

Ofelia tiene una tiza que abre puertas en las paredes de un casa rural que sirve de cuartel a un destacamento nacional.
Afuera, en el bosque, están los maquis y un laberinto con un fauno y hadas.
Hay un capitán de falangistas q
ue, en realidad, es un demonio, aunque se afeita con delectación y
Afuera, en el bosque, están los maquis y un laberinto con un fauno y hadas.
Hay un capitán de falangistas q
ue, en realidad, es un demonio, aunque se afeita con delectación ymimo, se limpia con exquisita pulcritud sus botas de mando y escucha en un desvencijado tocadiscos copla.
La mamá de Ofelia está embarazada de su segundo esposo, el capitán. El hijo que viene la tiene enferma. Una planta de mandrágora bañada en leche que Ofelia coloca debajo de su cama puede curarla. Ese remedio se lo confiesa el fauno a la niña a cambio de que se centre en su verdadero cometido: superar tres pruebas.
En la prueba uno, hay un sapo. En la dos, un hombre pálido con ojos en las manos. En la tres, un laberinto.
El laberinto del fauno, la película de Guillermo del Toro es un prodigio absoluto, un encantamiento de ciento doce minutos, una subida al cielo de los cuentos de las hadas y una bajada al infierno del alma humana, contaminada por la barbarie de la guerra, pero la fantasía de Ofelia, su mundo de insectos encantados y de portales que obsequian la felicidad de otro mundo, se imbrica con el real y lo solapa de forma que lo que sucede en uno acaba modificando los acontecimientos del otro. Del Toro lleva con maestría estos dos tonos, el adulto y el infantil, y no se aprecia fractura en la fluidez narrativa de ambos.
Los actores están en estado de gracia. No hemos visto trabajar así a Maribel Verdú. Tampoco a Sergi López. Ariadna Gil, en su más breve papel, borda su madre atormentada por el bienestar y el sacrificio.Alex Angulo, el médico. Y la niñ, Ivana Baquero, que iba para princesa y queda en hijastra de capitán fascita hace una interpretación portentosa.
La mamá de Ofelia está embarazada de su segundo esposo, el capitán. El hijo que viene la tiene enferma. Una planta de mandrágora bañada en leche que Ofelia coloca debajo de su cama puede curarla. Ese remedio se lo confiesa el fauno a la niña a cambio de que se centre en su verdadero cometido: superar tres pruebas.
En la prueba uno, hay un sapo. En la dos, un hombre pálido con ojos en las manos. En la tres, un laberinto.
El laberinto del fauno, la película de Guillermo del Toro es un prodigio absoluto, un encantamiento de ciento doce minutos, una subida al cielo de los cuentos de las hadas y una bajada al infierno del alma humana, contaminada por la barbarie de la guerra, pero la fantasía de Ofelia, su mundo de insectos encantados y de portales que obsequian la felicidad de otro mundo, se imbrica con el real y lo solapa de forma que lo que sucede en uno acaba modificando los acontecimientos del otro. Del Toro lleva con maestría estos dos tonos, el adulto y el infantil, y no se aprecia fractura en la fluidez narrativa de ambos.
Los actores están en estado de gracia. No hemos visto trabajar así a Maribel Verdú. Tampoco a Sergi López. Ariadna Gil, en su más breve papel, borda su madre atormentada por el bienestar y el sacrificio.Alex Angulo, el médico. Y la niñ, Ivana Baquero, que iba para princesa y queda en hijastra de capitán fascita hace una interpretación portentosa.



























