30.3.08

Shine a light, please



Si no fuese por Keith Richards ya no habría Rolling Stones. Él es quien fija el rumbo de la banda y evita que el mago de las finanzas, el cerebro de Jagger, atraque en puertos demasiados frívolos. De todas formas siguen siendo una maquinaria absolutamente impecable de hacer dinero. Si no fuese por ese vicio de poner ceros a las cartillas de ahorros, Scorsese hubiese tenido que rodar el espíritu de algún bluesman adusto y críptico, abducido en un cruce de carreteras en Lousiana o en Illinois. De hecho, The Rolling Stones merodean el blues, lo cuelan de rondón en sus canciones poperas y no tienen objeción en agradecer la bendita influencia de ese género. Scorsese, que es un zorro viejo y es también un fan puro, se ha acercado a la banda con humildad y ha escrito otra página para aumentar la leyenda. Lo que les pasó a los Beatles fue que hiceron primar la amistad y el buen rollito entre hippies burgueses en lugar de pensar exclusivamente en los números, en las cuentas, en la forja de un imperio. A esta altura del metraje, Jagger, Richards y compañía están ya por encima del bien y del mal e importa muy escasamente que no vuelvan a hacer una puñetera canción que emocione. A bigger band es un album excepcional, pero ahora sería incapaz de recordar una sola canción, el título de un tema. En cambio, estoy dispuesto a jugar a un hipotético, frívolo y siempre lúdica trivial acerca de los álbumes anteriores a Emotional rescue, aquel experimento (uno más) que les puso en el Billboard de nuevo y ganó nuevos adeptos (adictos más bien ) a su formidable causa.
Ya no sé si soy de Beatles o de Rollings. Esa pregunta tenía respuesta hace unos años. Ahora me quedo en el limbo perfecto de la incertidumbre. Me quedo con los dos y estoy dispuesto a argumentar sin muestras de cansancio las razones de mi abstención. Alrededor de sus discos soy lo que soy. Es posible que Beggar's banquet, Let it be, Exile on Main Street o Rubber soul hayan contribuído más a mi formación emocional que el catecismo de la escuela y su retahíla ridícula de solemnidades incongruentes. Es posible (insisto en la misma cuerda probatoria) que Lennon o McCartney o ambos me hayan regalado más momentos de felicidad absoluta que los amigos íntimos que vieron cómo crecí y me agasajaron con su amistad a lo largo de muchos años. Ellos seguro que lo entienden porque todos venimos a pensar más o menos lo mismo.
Tal vez Martin Scorsese no hubiese grabado Shine a light bajo la bandera Beatle. Una preguntas que me hecho muchísimas veces es qué hubiese sido de The Beatles desde 1.970 hasta ahora. Viendo las carreras individuales de los fab four la pregunta se me antoja todavía más intrigante. De hecho ninguna carrera de los miembros de los Rolling ha alcanzado, ni por asomo, la relevancia de Paul o de John o incluso de George (Imposible no abrir un aparte: el último disco de Ringo Starr, Liverpool 8, es buenísimo).
No he visto Shine a light. Esperaremos a que salga en DVD. A mi pueblo (Lucena, Córdoba) no llegan películas testimoniales. Mi pueblo, en materia cinematográfica, es un escaparate de productos de éxito garantizado. Disney, The Rock, Goyas, Oscars, gamberradas al estilo Supersalidos, poco más. En Córdoba, cine Góngora, a mediados de los ochenta, pude ver en cine Rattle and Hum, la película de Joanou sobre el disco y el tour de U2. Me acompañó una amiga a la que le fascinó el repetorio de canciones, pero nunca aceptó que un concierto filmado pudiera enervarle una sola fibra de su sensibilidad. Recuerdo que le grabé el disco doble (glorioso vinilo) en una cinta de 90 minutos (TDK, Sony, Basf) y estuvimos meses oyéndola en el coche, en las reuniones de estudio. Jamás me refirió el alucinante espectáculo de la película. Yo nunca he vuelto a ella. Quizá ahora, después de este ejercicio de nostalgia, regrese. No será difícil dar con ella. Mientras, espero que la industria dé luz verde a Shine a light y Scorsese ilumine mi felicidad de nuevo. Lo espero con impaciencia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ejercicio de nostalgia o no, los rolling stones son la más imponente maquina de hacer rock que ha existido sobre la faz de la tierra. Anoche vi shine a light, la peli de scorsese, y todavía estoy abrumado por la expereincia. Saludos. Buen blog.
Cristian