Por
la gracia de la palabra, comido
por la fiebre de lo inconsútil,
de lo libre de fragmentarse,
acudo a lo evanescente.
Me
congracio con lo etéreo,
me
sustancio en lo sublime,
distingo
entre lo mucho lo único
y
con arrobo novicio lo flipo.
Uno tarda a veces una vida en reponerse de lo malo que le sucede. Cree con ahínco en la injerencia del tiempo, en cómo los días y los trab...
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