14.2.08

Looking for Jay Leno

I/ A modo de introito (el lector nervioso puede saltárselo)
El artista es un muerto de hambre. Una vez que se sacia y nota la tripa llena, pierde fuelle. Ahí empieza a dejar de ser artista. Como el gusanillo de la creación le aletea la boca del estómago se hace crítico, uno de los oficios menos comprometidos del mundo. Este argumento, liviano, reduccionista, llevado al extremo, garantiza la vigencia del Arte. Incluso podríamos convenir que el artista y el crítico se necesitan, se solapan, se siente cómplices del mismo gran guignol. Igual que la felicidad absoluta desastra el ejercicio de las artes, un estómago lleno tampoco favorece el libro y creativo flujo de ideas, salvo que el sobrealimentado sea un crítico. Cuando el crítico desoye las exigencias de la tripa regresa a la condición de autor y hasta es posible que entregue a su atenta feligresía la más elaborada y hermosa de sus obras. Por eso el primer libro de cada escritor suele exhibir su mejor escritura. O los primeros discos. O películas. Luego todo se ajusta a las homicidas leyes del mercado.
El grado más cerrado y perfecto de crítico es el que exhibe tripa pantagruélica y apoltrona su desquiciamiento físico encima de un portátil. El crítico moderno obvia el duro arancel de tener que desplazarse a la Redacción del medio que le paga: escribe en casa, en batín, en pijama de ositos, bebiendo Coronita y metiéndose a nivel celíaco hamburguesas XXL entre crónicas. Ahora les presento al crítico cinematográfico más relevante e influyente de Hollywood.
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II/ El asunto de interés
Se llama Harry Knowles y responde al perfil torpemente esbozado en las líneas precedentes. Su caricatura coincide con el modelo a caricaturizar. Su estilismo se amolda al patrón frikie, pero a en su página web abrevan todos los que en el mercado del cine son algo o quieren serlo. Incluso acuden quienes ya no son nada y disfrutan viendo como sus relevos naturales se estrellan contra este muro grasiento de mala baba digital. La parte que fuerza a este cronista doméstico a rebajar los mandobles hacia su persona es que está postrado en una silla de ruedas. Al casi medio millón de usuarios diferentes que visitan a diario su celebérrima página en la Red no les importa lo más mínimo que Knowles sea un impedido físico. Su verbo es sanguinario. Ain't it cool news, el trofeo de su ingenio, es la página de referencia, el modelo en el que los humilde blogueros de medio pelo y físico apolíneo debemos mirarnos. Su prosa es la puta gran prosa a la que debemos orientar la nuestra, excesivamente ocupada en no colar faltas de ortografía, enganchada al manejo honesto de nuestras opiniones y fugazmente visitada por un par de docenas de fieles lectores que igual nos abandonan mañana cuando le chafemos el final de su franquicia favorita y desvelemos por fin la identidad del asesino en serie que engolosina su ocio.


Este pelirrojo a punto de entrar en ese punto de alopecia salvaje sin retorno gobierna los chismes de Hollywood, que es tanto como decir que legisla la velocidad del viento en Sunset Boulevard o la orientación de las olas en Malibú. Suponemos que se hizo adicto al cine cuando su madre se perdía en el limbo del éter de Kentucky. Luego llegó su suicidio y luego el accidente de la manguera, un tropiezo que provocó que un peso de 500 kilos aplastara su cuerpo. Impedido en cama primero y en silla de ruedas después, Knowles se agrió (imaginamos, aunque su sonrisa sea perfecta y parezca feliz en su torre ebúrnea) y creó el artefacto de su fama, el trampolín perfecto para sobresalir sin salir de su dormitorio. Le bastó filtrar unas fotos del bicho feo de la horrenda Starship Trooper para que la productora, pendiente de estrenarla, le pusiera en el candelero público con una demanda. Forbes ya lo tiene entre las 25 personas más influyentes de la Red. Nada que no se haya ganado el buen hombre a golpe de banda ancha y los contactos adecuados. Secretitos Hush-hush, que decía Danny de Vito en la formidable última gran película de cine negro parida en Hollywood, L.A. Confidential. Knowles ya ha salido (cameos, claro) en varios films y ha co-escrito un libro sobre el mismo asunto que copa el ránkings de bazofias más vendidas en Mulholland Drive.


La llegada de los Óscars hace que Knowles se relama en miel y en parabienes digitales. La parálisis le abismó a Internet, pero el cine le ha tirado su particular alfombra roja y parte del fastuoso negocio de la industria del séptimo arte se rige por su acidez de estómago y su imperturbable olfato para captar los tufos de las bambalinas, que es la esencia del verdadero Hollywood. De hecho son los soplones anónimos, en apariencia, los que suministran al peligroso Knowles su material sensible. Dice que le bastan veinte minutos para saber si una película va a ser un éxito o no. Que ama el cine por encima de todas las cosas, salvo tal vez el dinero. Su semillero de cotilleos, prontuario de chismes y bolsa de bilis arrasa en la Red, que es tanto como decir en el mundo.
Este es el gurú de los fotogramas. Él cela el secreto del éxito, guardián cebado por la desgracia, pero crecido en la adversidad hasta convertir su cuchitril de americano perdedor y anónimo en el centro mismo del universo. Nacho Vigalondo, nuestro cortometrajista más premiado, ha visto su ego elevado al olimpo de la propaganda cuando el mismo Harry Knowles ha escrito la crítica a su Cronocrímenes (allí Time crimes), y encima el bueno de Harry dice que es fantástica.
Como todo crítico, tiene sus debilidades. Algunas son compartibles. Pozos de ambición y No es país para viejos le parecen las mejores películas recientes. Javier Bardem es el nuevo astro del firmamento y El orfanato le parece buena. No sabemos si aparte de inclinaciones cinéfilas hay una buena untada de pasta para que la reseña no gangrene el producto.
III/ Ego
Mi Espejo de los sueños llevaba año y medio en cartel. Entran unas cien personas al día. Tengo algunos lectores fieles. Básicamente escribo para ellos. Nadie de fuste busca en mis reflexiones la confirmación de sus expectativas. Ni su rechazo. Será el azar o el talento. Debe ser el talento. No es envidia: me daría un ataque si José Luis Garci supiese lo que pienso de su cine. O Santiago Segura. Aunque uno esté aquí para lo que le echen. Entren y digan que existo. A ver si alcanzo a Knowles en un par de meses y me entrevista Buenafuente en su late night en La Sexta. Jay Leno me queda lejos.

1 comentario:

Héctor Aurelio Alvarado dijo...

Knowles no es un crítico cinematográfico. Ahí creo que te equivocas. He visto alguna de sus criticas y lo que hace es dar caña por donde pasa. Pocas veces es un tipo serio que hace critica constructiva, aunque haga daño. Expresa lo que quiere, pero no informa en ningún caso. Me parece más que un critico de cine un periodista amarillista con una posición de poder desde la que, como dices tan bien, crea su propio universo. A mi no me cae mal, pero es que alo mejor no he leido con detalle sus cronicas. Por otra parte, es un paladín de la fama.