11.3.16


Decir no, acuartelarse, esgrimirlo de modo que nada lo quiebre ni le haga flaquear o hundirse. El no como una bandera a pesar de que ninguna nos entusiasme. No a lo que ofende y a lo que duele, pero también a veces un no circunstancial, no demasiado relevante, ni crucial. El no entonces como un modo de disuasión. Decir no sin ahondar en el porqué. No que cierra lo que promete abrirse. No vetusto, no primario. No porque es más fácil. Siempre exige menos la oclusión. La misma palabra (no) requiere un esfuerzo fonético mínimo. Se dice con una facilidad pasmosa. Después de dicha, el no vibra en el aire, se expande, adquiere un volumen que no esperaba ni quien lo formula. El no ahuyentado todo lo que lo circunda y trata de recomponerlo. No con ínfulas de un no mayor a veces. No verdadero, no hipnótico. No para que los demás sepan lo convencido que se está. El mundo funciona más negando que afirmando. Avanzar (en ocasiones) es un prodigio, un logro meritorio, un milagro tal vez. El no se prestigia también. Su contrario (el débil sí) se retira, permanece alerta, pero no plantea la batalla de antaño. El no ha hecho bien su trabajo. Es porque se está mejor negando, dicen los negadores. Negar es no involucrarse, se niega para no responder. Afirmar siempre es abrir una puerta. Están mejor cerradas. Es más confortable que no entre nadie. Ni que salga. Estamos lo que estamos. Que nadie vaya a venir ahora cambiando. 

2 comentarios:

Melmoth el Errabundo dijo...

En el anecdotario de la España franquista de Fernando Díaz-Plaja podemos leer: "Franco prohibió la película 007 contra el doctor No para eliminar cualquier referencia al "no" ante el referéndum de la Ley Orgánica". Albert Camus dice en El hombre rebelde: “¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no”. Elias Canetti: “Sutileza de la sumisión. ¿En qué núcleo se oculta el no?”. E.M.Cioran: “¡Huir de los embaucadores, no proferir jamás un sí!”. Juan Marsé: “Soy simplemente alguien que sigue diciendo no a muchas cosas. Todo se reduce a eso”. Y, sin embargo, amigo mío, lo único que a uno le educa realmente es lo que le lleva la contraria.

Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

No es el camino para no avanzar, pero también para hacerlo.
Se puede ir hacia adelante, negando.
Lo que no quita la brillantez y sutilidad del texto, Emilio.

A. H