18.5.09

Todo está lejos: En la muerte (esta noche) de Mario Benedetti


Todo son modos de decir y todo está lejos. Él mismo empieza a estarlo. Yo mismo. Lo remoto, a veces, se aproxima. La muerte nos ha pillado prevenidos, pero no ha dejado de ser una punzada en el corazón. Algunos libros de las estanterías, unos más que otros, se acercarán a los de Mario Benedetti y les consolarán. Les dirán que los hizo un buen poeta y probablemente, sólo había que ver su cara y hurgar un poquito en lo contado, una buena persona, pero a mí me gustaban sobre todo sus cuentos. Que no haga ya ninguno más no me va a hacer sentir peor.

14.5.09

The shark in the Met


I
Vivimos en un mundo imperfecto en donde un tiburón muerto conservado en formol, obra del hortera Hirst, vale seis millones de euros y lo visitan dos mil personas diarias. El mercado, que es en el fondo una bestía políglota, crea la necesidad del tiburón muerto conservado en formol, ridículamente reducido a distracción burguesa, crea la certidumbre transcultural de que in tiburón muerto conservado en formol responda a algún tipo de belleza a la que podamos fijar un texto y crear un patrón.
II
Vivimos en un mundo imperfecto en donde Cristiano Ronaldo, que es un excelente jugador de play station, ocupa cuatro minutos de televisión al día, y en donde Tomás Segovia, un excelente poeta de la luz, no pasa de ser un objeto de consumo mediático que úcanicamente ofrece un feedback sentimental (hermoso, luminoso, emocional) sólo al alcance de unos cuantos elegidos.
III
Vivimos en un mundo imperfecto en el que el líder (es un decir) de la Oposición (otro) dice que la bancada socialista no sabe leer en el incomparable (y ya digital) marco del Estado de la Nación. Tengo muy claro que la política puede ser un juego de iletrados: alfabetizar tampoco garantiza una gestión imparcial, limpia, productiva y moderna de lo público.
Rajoy, faltón a oído de zetapé, cree que la izquierda es todavía una camarilla de domingueros con ínfulas sindicales o viceversa, que confabulan entre cuñas de tortilla de patatas, libros de Sartre y Bakunin y botas de regio vino de la tierra sobre el fin de la opresión franquista y Zapatero, gurú de sus cosas, emperador de los parias del mundo, azote de accionistas de la Cope, cree que la derecha es todavía una mala zarabanda de caciques con virgencita en la billetera, gomina en el pelo y fe ciega en el poder de los líderes naturales que la naturaleza va entregando a su santo capricho y que Dios, allá en su sacrosanta morada, dispuso.
IV
Vivimos en un mundo imperfecto, uno que abraza, en ocasiones, la máxima romana del pan y del circo: anoche el pueblo llano, aunque nunca entendí muy bien eso de llano, descendió al centro mismo de la catarsis y vibró (esto de vibrar en casi todos los casos es ya un reclamo semántico quemado, un bucle léxico/tóxico) con once tíos pegándole patadas a un balón. Y juro que yo también disfruté, comido como estoy de heptamínicos y con un sueño atrasado de una semana, con el espectáculo. Pan, circo, Dios, mundo: el tiburón abasteciendo de milagros al pueblo llano.
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13.5.09

Darwinadas


I
Sostenía Darwin que la Biblia de Jesús era un campo minado de metáforas, con el peligro que la diversificación simbólica trae a los lerdos y a los iluminados. Del Antiguo Testamento escribió que era una doctrina de bárbaros. Nietzsche (Ecce Homo) escribió que el alma inmortal fue "inventada para despreciar el cuerpo, enfermarlo..". K, que lee a Onfray y descarga podcasts de una Asociación de Ateos para oír de noche, tumbado en su cama, inspirado por esa quietud absoluta, suelta a veces que la Bíblia es un enorme error tipográfico. Banalizar la fe no siempre es un ejercicio conveniente: no únicamente por la cinética topológica ni por el inventario de prodigios que la devoción ha manuscrito en la piel de la Historia, pero son éstos tiempos de desafectos y el creyente se está convirtiendo en ciudadano a pasos agigantados. No se entiende la sociedad con Dios y tal vez tampoco sin él. Ahí andamos los unos y los otros: manejando las cartas de la razón y de los flecos formidables de la fe.
II
«No debemos pasar por alto la probabilidad de que la introducción constante de la creencia en Dios en las mentes de los niños produzca ese efecto tan fuerte y, tal vez, heredado en su cerebro cuando todavía no está plenamente desarrollado, de modo que deshacerse de su creencia en Dios les resultaría tan difícil como para un mono desprenderse de su temor y odio instintivos a las serpientes».


Charles Darwin, Autobiografía


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12.5.09

Ese chico triste y solitario...

La capilla ardiente del músico y compositor Antonio Vega, fallecido hoy, martes 12 de mayo, quedará instalada mañana, miércoles 13 de mayo, a partir de las 13:00 horas, en la sede madrileña de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), C/Fernando VI, 4 - Metro Alonso Martínez, de la que formaba parte desde 1980. Autores, seguidores y amigos podrán rendirle homenaje y darle su último adiós en la Casa de los Autores hasta el jueves 14 de mayo, cuando sus restos mortales serán trasladados al Cementerio de la Almudena para su incineración, pero Antonio Vega no ha muerto, aunque el poeta que cantaba o el cantante que escribía poemas no esté ya entre nosotros, los vivos, los que buscamos un hueco en la rutina del martes para escribir una condolencia íntima y preparar un disco de Nacha Pop con el que recordarlo esta tarde. Una décima de segundo (qué joya del pop...) vale para el tributo. Si yo creyese en la otra vida, pensaría que está en el cielo (como Curro El Palmo, al que le puso voz por obra de Serrat) cantando La chica de ayer a algún desavisado que no la oyó nunca...

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8.5.09

X-Men Orígenes: Lobezno: Alta traición Full HD


Viendo X-Men Orígenes: Lobezno, es decir, spin-off, precuela, capítulo cero o inversión narrativa de la saga de los mutantes que la Marvel alumbró en su época dorada, uno no sabe muy bien qué pensar o quizá se trata precisamente de pensar bien poco. En eso de no pensar hay que considerar que quizá lo que interesa sea ver mucho: a poco desgaste del intelecto, muchas flexiones del iris. Y tampoco hay tenemos suerte. X-Men Bla Bla Bla es insulsa y ni siquiera la artillería óptica nos hace olvidar lo descuidada que es su trama y el poco brío que Gavin Hood ha empleado en filmar una historia que (imagino) no acaba de creerse y que, en consecuencia, tampoco permite que creamos nosotros, los incrédulos, los que acudimos al cine (yo con mi hijo a ver si me daban una sorpresa y salía batmanizado una vez más) para disfrutar del espectáculo de la pirotecnica visual. Admitimos incluso que el guión sea enclenque y consentimos que la trama (caso de que la haya) se diluya cuando el presupuesto hace triunfal acto de presencia y los efectos especiales nos aturden. Yo lo que quiero es eso: que me aturdan. Y juro por la Visa Oro de Stan Lee que salí disminuído, derrotado, convencido de que una oportunidad preciosa se había perdido irremediablemente. Además, por más que busqué, y juro que busqué, no vi el habitual destrozo moral de los protagonistas, el hundimiento del héroe, la debacle pura y dura antes del regreso épico. Y X-Men Bla Bla Bla 2.0 es la parte más endeble de la fantástica maquinaria de explotación comercial del producto llamado Lobezno, incluyendo videojuegos en todas las plataformas y los muñequitos del menú infantil en el McKing de siempre. Estarán los jefes del asunto (Hugh Jackman en persona pone parte de la pasta del bicho) frotándose las manos pensando en el momento en que la industria termine de empaquetar los BluRay de marras. Qué alegría., Qué despitote. Qué Full HD.
No vi (insisto, no tengo otra cosa qué hacer ahora mismo) rastros semióticos, huellas de Shakespeare, palimpsestos borgianos, toda esa retahíla metalingüística con la que la crítica moderna abastece de literatura plasta las revistas serias de cine, caso de que haya todavía alguna en circulación y el personal no se haya percatado de que la verdad no está ahí afuera, sino aquí bien dentro, en la burrosfera ésta en la que unos cuantos lunáticos con verborrea nos explayamos en las tardes de mayo. Ya se sabe: cuando el demonio no tiene nada que hacer con el rabo mata moscas...

7.5.09

Kafka da jaqueca


Me lo dijo anoche K. en el tercer gintonic: Leer es una actividad de riesgo. Algunos escritores son más declaradamente perniciosos que otros. A mí, en particular, Kafka me sigue produciendo jaqueca. Ningún escritor, salvo los muy sencillos y de recursos muy limitados, carece de efectos secundarios. He visto almas en desquicio tras consumir generosas raciones de literatura rusa del diecinueve. Ya sabes, Tolstoi, Dostoievski, Chéjov, todos esos. He visto cómo Baudelaire ha malogrado el candor y la inocencia de amigos educados en principios y valores nobles. No se puedeer Las flores del mal, digo leerlo de verdad, sin salir magullado por dentro. Y donde digo Baudelaire pongo Miller o Pessoa o Canetti o incluso Gil de Biedma, del que el otro día escribías algo en tu página, Emilio. El escritor, incluso el más ortodoxo, el que más y mejor se arrima al patrón clásico, es un activista, una especie de propagandista al servicio de su insufrible y quién sabe si reprobable ego. El escritor extremo es un conjurado, un terrorista invisible, la clase de terrorista melancólico que hace detonar su material a distancia, bien refugiado, bien lejos, y crea en quienes lo leen la zozobra moral, el desamparo vital que él mismo, descorazonado, posee. No conozco a nadie que escriba desde un estado absoluto de felicidad. Cuando uno es feliz, la escritura es un obstáculo, una rémora. Escribir, a la larga, siempre es una agresión al lector, salvo que consideremos la obra de esos escritores de verbo cándido que únicamente merodean las cuestiones y rozan la costra de la forma sin hocicar como deben en el interior enfebrecido. Porque la realidad, amigo mío, está enquistada y la literatura es el único modo de preservar el juicio. Tal vez escribir sea la única actividad verdaderamente ética en estos tiempos. Y leer, ya te digo, una actividad de riesgo. Claro que ahora vamos a servirnos el cuarto gintonic y a lo mejor me desdigo y dedico la lucidez de la noche a contarte cómo me sentí cuando Iniesta, en el minuto 93 clavó la pelota lejos del alcance de ese portero de la segunda guerra mundial, Cech, ¿no se llama así?. En algún libro alguien lo habrá explicado esto mejor que yo.

3.5.09

Libros

Me alimentan los libros. Me curan. Me abastecen de júbilo. Me reconfortan. Me alejan del frío. Me procuran la certeza de que nunca voy a estar solo o de que nunca voy a sentir ese sentimiento del que algunas veces he oído hablar o he leído algo y que consiste en aburrirse. Creo que no me he aburrido en mi vida. He pasado la barrera muy psicológica (como casi todas) de los cuarenta y he conocido situaciones donde tal vez el aburrimiento haya encontrado alguna puerta secreta por la que colarse e inocularme su tanda vírica, su ejército de moléculas malvadas, pero he logrado salir victorioso. La culpa de ese pírrica, aunque en mi reconcentrada alma, dondequiera que ésta pueda encontrarse y tenga encomendada la empresa que le haya sido encomendada, victoria la tienen los libros. Y no sólo los libros. La tienen los discos y las películas. No acudo al recetario ecológico en el que el tozudo buscador de emociones sale al campo y pasea vías verdes y retoza el ojo encaramado a un risco desde donde el paisaje es una exuberancia incontestable de belleza pura y epifánica. Tampoco, en esta ocasión, plegado todo al propósito laudatorio de mis vicios, caigo en la cuenta de que uno tiene amigos y tiene familia y es capaz de cubrir casi cualquier inconveniente sentimental con lo que buenamente te dan y con el amor indiscutido que te ofrecen. De hecho tengo también, puestos a tener certezas, la que se basa en la disposición absoluta de esos bienes humanos (qué mal me expreso hoy) para elevar la cumbre de cualquier día. Los días, ya lo sabemos, son en ocasiones cumbres que hay que escalar. Duerme uno por la noche en esa trabajada cima y se levanta por algún inargumentable trabajo del azar o de las fuerzas telúricas que gobiernan los sueños abajo, en la limpia superficie desde la que volvemos a afrontar la subida. Prescindo de todo eso y me acurruco en la cultura, en la belleza que da el conocimiento, en la suprema verdad o la suprema diversión que se agazapa, como milagro privado y perfecto, en las páginas de un libro, en los fotogramas de una película o en los pasajes sonoros de una canción. Me pierdo entonces en la fabulosa compañía de quienes inventaron un mundo que completara el mío. De eso, al fin y al cabo, se trata y en ese cometido es en donde la literatura justifica enteramente su presencia. Y razono, y mira si hay asuntos de difícil razonamiento, con toda la potencia de mis sentidos, conmovido, asombrado, convencido de que la felicidad está siempre ahí, a mano, al alcance de quien se obstina en encontrarla, que puedo uno perderse en esos paraísos, alejarse de la realidad, reformar una existencia discreta y convertirla en algo épico, en algo susceptible de ensancharnos el pecho y oxigenarnos la mente y conducirnos por la aventura fascinante del conocimiento o de la belleza o de la extrema conjunción posible, ese matrimonio perfecto en el que se ensamblan todos los recursos del talento y crean una criatura exquisita, absolutamente extraordinaria. Esa cosa, tal vez, sea el Arte. Hagan paso a un libro, vayan al cine, desprecinten (es un decir) un buen disco. Hagan todo lo posible por dejarse llevar por lo que otros crearon para ocupar esos momentos en los que el tedio o el desencanto o la rutina gangrenan los sentidos. El colmo es que busquemos esas golosinas para la mente sin que ni el tedio ni el desencanto ni la jodida rutina hayan hecho blasfemo acto de presencia. Quizá ahí, en esa voluntad formidable, resida (es una opinión) la felicidad más egoísta de todas.

2.5.09

Fútbol

Es probable que tan sólo fuese un partido de fútbol, pero siempre hay algo debajo. Hoy algunas certidumbres exclusivamente deportivas: la evidencia de que el Barcelona está en otro nivel, la conclusión de que la suerte o la fe o la garra son materia caduca, y está la celebración total del espectáculo, que es lo que esta noche han entregado, a modo de festín óptico, estos dos equipos grandiosos. Uno (al cierre) más grandioso que otro. Imperial. Incomoda el resultado, por los colores que le tiran a uno, pero agrada (y mucho) todo lo demás.

Bob Dylan: Together through life


Abran paso al Dylan renacido, el viejo rockero de 68 años, el poeta de los moteles baratos y de los intelectuales de izquierda, el que fue a ver al Papa, el que escribió la banda sonora de los parias del mundo y narró el desgarro generacional, el que tras 46 discos en el mercado sigue insistiendo en narrarlo, el hombre indefiniblemente lírico, maestro de maestros y eterno aspirante al nobel de Literatura, abran paso, dejen que nos abrume con esta zarabanda de cantinelas de taberna, salpimentada de acordeones (David Hidalgo, Los Lobos), salsa tex-mex y un inventario rutilante, confortable, lúdico y asequible hasta el desmayo de sonidos fronterizos, más en deuda con el folclore de los vecinos del sur que de los compatriotas del delta. Sólo hay que dejarse llevar por la tonada de This dream of you o por el torrencial espasmo de It's all good, la mejor canción del álbum, que lo cierra y remite sin rubor a ZZ Top.
Dylan ya no merodea el lado tormentoso de la vida: ahora precipita júbilo soluble, entrega entusiasmo, ritmos bailables y factura una obra intemporal, menos circunstancial y alimenticia de lo que sus fans más estrictos esperaban. En 1.997 sacó Time out of mind, el trabajo con el que volvió a ser considerado por la crítica. Algunos años después el maestro sigue en racha, jugando sus cartas con el talento de quien lleva más de cuatro décadas gobernando algún país remoto alojado en el corazón del hombre.
Por eso Together through life emociona, conduce a un territorio mítico, cinematográfico. Por eso hay que darle paso, quitarse el eventual sombrero, rendirle tributo.

1.5.09

Instalación libresca






Cosmopoética, Córdoba, Abril 2.008
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Esto ilustra, únicamente en parte, una (como siempre) charla telefónica con mi amigo Jose Antonio. En cuanto regrese a la burrosfera, a la que ha decidido dar un descanso técnico, me contará qué le parecen estas instalaciones. Se llaman instalaciones.

Jazz / 19 / Tete Montoliú

Solía decir que cuando se miraba al espejo veía un pianista negro. También que prefería un músico con el que tocara del que supiera que era ...