14.4.21

Dietario 97

 Hace constar uno su infatigable incertidumbre, ese no tener asiento fiable ni mayor condición que la azarosamente traída por el discurrir frágil de la vida, pero ni siquiera esa constatación repentina consuela. Se podría ignorar y avanzar con idéntico aplomo o sin aplomo alguno. Al final, todo se fía a la sensibilidad. El hecho de que se crea tener mucha tampoco contribuye a que ese discurrir progrese a entero beneficio propio. Por otra parte, no tener ninguna es posible que nos haga sufrir menos, sí, pero no es vida, no se parece en nada a lo que de verdad nos hace sentirnos vivos, partes de un algo más grande cuyo nombre o propósito desconocemos.


No sabemos qué va a ocurrir y es mejor que no sepamos. Igual podría ser con lo de no tener propiedad de lo que ya ha ocurrido. Tan sólo una brizna de intimidad. Una especie de eco sentimental. Un creer que algo de lo que fuimos perdura no ya en uno mismo, sino en algunos que, sin que se les invite, acuden y hacen esa memoria suya. 


Leído hace pocos días: que el texto que no contempla en principio un tono poético contenga algo que pueda también invitarlo al goce puramente sensorial. 


Pensar en partir hace que estar dure más. El tiempo es una sustancia absolutamente mudable. No tiene principios. Carece por completo de la rigidez con la que en ocasiones lo imaginamos. 





No hay comentarios:

223/365 Capitán Nemo

  El imaginario de zoología fantástica tiene pocas criaturas que conciten la unánime opinión de que son de verdad fantásticas. La cualidad d...