7.5.07

Megavixens Up!: Material altamente inflamable









Esto no es un cuento de hadas y hay, al menos, un par de buenas razones para confirmarlo. La voz de coro griego ( Kitten Natividad ) que va narrando las peripecias del film, desataviada de prejuicios textiles, rotunda en encantos que no disgustarían a un Botero que pusiera a dieta a sus modelos o un Rubbens concienciado en el poder del aerobic, anuncia que no estamos ante un voyeurismo porno del tres al cuarto. Russ Meyer es el rey del desnudo: no uno cualquiera. Sus exigencias carnales van siempre por el mismo hilo: la exuberancia mamaria. No hace falta ninguna otra preparación dramatúrgica. Sus actrices son féminas del pueblo llano que han sido bendecidas por un hormonamiento desaforado. Ya está. Y van por ahí, por desiertos, por campos de trigo, por escuetos apartamento de motel que huelen a nicotina y a sudor, por bosques de coníferas, corriendo sin decoro. Porque al correr, eso lo sabe bien Meyer, los pechos suben y bajan y esa coreografía monótona ( aunque hipnótica ) sube el interés del espectador macho, prototipo del cinéfilo viciosillo, encantado de que le alegren los ojos con ese recital de cuerpos ubérrimos, desatados, cómplices de una lujuria soft, tozudos en su falta de pudor para contarnos que el mundo está lleno de problemas y que probablemente el sexo desastaca el cerebro del cerumen del stress.

Megavixens Up! es la quintaesencia del genio de Meyer. Carne apabullante, delirios surrealistas como un émulo perfecto de Adolf Hitler ( luego asesinado por una piraña ) buscando el orgasmo con un efebo multidotado en una mansión de Sissi Emperatriz o un servicio exótico de damas de compañía de pecho tremebundo y pubis hirsuto. El film discurre por lugares previsibles: leñadores brutotes en busca de cerveza y achuchones, sheriffs corruptos que ven en cualquier meandro del camino ocasión para el fornicio silvestre, acoplamientos genitales filmados con juguetona y desprejuiciada moral y, sobre todo, generosas raciones de cuerpos lustrosos, crecidos por la madre natura sin el concurso moderno de la silicona. No olvidemos que estamos en los primeros setenta.

Lo que no va a encontrar el amable lector es la pornografía inherente a este incendiario contexto. No vamos a ver ningún coito: todo se da por sobreentendido ( y cómo ) pero ese pormenor no es objeto de su barrido de campo.

Icono del cine underground o nuddie, Meyer es un autor con un dominio absoluto del medio cinematográfico. En esto se diferencia del común de los obreros del erotismo comercial o del porno blanco o duro que alimenta las estanterías de los videoclubs o los programas de contenido extremo de ciertos canales de pago. Meyer es un perfeccionista, un autor con un lenguaje inmediatamente detectable. Y no me refiero a las curvas de sus heroínas: en todos sus films hay retratos muy serios de la siempre llamada América profunda que ya, a fuerza de ser tan machaconamente contada, ha dejado de serlo. Tugurios de carretera, personajes al borde de la caricatura o invariablemente caricaturizados, bandas sonoras características....

Autor total, se encargaba no sólo de dirigir: era también el guionista, el director de fotografía y el productor de sus ensoñaciones. Murió a los 82 años, ufano de su humor, ajeno a quien le ninguneó por haber estado toda la vida rodando la misma película ( y rodó 30 ). Kitten Natividad, Babette Bardot, Lori Williams, Haji, Uschi Digart o Erica Gavin fueron su cuerpo de baile, su ejército de hembras de anatomía voluptuosa, las pin-ups que reclutaba en las trastiendas del Playboy ( de quien fue fotógrafo eventual en su juventud ) y que era normalmente rechazadas por excesivas. El público se contentaba con monumentalidades menores y no estaba bien visto este maximalismo salvo que hubiese ( de fondo ) algún meritorio papelito ( ejemplo: Jane Mansfield ).

El desparpajo colorista del film, su lujuria casi naïf, todavía resiste el paso del tiempo. Tiran más dos tetas que dos carretas, reza el adagio hispano, pero éstas aquí reseñadas no son tetas normales: la propuesta es subversiva.

El malairado grupo de mujeres feministas que en una u otra ocasión han fustigado su cine no han advertido el carácter belicoso, independiente, firme y radical de sus protagonistas, que no son nunca meras muñecas neumáticas. Son cualquier cosa, menos sumisas, al modo en que lo son las mujeres del porno o, en un tono menor, las que han edificado el cine erótico desde que Hedy Lamarr saliese destetada del lago en blanco y negro.

La edición que este escribiente conserva es en vhs, aunque ahora la he restaurado a dvd para que los años no la maltraten. La emitió hace ya una decada una televisión regional en horario muy tardío y con fanfarria de cine para adultos. Lo es, por supuesto, pero no suele equivocadamente ir escoltando zafiedades de nimio interés cinematográfico, destinadas únicamente a encabritar las nobles partes pudendas, cine onanista de kleenex urgente. Aquí hay cine, cine de culto, si se prefiere. Y generaciones futuras se reirán o asombrarán o discutirán, como aquí ahora, la legitimidad de un autor único ( No hay otro: Tinto Brass es burdo, aunque comparte con Meyer un muy parecido prontuario de iconos y ambos tienen un lenguaje reconocible ).
A falta de postulante con mejor tarjeta de visita, Russ Meyer es el rey de las tetas. Discutible título, posiblemente menor en el inventario de posibles títulos a los que puede aspirar un cineasta, pero éste es inevitablemente suyo. Descanse en paz y ojalá el cielo, caso de que exista, tenga ángeles con las tetas gordas. Ah, y te odiarás a ti mismo si te la pierdes, claro.



4 comentarios:

Pablo de la Cruz dijo...

Espléndido comentario. Hace tiempo ya mucho que no veo esta película... la vi en epoca estudiantil y todavia recuerdo lo bien que me lo pasé... No es solo una cuestion de tetas....Russ Meyer es un directorazo... Hay otra, supervixens, de tematica analoga que repuse no hace mucho una cadena de cable de mi ciudad....

Walter Conrado dijo...

tengo un vago recuerdo de cuando estudiaba y un amigo tenia en su filmoteca peliculas de fritz lang o de orson welles y tambien supervixens, que es tres cuartos de esta. me la prestó y me divertí y vi un autor genial con un lenguaje propio inimitable. merece la pena que esté en la historia del cine y creo que los prejuicios y la moralidad y la censura le han apartado. sin remedio.

Anónimo dijo...

tetas es lo que hay, dos tetas tiran mas que un blog

Anónimo dijo...

La mágia del cine de Russ Meyer reside esencialmente en el Montaje. Lo convierte en un universo ´peculiar.