de las apariencias hay otra realidad que no se arrima a la vista. Si se esmera uno en verla, en tratar de apartar lo previsible, advierte que hay otra aún más abajo. Lo dejó escrito Lorca en su Poeta en Nueva York: "Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato". Las divisiones ocultan una gota de sangre de marinero. Las sumas, un río de sangre tierna. Kuhnigk tiene un modo único de convertir las gotas de café en monstruos. No se los inventa: sólo los saca a pasear, los impone a la realidad, permite que afloren. No sabemos cuántos monstruos están fuera del alcance de nuestra vista. Si uno es muy sensible, los ve a diario, sin embargo. Abre los ojos y los encuentra allí donde otros, con los mismos ojos abiertos, no ve nada que le aterre, ninguna evidencia de que allí suceda algo extraordinario. 

A Lorca, sobrado de sensibilidad, se le aparecían gotas de sangre de pato cuando miraba debajo de las multiplicaciones. Tampoco hay mucha gente, poetas aparte, que indague el mundo oculto de los números. Seguro que hay monstruos también. O arcángeles.O boxeadores sonados tras una vida en un ring.  La realidad es un palimpsesto. El mapa de la realidad sólo es uno de los mapas que podemos aprehender. Este día que sucumbe poco a poco no ha sido explorado enteramente. Son más las cosas que han estado expuestas a mi consideración que las muy escasas que he sido capaz de vislumbrar. La escritura es también una realidad a la que no se puede abarcar. Siempre hay una lectura debajo de la primera posible. Siempre está el pato debajo de las multiplicaciones o el monstruo remoloneando en las gotas del café. Kuhnigk y Lorca lo saben.


14.2.17

Los amores fáciles

Hay libros que poseen títulos perfectos. No hay amores fáciles es uno de ellos. Lo vi hace pocos días, no sé dónde, la verdad. No recuerdo el autor, alguien me lo dirá ahora, ni la portada. Tampoco tengo un especial interés en leerlo. No porque tenga alguna razón para rechazarlo o para acogerlo. Tengo una montaña de libros que leer. Los tengo apilados en una balda. Les he puesto un orden. Cuando la miro, advierto que hay algo malo en esa costumbre de aplazar las cosas o en la de no tener ninguna certidumbre sobre si se podrá acometer lo acordado con uno mismo. De los planes que hago, con más o menos convicción, con mayor o menor vehemencia, cumplo una parte pequeña. Los otros, los que no obtuvieron el escrutinio favorable, los cubro con ahínco. No dejo que me torturen, no permito que se aparezcan de improviso y perturben mi sosiego. En realidad es eso a lo que aspiro, una especie de sosiego interior. No creo que haya felicidad más perdurable que ésa: la de saber que estás bien contigo y con el cosmos. He estado a punto de retirar la alusión al cosmos: siempre está el temor a que alguien piense en que copio a Coelho y deje de leerme de inmediato. Los prontuarios de éxito personal, los que se venden en los grandes almacenes, arrasan en ventas. Queremos recetas, buscamos bálsamos fáciles para alcanzar la felicidad o para encontrar el amor perfecto. Los amores fáciles duran días, menos a veces. Sirven como título estupendo o como slogan para un anuncio de colonia por el Día del Padre. Un amor fácil no acaba roto nunca. En todo caso, se fractura, le sobreviene un indisposición súbita, pero no entra en ese trance complicado de no saber si volverá a latir o si el latido, de producirse, tendrá un compás extraño, como una tos persistente en mitad de la noche. Vamos así, entre el amor fácil y el complejo, entre lo frívolo y lo solemne, sin saber en qué concentrarse, con qué entusiasmo acometer la irrupción de los dos, sin entender bien cómo trasegar con ellos y hacer que nos hieran poco o no lo hagan nunca.

12.2.17

Apuntes para un curso de escritura automática / 9

1
bellísima pastora, todo es melancolía
2
el profeta Hababuc no tuvo ninguna amante caldea
3
dios te salve, sigmund freud, dios salve tu barba cuidada, tu capacidad de sufrimiento, tu arcángel mudable, tu reino en el aire, pero no dejaré que sepas lo que ocupó anoche mi sueño, no vaya a ser que me preocupes
4
hay un francotirador en el texto
5
flipar con el envés de las palabras
6
no hay constancia de que oscar wilde visitara tánger
7
vino un coronel prusiano y me corrigió un verso muy lúbrico
8
hoy, siete de abril de mil novecientos noventa, no me apetece releer la montaña mágica, me sale por las orejas el aburrido hans castorp, dijo el lector en una parada en el texto
9
adentro está el amor, vino a quedarse, está en la cocina, haciendo pancakes
10
sentirme hospitalario conmigo mismo

10.2.17

Apuntes para un curso de escritura automática / 8

La idea de escribir sin pensar en lo que se escribe me fascina. Hay una falta de voluntad, una especie de pereza, una firmeza inquebrantable en no dar respuesta a todo, en no caer en la seguridad de que el texto está limado o de que un modelo de escritura es la única posible, tras haber fatigado muchas y haber censurado las de menor peso literario. 

No sabe uno bien qué es la literatura. Se tienen ideas y las ideas se escriben. Quizá no haya más.  Lo que me interesa en estos días es la ausencia de ideas, el volcado elemental de lo que se vaya dejando caer, al modo en que el pianista improvisa en su instrumento para soltar dedos. No tener ideas es tener algunas, en cierto modo. Una es la que afloja esa tensión en la escritura de la que uno a veces no sabe o no quiere deshacerse. Escribir sin que haya arrimo alguno de coherencia, aunque eso (en la práctica) sea enteramente falso y propicie la concurrencia de una manera precisa de contar la realidad, aunque sea una restitución (en apariencia) de menor trascendencia. La conciencia es la que avanza: se la ve fluir, adquirir consistencia, dejar un signo al que aplicar un método de revelación más hondo. 

Breton escribía deprisa, dejaba que una frase atropellara a la que se cruzaba en ese instante o que ninguna prosperara y se instalase otra, que acudía más morosamente, sin que se advirtiera que estaba pujando y cogiendo volumen. Se crea una realidad ajena a quien la impone: no le obedece, no se deja acariciar, ni siquiera es hostil. En clase, en ocasiones, suelo pedir que los alumnos foguen a capricho, se liberen sin que nada los frene: no les doy un patio grande en el que dar saltos o correr. Les pido que corran en el folio en blanco. A veces les dejo unas consignas; otras, según la experiencia que tengan, no hay obediencia alguna. Al acabar, leen, entre perplejos y alborozados, el texto que les ha ocupado esos cincoo diez minutos de creatividad primitiva y pura. No tardan en comprender que la inspiración les visitó. Entonces leemos en voz alta y sonríen, satisfechos, al reparar en una frase ocurrente o en una combinación de sustantivo y adjetivo insólita y hermosa. 

9.2.17

Apuntes para un curso de escritura automática / 7

1
tengo fe en en el futuro, no hay mejor religión que la que todo lo fía al futuro o al azar o a la conjunción de los astros, la religión es una ecuación cuya incógnita es el tiempo
2
ya nadie se deja crucificar por el viento
3
la ceremonia que más me fascina es la de la pereza
4
de baudelaire, después de tantos años, sólo me atrae el veneno
5
borges debía ser un aburrido de mucho cuidado con dos copas de más
6
lovecraft no debió ser la alegría de la huerta
7
el verdadero nombre de dios carece de morfemas de género, carece de morfemas de número
8
mi voz es pasto del musgo
9
el silbo precede al llanto
10
buenos días, karlheinz stockhausen, hoy todos los pájaros bendicen tu nombre
11
la alcoba de agatha christie tiene un muerto debajo de la cama
12
el dogma se escapó del bolsillo del demiurgo
13
el lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca no es un asunto poético, no me pidas que le escriba un soneto, he pensado en tu pezón izquierdo, en el derecho, en los dos mirándome, bizqueando, he pensado en qué podría ocupar el estro poético, si el pezón estrábico o el lunar sagitado

Apuntes para un curso de escritura automática / 6

1
los años a lo que nos enseñan es a respetar el humo, a considerar la belleza de la ceniza, es el fuego el que cierra todas las tramas
2
llueve como si no hubiese otra cosa que lluvia
3
qué hermosa cabalgadura la noche, qué secreto liberado y bello, qué galope tan esdrújulo
4
nunca es más libre el espíritu que en el fracaso
5
a la vida la manejan mil dolores pequeños                                                                       
6
duele la fe, duele la luz, duele saber, por eso la incertidumbre, por eso la derecha del padre   
7
todo lo que tienes que contarme todavía
8
el aire tiene su arquitectura, su gesto de huérfano
9
carezco de solemnidad, carezco de triunfalismos, carezco de metafísica, vivo sin alardes, vivo sin destacar, vivo sin trascender, me arrimo al arrobo de mí mismo, me conforto
10
ser epicúreo está absolutamente de moda
11
hay lecturas que son de una intensidad a la que no alcanza la vida

Apuntes para un curso de escritura automática / 5

1
la fatalidad hace que descarríen vidas ejemplares
2
a mi corazón lo malogra la mala literatura
3
chet baker amó a doscientas catorce mujeres
4                                         
cómo me divierto en la malandanza                                          
5
adolescente y espléndido, el ángel tañe mi lengua, el ángel turba mi lengua, el ángel festeja mi lengua, el ángel detrás de la oreja
6
oro suspendido en el aire como polen, vértigo recién libado, fruta muy mordida
7
vivir consiste en calcular con esmero los riesgos, en observar el vuelo irregular de los pájaros, en desangrarse con tibieza verbo adentro
8
caso de que esto acabe como sospecho, enterradme.                
9  
la luz codicia un extravío de caballos en un sueño
10
las palabras con su vértigo dentro, con su fiebre
11
encontré, como cortázar, consuelo en coltrane
12
subí un risco alto, vi arriba declinar el día, la noche prosperando, el aire puro, el verbo limpio