1.6.07

Nuevo curso de lingüística general

Lo más fácil es juntar cuatro o cinco palabras en una frase y esperar unas hora a ver qué pasa. Hay palabras feroces que se bajan de renglón y acaban a pie de página en una soledad que conmueve muchísimo. Otras se arriman, blandas y cómplices, a donde buenamente pillan y parecen alemanas por la desmesura de su trayecto. Un día cogí cinco verbos copulativos. Los metí en una caja de zapatos sin zaptos y los zarandeé un rato. Durante tres o cuatro días oí unos ruidos suaves, algunos musicales, otros, entrecortados y minimalistas. Hubo hasta un jadeo o lo que yo imaginaba que era un jadeo que alteró muchísimo a mi madre. Ese día me habló de cuando era joven y mi padre la cortejaba. Cuando abrí la caja encontré once verbos. Uno, recién alumbrado, olía todavía a letra inocente, sin pulir. Si la empresa tiene un alcance mayor y metemos cincuentos adjetivos superlativos en un cajón de la mesita de noche, suele pasar que el sueño se nos presenta espeso, levantisco, reventón de persecuciones por callejones oscuros como de West End. Un amigo me contó que su empeño en esta vida es mezclar palabras de varios idiomas en una media de señora, pero no le prestan ninguno y a él igual reparo le da comprarla que pedírselas a su madre y a su hermana, ya talludita. Yo le he ofrecido la media de mi abuela, pero sabiendo a qué me puedo exponer y qué explicaciones tendría que dar he preferido no insistirle y esperar que mi ofrecimiento no prospere.Por puro amor al peligro, probé dejar caer ocho palabras polisílabas sobre un espejo. Los espejos ( la cita no es mía ) son abominables porque vienen a duplicar la realidad. La palabra fantasmagótico vayó boca abajo y se la vio sangrar por una sílaba muy débil que tenía. La palabra aromaterapia cayó boca arriba y, de súbito, fue cubierta por una preposición muy lúbrica que le sobó con delectación la sílaba con diptongo de modo que la palabra infló su vientre y dio allí mismo unas vocales extra lindísimas que fueron escurriéndose por el doble corazón del espejo hasta desplomarse sobre el suelo, que estaba ocupado en ese momento por nueve o diez frases adversativas en búlgaro antiguo que nadie entendió. Lo más hermoso del mundo es partir una palabra en pedacitos y observar el comportamiento de esa ruina semántica.Hay letras que jamás vuelven a dejarse querer por el tacto untoso de otra letra. Al quinto o sexto día del declive, la letra así arrumbada se empequeñece al tiempo que se retuerce: ya podemos considerar que la letra está enfilando su muerte.Ver morir a una letra es una experiencia tristísima comparable únicamente a la mutilación de un sintagma o la supresión de una tilde en una palabra aguda terminada en ene. Yo ya me he resignado a soportar estas experiencias y no hago esfuerzo alguno por reprimir el dolor o a contener el llanto.Un llanto cercenado por la razón propicia otro llanto oculto que no puede ser cerrado de ninguna forma. Anoche lloré por un verbo llano que murió de frío .Ahora mismo estoy tengo el corazón partido por la fuga de unos adjetivos que tenía yo en mucha consideración.

1 comentario:

Gonzalo Piedra Juárez dijo...

Los adjetivos en fuga los tengo yo. Puede venir a recogerlos cuando guste.