22.7.22

203/365 Jorge Guillén

 



Qué claridad preludia la sombra 

al precipitarse en la tarde 

como un pájaro ya entero ala. 

Todo es fulgor en la caricia 

en la que el cuerpo existe.

Asombra que no aturda 

lo sublime contemplado. 

Es clamor la luz si se la nombra. 

La palabra apenas percute el aire. 

Está ofrecida la verdad en puro goce. 

Cunde, avanza, se abisma y clausura. 

Se desdice el ocaso. Cierras los ojos. 

Oh tú, júbilo pleno, acaece el amor

con blondas de nieve pura, 

con terco embeleso de íntimo arrobo.

El amor de pronto horizonte 

para que los días broten y nos tengan. 

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