8.3.26

Diccionario de asuntos perdidos / 1 / Sinapismo

 

El sinapismo es "una cataplasma o emplasto elaborado con polvo de mostaza tradicionalmente usado como revulsivo para aliviar dolores profundos o congestiones bronquiales mediante la irritación local de la piel. Coloquialmente, el término se refiere a una persona o cosa molesta, pesada o que exaspera". 

Mi abuela Luisa, cuando la colmaba el nieto, me decía sinapismo. Yo aceptaba el engendro léxico sin mayor molestia. No daba interés en saber qué me decía, aceptaba sin más que lo que fuera que aquello significase correspondía cabalmente a mi compostura o a mi desempeño o cualquier otra cosa que de mí pudiera extraerse y que sirviera para definirme. He tardado en recobrar esa palabra, sinapismo, cincuenta años. Podría no haber vuelto a escucharla o a leerla. No es tanto el vocablo, la entrada en el diccionario, su tangible ahora existencia, sino lo que ha traído su reingreso en mi mi memoria semántica. Es agradecida, si se ve mimada. Da de sí espléndidas coreografías. Sabe cómo excederse, hasta comedirse, pero hay palabras suyas que comparecen sin que se tenga entera propiedad de su concurso. La de sinapismo reclama la parte de mi infancia que se desvanece poco a poco. En esta edad provecta, en estos tiempos de vocabulario mediocre, de palabras cortas, cuando no huecas o estériles, el sinapismo es el que da por culo, si se me permite el exabrupto. Uno ha visto y padecido lo suficiente como para entender de sobra qué significa esa manifestación gráfica excesiva, tal vez imprudente. Mi abuela no caía en ordinarieces, aunque es posible que no tenga yo recuerdo fiable y alguna saliese por su boca. Leo que el vocablo comparece por primera vez en el "Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes con las correspondientes voces francesa, latina e italiana", registrado en 1788 y compilado por el Padre Esteban de Terreros y Pando. Esta entrada es la que referencia el cataplasma, el ungüento, el alivio epidérmico. Es más tarde, en 1817, cuando lo incorpora el diccionario de la lengua española e incluye la acepción que yo aprecio ahora, la del plasta. Puede argüirse que esa acepción, plasta, como término coloquial usado para describir lo pegajoso, aplastado, casi escatológico y, añadida o metafóricamente, la persona pesada, molesta, cargante, coincide cartesianamente con la que yo prefiero, la de mi abuela y, ay, elegida para definirme en esa tierna infancia. Quién sabe, es posible que todavía siga siendo un sinapismo. Habrá quien lo refrende. 

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