24.2.08

Que 50 años tampoco es nada


El pisito cumple 50 años y lo primero que alarma es que la película de Ferreri todavía siga siendo actual y el problema de la vivienda continúe siendo el mismo que entonces. Quizá lo que no haya cambiado sea España, aunque signos externos así tozudamente lo confirmen, y la historia de Rafael Azcona tenga la misma mala leche y duela a los ojos y a la conciencia como antaño, pero 50 años dan para mucho. Dan para que la pobreza, que no es asunto de ningún político en esta campaña ni en ninguna anterior, se hubiese erradicado. Dan para que estampas en blanco y negro del No-Do no sean ahora (en color, en alta definición incluso) ocupen las calles de algunas ciudades donde la indigencia enturbia la belleza de los versallescos proyectos de las gerencias de Urbanismo y la imagen triunfalista de un país que saca pecho en la comunidad internacional y escalafona como una lagartija hambrienta la pared impoluta del progreso. Por eso los diarios de campaña están meticulosamente diseñados: no vaya a ser que un desliz exhiba en público la falta de iniciativas que palien esta pandemia. Por eso da un escalofrío rever El pisito y contemplar que los avatares de Rodolfo y Petrita son las penurias de otros infelices de ahora. Sobrecoge, sobre todo, ese plano medio final en el que una mula tira de un carro que soporta todos los enseres de la pareja. Una vida. Ésta. La película ha cumplido, ya lo hemos escrito, medio siglo. Felicidades.

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