7.10.07

Mundo imperfecto, Dios, reyes y novelistas

Opino como Monterroso: que Dios todavía no ha creado el mundo; que tan sólo está imaginándolo, como en sueños. "Por eso el mundo es perfecto pero confuso". Subscribo la sentencia del genial autor guatemalteco. Tal vez todo lo que vemos sea una ficción, un capítulo caprichoso escrito por un Dios rudimentario, tozudo y amateur que después de acabar su empresa desapareció sin que pudiéramos reclamar las imperfecciones del texto. En uno de sus renglones torcidos (no es mío el atino semántico) aparece el personaje Nuncio de Su Santidad el Papa en España y dice que ojalá Dios "nos de muchas familias como la Real". Opino como el Nuncio: que haya muchas unidades familiares bien estructuradas, a salvo de las miserias materiales que asolan el mundo y sencillamente ufanos de su calidad humana. Como la familia Real. No me tengo por republicano. Tampoco tengo empeño en discutir la función social de la Monarquía. Aquí o en Luxemburgo. Veo con alarma este clima de hostilidad hacia la Monarquía. Lo que lamento es que se frivolice con el lenguaje y se produzca este exabrupto narrativo. Porque hemos quedado en que todo es un libro y bajo la tradición novelesca universal debe ser interpretado, por supuesto. Monseñor Manuel Monteiro de Castro apoya indisimuladamente a la Corona, pero no se plantea el riesgo de que su frase se haga realidad. Suele pasar: hay que tener cuidado con lo que se dice por si se hace realidad. Caso de que el Dios de Monterroso y del Nuncio sean el mismo puede que, al final, abrumado por la alta relevancia social de estos dos eminentes actores de su causa, disponga algún secreto milagro y se multipliquen las monarquías nacionales. Probablemente desbarren los dos, pero sólo uno tiene conciencia del dislate.

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