31.3.08

Despierto


Fast food para estos tiempos de liviandad, consumismo y palomitas con Coca-Cola light, pero este es el rumbo por el que deben transitir las propuestas de cine comercial. No hay nada relevante en Despierto, pero tampoco nada que alarme, ninguna fractura con el sentido común de las cosas.
Carente de otros méritos, subsiste la idea - más primaria y conciliadora que otra cosa - de que la cosa podría haber ido muchísimo más lejos. No creo que haya sido una falta de ambición: hay actores conocidos y el guión, abonado a las intrigas hospitalarias, no chirría en exceso y hasta contiene alguna más que puntual invitación al desconcierto o asombro. Convencional hasta el pasmo, Despierto apenas despierta más allá de la sobada evidencia de que hay gato encerrado entre el bisturí y el anestesista o entre la madre protectora y la novia cuca que se arrima más de la cuenta. No hay más: es ésta la única madera que permite que arda la emoción. Incluso las razones del estropicio médico, del vil asesinato que ocupa la parte central de la historia, no acaban de ser explicadas como deben y se queda uno pasablemente convencido, pero harto de que los guionistas del planeta Hollywood no se estrujen un poco más la cabeza, y la inteligencia del espectador no esté nunca seriamente amenazada y vive en letargo, hibernada, convertida en fría muestra escaparatista. A ver si un día se nos va a congelar el talento y la sensibilidad y nos va a acabar gustando Michael Bay.
En lo demás, asepsia, triunfo de lo verosímil, pero inevitablemente lastrado por una historia fría como la mesa del quirófano, previsible incluso en los momentos en que la trama se retuerce más de la cuenta.
El repunte gore de las costuras pectorales y los paisajes a pecho descubierto no favorecen la limpia (aunque sosa) progresión de la historia, que cae al final en un atropellado finiquito en donde todos los malvados son apresados y la verdad esplende entre batas blancas, corazones redimidos y conversaciones esotéricas en el limbo de lo inexplicable.
A su favor, la meritoria puesta en escena, nada estridente, convincente en su muy bien hilvanada trama. Poco más, creo. El thriller disfrazado de drama clínico o el drama clínico embadurnado de romanticismo de posturitas no alcanza vuelo: se desastra todo muy deprisa cuando Hayden Christenssen toma el mando de la parte dramatúrgica. Ahí se advierte nítidamente que el casting - salvo Lena Olin o el ubicuo Terrence Howard - no entendió la historia o no pudo entenderla.
Pobrecito el niño rico que ve cómo todos le engañan, dijo mi amigo K. Y es que no se puede tener todo en esta vida. La novia perfecta te sale bruja lagartona, que decía mi abuela. Cuánta canalla anda suelto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mucho canalla suelto, Emilio, demasiado. La película una tomadura de pelo. Un estrenos Tv casi. Menos mal que me la bájó la mula, si no...
Freddy Krueger in the rock