24.10.06

THE GUARDIAN : Pirotecnia submarina





Escasemente meritoria, no redundará en la muy alicaída carrera cinematográfica de Kevin Costner, lastrada desde Bailando con lobos, aquel tour de force de historia de los Estados Unidos, que reventó taquillas y puso al actor y director en primera plana del cine del último tramo del siglo XX. Como nadie vive de las rentas, Kevin Costner ha ido procesionando, con mucha pena y algún contado émulo de gloria, por cintas cuyo hospedaje final era la estantería del videoclub de turno. Nunca la memoria del cinéfilo. Aquí todo discurre por territorios trillados, aunque hay que reconocer un factura espléndida y un argumento bastante entero, que falla en la complicidad del espectador cuando éste vive fuera de los USA y no se ve reconocido en estas aventuras de salvamentos en alta mar, que aquí nos suenan ( verdaderamente ) a propaganda del espíritu americano. Y de ese género estamos bastante abastecidos, desgraciadamente.
El héroe retratado es admirable. No entramos en esta crítica en valorar el aspecto estrictamente épico de la trama, que lo tiene. No es de recibo cuestionar a este Cuerpo de Nadadores de Rescate de la Guardia Costera: merecen, a lo visto en el film, nuestro respeto. Da igual que vengan de Suecia o de las costas de Florida.
El papel de Costner es goloso: es el experto rescatador ( y no hay Cangurolandias ) que vive una experiencia tremebunda ( la pérdida de compañeros, graves heridas en sí mismo ) y que es destinado a tutelar a jóvenes cadetes que principian maneras y ansían emular a su héroe. Hasta este punto, nada nuevo. La cosa mejora un poquito en el tratamiento de los sentimientos personales, de cómo las personas se involucran para llevar a cabo sus proyectos y de cómo el espíritu didáctico de la filantropía eleva el alma del ser humano y la convierte en un cimero ejemplo de valor y entrega a los demás. Sé que este marasmo de buenas intenciones es un pastelazo para el espectador que busque en el cine sensaciones de más intenso calado, pero The guardian contiene escenas de acción muy logradas y por eso ( en esa mezcla de cine a lo Frank Capra y cine a lo Renny Harlin ) la película no es mala por principios.
Los tópicos que maneja el argumento son los tópicos de toda la vida, amplificados ahora: convertidos en catecismo del aspirante a héroe. Que Andrew Davis tome los mandos de esta película garantiza, por lo menos, un rato ameno, limpio, carente de dobleces, entregado al disfrute de una imágenes convincentes y un tratamiento honesto de lo que está narrando. Davis brinda un perfil psicológico muy básico de los actores: no sabe llegar a más. Sí que se esfuerza en reproducir con imaginamos que fidedigna visión el mundo de este Cuerpo de Militares. La cinta, en eso no hay margen posible de duda, logra implicarnos en la gesta de sus integrantes.
En otro orden de cosas, o es el mismo, podemos colegir que la vida de Ben Randall, el papel de Costner, es la vida de Kevin Costner. Esto es, héroe venido a menos que se presta con empeño a conducir a otros allá en donde él estuvo y en donde triunfó. El cine. La vida. Qué importa.
Me pareció muy significativo el rol de hombre ya curtido en mil batallas que Kevin Costner abandonó al albur de sus seguidores en su visita a España, de promoción. Vi un hombre entero, consciente de su languidez, de su decaimiento, de su falta de perspectiva. También de su declive honroso. Sus comentarios, recuerdo que algunos muy jocosos, enfatizan esto que digo.
Tenemos pues una película de leyendas vivas, eso que tanto entusiasma al público yankee.
En Lorca, en Logroño, en Córdoba, en Santa Cruz de Tenerife, The guardian no va a despertar pasiones de esas que llamamos universales. Hay sentimientos muy idiosincráticos. Éste lo es en un modo casi extremo, pero ahí tenemos a nuestro Almodóvar, un genio, un visionario, que hace lo suyo, lo castizo, lo íntimo ( lo manchego ), universal.
En onda a otros películas recientes, The guardian se deja envenenar por cierta querencia hacia lo religioso. Pareciera, en tramos del film, que estamos asistiendo a una homilía, a una liturgia de la salvación, a una redención del alma a través de los golpetazos tridimensionalizados de las olas salvajes. Y ahí a mí me sobrecogió e impresionó mucho más La tormenta perfecta.
Ah, se me olvidaba, hay también ( cómo no, cómo no ) romance entre grumete graciosito y chica provinciana.

Toma ya.

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