25.7.07

Smiley II: crónicas de verano

La España provinciana restalla en los pasquines católicos a pie de altar que la feligresía cincela a verbo puro para que este gobierno laicista, gallardo y filantrópico sepa que no tragan con los fastos de la ciudadanía y con los desprendidos gestos igualitarios de ZP. Esa España perturbada ve cómo un líder socialista resultón y épico deconstruye a golpe de decreto el legado humanista, toda la catedral milenaria de su causa, victoriosa siempre sobre los embates paganos, republicanos, marxistas y hasta gubernamentales. La España escandalizada por el intervencionismo estatal, que es como una competencia inaudita en lo que, antaño, era privilegio del cura párroco, de la curia capitalina y de los catecismos bendecidos por la Santa Sede. Así que España hace aguas monclovitas y se ahoga en su lento ingreso en el laicismo, que es una palabra novísima, aunque lleva toda la vida en los diálogos de iniciados y en las tertulias de barra de bar. La España laica abroncada por la España creyente es la historia antigua de los dos bandos súbitamente conjurados a ningunear la voz del otro. La España rústica de los veranos de doctrina diminuta se anima con estos alzamientos verbales. Hasta Polanco, señor del feudo libresco, es decir, de la cultura organizada como tutora de las masas, ha muerto en días claros, rebajados de la tensión política habitual y preámbulo de lo que ya sabemos que trae agosto, la vida amortiguada, los periódicos menguados, todo muy new age para que España no se agite en exceso y consienta, en su vértigo bimilenario, un receso pequeñito, un alto el fuego dialéctico. Por eso Polanco, el hombre al que todos los demás conceden trono y voz de mando en la Historia reciente, ha muerto en julio, en rumor de reverencias y desafectos, pero en primera página, sin que ninguna artillería de mayor calibre le reste pompa y circunstancia. Los sociales y los populares le han rendido tributo en columnas y en improvisados testimonios de calle y no sabremos nunca qué hubiese pasado si en lugar de conducir la nave complejísima de la patria desde la trastienda, en timón invisible, hubiese ocupado plaza electoral y sometido a sufragio popular su cruzada mediática, pero hay gobiernos invisibles (Bruno Cardeñosa dixit) y poderes sutiles que tutelan el diario de un país y le proporcionan su caligrafía doméstica, barroquizada o infantil, críptica o femenina, es lo mismo, de lo que se trata es de darle prosa al castillo de naipes de la patria y traer al disparadero las filigranas amatorias de los príncipes para que el pueblo, la grey, la otrora gleba conformista, regrese al debate antiguo sobre las monarquías. Lo de El jueves, ya saben, es baladí, cosa que el verano acabará por esconder y dar paso a asuntos de mayor trascendencia. Tal vez espías rescatados del sótano de la corte: topos en La Gran Vía. La España condenada a buscarse todavía porque no le ha bastado su periplo de siglos y quiere verse en este siglo XXI convulso y relativista, arrodillado al dios de la tecnología y cada vez más escorado, cuando no fugado, del dios de la cosecha y de los evangelios. Por eso triunfa entre la población lo cívico, la cartografía exigente de la libertad y de la igualdad, que ZP ha descubierto y ha ofrecido a beneficio de campos y asociaciones de vecinos.Eso es capítulo aparte y habrá que volver a John Le Carre. Smiley ha vuelto a lomos de una ola salvaje para enseñarnos que nada ha cambiado en exceso.

1 comentario:

RAMÓN CABEZAS PUCHOL dijo...

EL DIOS DE LA COSECHA, COMO DICES, ES EL DIOS CRISTIANO Y NO PUEDE SER REDUCIDO A LA FRIVOLIDAD CON LA QUE DESPACHAS ALGUNOS TÉRMINOS. LA RELIGIÓN ES ASUNTO DE MUCHA IMPORTANCIA COMO PARA PONERLA EN LA MISMA CARRERA QUE LA POLITICA, LA FAMA O LA MISMA LITERATURA.