23.6.08

Iker, Cesc y todos los demás


Lo bueno que tiene el fútbol es que un gol puede cambiar la Historia. No hay otra disciplina artística o cultural que pueda presumir de conseguir tantísimo con tan escasos mimbres. Es la magia del gol, esa proeza de la dinámica de los cuerpos en movimientos en que un balón se aloja en una portería para alborozo de los cofrades de esa liturgia. Por eso ayer España, la Roja, la selección de fútbol, enmendó el curso errático de un país y todos los españoles ingresaron en el plácido sueño con la cara de Iker Casillas brincando como un colegial al que le hubiesen dado el día libre. Un gol contra Italia compensa la subida del precio del barril de petróleo o hace olvidar cómo se pierde la Oposición política en cainismo y en egos maniatados. El gol de Cesc Fábregas a Giancarlo Buffon es más que una simple evidencia de las leyes de la física: se convierte en una obra de arte mediática, en la certificación de que el azar, por muy bicho cabrón que sea cuando se le planta, también concede treguas, pequeñas licencias para que el júbilo sea patrimonio de todos y no lujo de unos cuantos, pero nada dura para siempre y lo mismo que hoy el feligrés de esta santa hermandad balompédica (yo mismo me siento, en ocasiones, uno de ellos) celebra la festividad de la concordia nacional, que aparca por unos días su precariedad laboral, su debilidad monetaria, su fragilidad cívica y todas las pandemias de la delicuencia organizada y sin organizar que asolan la epidermis patria, para sumergirse sin brizna de pudor en la contagiosa sacudida eléctrica del gol. Hoy no se habla de otra cosa. Da igual que la calina en mi tierra esté abrasando los cerebros y empezando a fundirlos hasta hacia principios de agosto ya ni razonan ni entienden. Hoy mismo he visto escolares gritar a pleno pulmón España, España, España. Y he estado a punto de preguntarles qué era España. Los del 98 se exprimieron la sesera a la búsqueda de una definición para lo nuestro y se murieron con el folio a medio rellenar. Ahora tenemos el gol de Fábregas y las paradas de Iker. Ahí reside el élan vital, el soplo vivífico, el numen puro.
Además, como motivo extra de alborozo, ha sido a Italia a la que hemos abatido. Eso, a decir de los antiguos, ha sido el colofón perfecto a tanta dicha. Rusia, el jueves, nos abroncará tanta alegría. Estamos hechos para el dolor. Volveremos al tedio, al pesimismo ilustrado con episodios puntuales de la Historia reciente. Recordaremos el precio del barril, los índices de precios al consumo, los números del paro y el calentamiento global. Mientras tanto, San Iker, San Cesc

1 comentario:

Anónimo dijo...

porco fútbol, que sólo trae vítores tribales

a mí me enerva elfútbol y también los toros

las dos inventos más detestables de la sociedad de consumo que confunde el arte con la barbarie y la mediocridad

diferirá conmigo pero es lo que hay


juan f.