6.4.21

Dietario 96

 La escritura posee su propia cartografía: se la puede embutir en un patrón y extraer pautas y elaborar incluso un procedimiento creativo, una especie de guía confiable. Luego se echa en falta un ingrediente que acaba malogrando la copia. Cree uno que sabe cómo escribe Cortázar porque ha leído muchísimo Cortázar, pero nadie escribe como Cortázar. En ocasiones ni el propio Cortázar escribiría como Cortázar, y ya estoy incurriendo en esa inclinación un poco involuntaria o inevitable de que la escritura de uno sea la del autor sobre el que se piensa o del que se está leyendo algo o se ha leído mucho. Lo difícil es encontrar un estilo propio, no distraerse con las voces conocidas, no dejarnos engatusar por lo que nos guste en los otros. Los años Kafka hacen que escribas a la Kafka. Y hay también años Poe o años Borges, periodos fértiles en los que la literatura nos explica más que la propia vida y en donde nos afanamos por encontrar un asidero sólido al modo en que lo ofrece la religión a quienes abrevan en ella. También somos un poco de las personas cercanas a las que amamos. Razonablemente debo parecerme a mi mujer y ella (espero que no mucho) un poco a mí, no es algo de lo que presumiría. Nudos narrativos. Ignoro cuál será el mío, si es que alguno hay. Tampoco me preocupa tener uno mientras siga escribiendo. Sospecho cuáles me son más afines y poseo una certeza absoluta sobre los que no me incumben en absoluto. Ya no tengo a ningún autor en la cabeza o no como los tuve, guiando mi crecimiento como escritor, tutelando la travesía de la sintaxis y de la hondura de las palabras. . Escribir es siempre un ejercicio de riesgo. Vivir también. Qué más da. 

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