19.3.26
La memoria del jazz
La memoria es un atlas ciego. Uno recuerda a tientas. Cree dar con algo que puede imponerse a la realidad, personarse, como si fuese orgánico, como algo que estuviese nuevamente vivo. Hoy he sentido una de esas pequeñas epifanías del espíritu sensible al descubrir en la maraña de las plataformas de música este disco al que había perdido la pista hace (seré exacto) cincuenta años. Lo compré (y lo extravíe) en una de esas tiendas de discos de segunda mano en la que encuentras tesoros a precio razonable o incluso irrisorio. No creo que pueda explicar qué brinco dio este corazón mío al volver a ver la portada y, más que nada, al escucharlo otra vez. De la mano del disco han venido recuerdos que también estaba en esa bruma insensata que nos impide tener a mano todo lo que nos hizo feliz en una época. Ha vuelto el primerizo amor al jazz, que ahora es sólido y no para de crecer. Estamos los dos, el jazz y yo, bien. Somos una pareja maravillosa. Grappelli y Venuti son mis mejores amigos en este jueves atareado. Ya estoy en casa. Me lo voy a poner esta noche entero.
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