23.7.07

Paleoliteratura doméstica

Leí en algún sitio que los alfareros chinos manuscriben en la base de sus vasijas y jarrones alguna epifanía de la fe que profesan, algún tipo de manifestación sobre la verdadera naturaleza de su exacta función en el mundo. Esa firma personal permanecerá ajena al concurso de la luz en el fondo de sus obras. La oscuridad velará la integridad de ese mensaje íntimo, que está a salvo de la injerencia de lo humano y que no está sujeto a las modas y a la fanfarria frívola del tiempo. La paleoliteratura es una disciplina de nuevo cuño y cela tesoros formidables en el poso de los años.
En este siglo XXI, problemático y febril, el alfarero chino escribe en word y registra su prosa secreta en un archivo alojado en un disco duro. Los años devastan todos los soportes. Ni la cerámica china soporta el vértigo de los siglos.
El escritor es el hacedor de prodigios, un notario sensible, un alfarero chino que oculta en la literatura explícita la obra verdadera, el propósito de su empresa.
También el pintor privilegia en su pintura una intención épica, simbólica, rayana en lo mesiánico. En todo obra de arte, si en verdad lo es, subyace, sublime, una línea de texto secreta, una epifanía.
El manejo feliz de estas frivolidades de ocioso libresco procura un júbilo menudo, pero intenso, un distraído espasmo súbitamente alojado en el centro fascinante de un párrafo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Un amago de palimpsesto a modo de orgasmo o viceversa es lo que se desprende de lo que escribes, no tengo ninguna duda de que es verdad.

el nuevo pijoaparte

Alex dijo...

La práctica que describes es similar a lo que hacian los albañiles encargados de levantar las catedrales medievales. Escribian crípticos mensajes en las piedras con la esperanza de que la oscuridad y el silencio los salvaguardase. Así ocurría y así ocurre en cualquier ámbito que precise de la creatividad. Soy de los que piensan que en lo que cada uno escribe se esconden las piezas dispersas de su vida, sus esperanzas y sus frustraciones. Un mapa, en el fondo, en el que nos comunicamos de modo sordo con los demás. Sólo hay que saber mirar. La parte más difícil.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

¿ qué hacemos escribiendo en blogs, alex ?
Tal vez deberíamos hacer como el personaje de Melville en su célebre cuento: preferiría no hacerlo, el sr. Bartleby. Pero entonces...
De todas formas, yo también soy de los que piensan que la escritura delata el alma. Que escribir es poner la conciencia en claro y extirpar gangrenas mentales, tumores varios que enfangan la pureza primera, que ya no está. Los albañiles de las catedrales, ¿ harían blogs ? Déjalo, ya desvarío, es tarde.

hummmmmmmmm dijo...

Un comentario parecido lo leí en el país hace no mucho. No eran alfareros ni albañiles, sino poetas crípticos, codificados o como se quiera llamar que cifraban sus mensajes en sus poemas de modo que sólo entendiendo su contenido aparente puedes acudir al contenido real, el que está oculto. No dejéis de escribir blogs, Alex, Emilio, porque no estamos ya en la epoca de las catedrales.