21.2.09

Arpones en Jaén



A cuentas de la montería de Bermejo anda España cabeza abajo y la sangre desplazada mueve el mapa y da quebrantos al Estado llamado pomposamente del Bienestar. Se soliviantan los próceres de la moral y proclaman con los micrófonos de su facción tutelando la soflama que España se despeña con estos políticos de vuelo corto, gobernantes desatentos de lo que de verdad resquebraja la patria que, a su juicio, es el padecimiento económico, y de ahí, en cascada, proviene pulcramente todo lo demás. Así que cuando hablan de Bermejo y de sus piezas cinegéticas caídas con munición ilegal están hablando del aborto y de la eutanasia y de una cacería de más inconveniente y grosero interés que consiste en alborotar el patio y, en la revuelta, en el tráfago de votantes confusos y políticos pillados con la mano en la caja, y no en ese orden, descabalgar de su brillante montura al PP, tan audaz en su persecución electoral, tan cerca de sacarle un cuello a ZP. De lo que estamos hablando es de cómo una metedura de pata o de escopeta puede echar por tierra otros asuntos que tal vez requieran una más sobria y cabal investigación. Al modo en que Grisson, el contumaz agente del CSI, implora que no le contaminen las pruebas, los populares se han agarrado al símil que les conviene: la nefasta acción del Ministro ha contaminado las pruebas.
Eso de que un Ministro de Justicia, un juez de la Audiencia que instruye una causa importante y hasta un Jefe de la Policía Judicial se arrejunten en Jaén para darle gusto al viril instinto de la caza suena a folletín de Berlanga. Inevitablemente. Lo que barrunta la realidad ya lo ha insinuado la ficción. Si en lugar de ser todos de nacionalidad española y tener unos cuantos siglos a la espalda de tradición cinegética los protagonistas de esta ópera bufa hubiesen sido nórdicos, qué sé yo, o islandeses o de la Terranova más polar la historia habría sido de ballenas. Y hubiesen contado que no sabían dónde estaban arponeando: que ese acto infantil, por Dios, no puede distraer de la otra caza. Ballenas en todos sitios, en todo caso. Al juez Garzón, y no es cosa de chacota, ya le ha dado un aviso el débil corazón. La política es una actividad de riesgo. Y como el Capitán Ahab todos los políticos tienen una ballena blanca en lo más turbio de sus agitados sueños.

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