20.9.22

263/365 Marina Tsvetaeva

 


Para Luis Felipe Comendador, que me indicó el camino. 


Seré una ciudad lejana y acudirán los huérfanos y los pobres. Daré mi corazón para que se hospede en su sangre el tumulto de los descarriados. Apartaré el frío con mis manos y le diré a Rilke que me ayude a encender el fuego con las suyas. Detendré la muerte con un poema que encuentre en mi pecho como un pájaro que durmiese y anhelase el vuelo nada más abrir sus ojos de asombro. Haré que dance mi cuerpo sobre una cuerda y tendré cerrados los ojos para que no cese la música cuando la corten. Caeré. Ni tierra seré sobre la que arrojen a los muertos. Colgaré mis huesos y abriré los ojos mientras el aire me despide.  






 

No hay comentarios:

Chet Baker habla con los ángeles

  La ocupación del ángel es la música de las catedrales. No podemos escuchar el arrullo de la piedra cuando la lame el tiempo. Nadie ha ente...