22.4.21

Dietario 101

 Lo que no hay es paciencia, la hemos dejado atrás la paciencia, hemos pensado que ya no va a ser útil nunca más la paciencia,  porque en el vértigo se vive mejor o se vive más rápido que en ella, que es tornadiza y de pronto irrumpe en prisas o de pronto cae en la pereza. La velocidad es lo único que importa. Velocidad y llenado: volcar en un cajón todo cuanto encontremos, echar los capítulos de la serie que estás viendo, la confidencia del amigo, la lista de la compra, las palabras que alguien recuerda que dijiste y abrir el cajón, demorarse en la visión de lo que contiene el cajón, pero no usar lo que hay, no saber qué manos amorosas lo facturaron, en qué privada fantasía cobró cuerpo lo que hemos ido arrumbando ahí dentro, en el cajón, que es un libro con todos las páginas en blanco, que es un pedazo de vida por llenar. Lo que no se mueve no es vida, aunque la gobierne el confort y la mimen los astros de los libros antiguos, por eso debes continuar moviéndote, debes hacerte sólido en los desplazamientos. Exhibe seguridad, mejora la calidad del paso, merece el vértigo y no se te ocurra pensar en parar, no, no pares. No haces nada en lo quieto, solo es una distracción esa quietud, un remanso, un vacío y el vértigo es más productivo. La paciencia no importa, no te dejes nunca engolosinar por quienes la venden como algo bueno. Velocidad y más velocidad. Hay días en que necesitas parar: decir basta, pero sin entusiasmo. Un decir ese basta que no parezca definitivo, un basta con posibilidad de desdecirse. Hablar es desdecirse. Escribir es merodear las palabras, buscarles un sentido, tantear la realidad, no dar con lo que de verdad (será verdad, qué va a ser si no) contiene la realidad: contiene velocidad, contiene vértigo, contiene fiebre. Escribir un diario es llevar la cuenta de la velocidad, llevar la cuenta del vértigo, llevar la cuenta de la fiebre. Será otras cosas, pero ésas cuentan. 

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