14.4.21

Una patria

 

Las máquinas de coser Sigma 
en las confusas horas de la hambruna 
con Franco en sus saloncitos pulcrísimos, 
retratos de un abuelo lejano 
que muere cada noche en el frente, 
una virgen cosida a rezos 
con sus blondas de oro de Moscú
 y su brazo partido en una mudanza, 
una radio Telefunken de cuplé, 
doctrina, rosario y goles, que ameniza 
las infinitas tardes de domingo en los inviernos, 
cine con ambigú y manos que vuelan escotes 
y registran dobladillos de falda, 
la vida en blanco y negro la patrocina Cifesa, 
el nodo es el google de los pobres, 
las escuelas huelen a óxido y a catecismo, 
las nobles caligrafías en la flaca cartera, 
la enciclopedia Álvarez amarilleada por el uso, 
una estatua ecuestre en la plaza del pueblo 
con un jinete de un tamaño inconcebible, 
yugos y flechas en los bloques de vecinos, 
Doña Concha Piquer suspirando por la patria, 
los caídos por Dios y por España ,
los atormentados  y los administradores del tormento,
 toda la quincalla fantasma del orgullo, 
retirada del pecho y del gesto, escondida 
en el sótano, en los cajones 
más hondos de la memoria, 
la camisa azul y el sagrado corazón de Jesús, 
las heráldica del yugo alfombrando 
salones de palacio, los que hubiera,
 la bata de cola recogiendo 
el polvo de los tablaos,
Don Santiago Bernabéu en tribuna,
 Gento y Puskas hocicando el área, 
el cadáver de Lorca debajo del mapa, 
el ABC de antes, el coño de la Bernarda
 en boca de un borracho a las puertas del vicio, 
la carcoma yendo y viniendo 
por el aire como un himno, 
el ministro abriendo el mar 
como el altísimo en las estampas, 
espantando peces y electrones, 
Lola Flores patrocinada por el caudillo, 
los poetas de provincia en los cafés, 
en el esmero del verso, en el temblor 
y en el pánico de la palabra,
el hombre reunido con sus panfletos, 
redactando pasquines hasta la sumisa alba, 
contemplando el caos del aire 
envenenado por las palabras 
y por lo que las palabras tutelan, 
el hombre, ya digo, ensimismado, 
comprado, sometido, rebajado, 
el hombre en una mínima expresión 
hasta que llegue el día y abra la luz 
en el horizonte un edén 
sencillo de gentes de a pie 
que se hablan y se cuentan 
y no tienen miedo y viven a su antojo 
sin que nadie les vigile ni les mande 
más allá de la vigilancia y del mando previsible 
que se ejerce discretamente y sirve para lo mismo

1 comentario:

eli mendez dijo...

.."hasta que llegue el día y abra la luz
en el horizonte un edén
sencillo de gentes de a pie
que se hablan y se cuentan
y no tienen miedo y viven a su antojo
sin que nadie les vigile ni les mande
más allá de la vigilancia y del mando previsible
que se ejerce discretamente y sirve para lo mismo.." Amén..
Y a todo el poema en el que has hecho una descripción tan sublime de verdades y vergüenzas.. Aplausos.
Un abrazo y excelente tarde

224/365 Bruce Chatwin

  La patria es el reconocimiento íntimo de un paisaje, escribió Jorge L. Penabade en su inagotable Gabinete de curiosidades (Amarante, 2020)...