25.5.07

Calvario: Enfermos perros de barro




Bordeando tópicos, indisimuladamente fagocitando patrones explotados hasta el tedio, se han hecho películas estupendas. Algunas, incluso aceptando ese dudoso origen, conviniendo en que son producto de un tiempo escasamente creativo y que de continuo va a fuentes rigurosamente clásicas de donde extraer su aliento artístico, logran más que aceptables niveles de calidad y el espectador, ajeno quizá a estas reflexiones de cinéfilo ocioso, disfruta con nuevas lecturas de antiguos libros. Tenemos el ejemplo reciente y fabuloso de Las colinas tienen ojos en la versión de Aja, que supera con creces el modelo ajado y ya superado del polifacético Craven. Directores de culto como Tobe Hopper vuelven por sus pasos, retoman sus obras y las reescriben en el tono musculuso y moderno que marcan estos tiempos de altas tecnologías. También habrá quien vea ecos de Misery, la estupenda novela de Stephen King y la notable versión filmada por Rob Reiner en 1.990. Calvario es un film menor, un nueva puesta de largo del cine de Boorman ( inevitable el recuerdo de la fantástica Deliverance ) o el mejor Peckinpah y sus Perros de paja. De cualquier forma, Fabrice du Welz domina el lenguaje cinematográfico y lo hace de un modo tan original y autosuficiente que obviamos que todo el film esté literalmente calcado de cuatro o cinco obras maestras del cine de terror. Ya hemos citado dos. Podríamos añadir La presa y tal vez hasta Psicosis, apurando mucho la mirada cinéfila. A diferencia de éstas, Calvario no hurga en el efectismo visual. No hay, salvo dos contadas excepciones, imágenes realmente impactantes, de ésas que crean una tensión de la que ya luego no es posible desprenderse. Du Welz adopta unas maneras lánguidas, introspectivas. Hay escasos diálogos y la trama va adquiriendo el tono gótico, terrorífico y de estimable suspense ya muy al final del metraje.
En su tramo inicial no tenemos constancia precisa del género al que se adscribe el film. He leído que había influencias de Haneke. Pues muy bien. Si uno quiere ver influencias de alguien, basta querer verlas. No lo dudo. El universo de criaturas taradas que pueblan la geografía de Calvario no tiene nada que envidiar al inventario atroz de seres amorales y mentalmente tullidos que conforman la visión que Haneke tiene del mundo.
Estamos en la Francia profunda: no es Ohio ni Minnessota. Para el caso es lo mismo. El miedo y la angustia son universales. Un cantante cutre ( Marc Stevens ) sale de un hogar del pensionista tras haber entretenido al personal femenino con su canción francesa y sus guiños de gigoló para abuelitas yeyés. La furgoneta le deja tirado en mitad de la nada. Árboles, niebla, lluvia, un hombre que busca tozudamente su perrita perdida, un albergue en el bosque regentado por un cómico retirado. A partir de aquí se abren las puertas del infierno, que en este caso llevan olor a vaca y a barro. Ni Dante podría haberlo escrito mejor.
Este infierno enfermizo, convencionalmente rural y folclórico, está magistralmente filmado.Pudoroso en el manejo del miedo, Du Welz abandona el recurso de la música ad hoc, de las cabriolas de cámara siguiendo a la víctima por esos caminos de Dios. Prefiere un discurso más reposado: se basta con ir dejando caer pinceladas de terror. Me parece sobresaliente la entrada en el bar de Bartel, el dueño del albergue y el baile de zombies al ritmo sincopado de un piano digno del más ebrio Tom Waits. O la escena en donde cuatro mozos del lugar se benefician a una ternera en rigurosos turnos. O la toma cenital de la habitación en donde los intrusos ( no desvelemos nada relevante ) intentan montarse la fiesta a su manera.
Calvario no entusiasma como debiera porque tal vez su tono es excesivamente gris. Se limita a dibujar una atmósfera, a poner sobre la mesa el vacío existencial de unos seres absolutamente grillados, ajenos al mundo. No hay ni una sola escena en la que un personaje, salvo el protagonista, el lastimado Marc, exhiba cordura. Ni siquiera en el horroroso, por kitsch, rincón en donde canta en las escenas iniciales.
Quizá lo mejor de esta película es su grandioso dibujo de la soledad. O cómo una experiencia como la que se relata puede modificar completamente la personalidad de quien la padece. Así lo confirme el abrupto final, esa escena formidable en la que un par de palabras resuelven hora y media de atrocidades.
Incomprensible que no fuese estrenado en salas en su año de exhibición, el 2.003. Que haya tenido que ser la edición en dvd la que permita conocerla.


2 comentarios:

Gerardo Hernández Poveda dijo...

No tenía ni idea de esta pelicula pero no voy a tardar en cogerla en algun videoclub y verla. Promete mucho. Gracias por el comentario.
Ha despertado todo mi interés, de verdad.

Juan Martos Antúnez dijo...

Tom waits tocando en un bar perdido enmedio del miedo. Esa imagen merece que veamos esta pelicula de la que no sabia absolutamente nada.
¿ te gusta tom waits ?
si es asi, aqui está mi e.mail para intercambiar babas

juanmartos19689@hotmail.com