12.1.07

MUJERES EN EL PARQUE : Palabras sin secretos





Todas las emociones son previsibles. Todas las esperanzas. Y los miedos. Las contradicciones alientan un mundo imperfecto, inexacto, cómplice de todas las barbaries y de todas los prodigios que se han ejecutado en su frágil resistencia al giro, pero el mundo sigue girando y la retórica del giro ( de la complicidad en lo bueno y también en lo malo, de ese concepto abstracto de panteísmo integrador ) es útil para dar alguna luz a este sencillo ejercicio de cine muy semántico, forjado en torno a la moralidad de unos personajes necesariamente inestables, varados en la comunicación, hechos a decir y a escuchar, aunque no digan o no escuchen: quizá un signo de estos tiempos. Mujeres en el parque abona esta reflexión.

Felipe Vega y el guionista Manuel Hidalgo ofrecen una película limpia, sincera a más no poder, un universo de parejas que nunca caen en conflictos manidos por la abundante oferta de ese cine de relaciones personales, de parejas a lo Woody Allen, que se entregan y se rechazan, que se hurgan hasta dar con la clave que los redime de su hastío existencial. El cine de Vega ( recordemos la estupenda Nubes de verano ) va a caballo entre lo cotidiano y lo maravilloso y no se da a sus personajes su halo personal: los deja volar, libres; los filma con asepsia enorme, dejándoles triunfar y equivocarse.

El pequeño drama generacional planteado no da una solución a los problemas: los expone sin frivolidad, los acerca a la sensibilidad de quien, pasmado, observa cómo todo se articula bajo la fría capa de la incomunicación, que a veces viene vestida de soberbia o de hipocresía o de debilidad.Está inmensa la actriz Blanca Apilánez.

Lástima que el final, algo ridículo, aleje la impresión última de la pura excelencia. Tampoco colabora cierto desalojo formal en escenas que entendemos clave ( la escena del bar con los clientes que acaban yéndose )...

5.1.07

HARD CANDY : Caramelo ácido








Las películas sobre pederastas no abundan: es un tema de espinoso tratamiento que suele despertar escaso interés entre el público. El mérito de Hard candy reside en revestir un argumento sobre anomalía moral que repugna a quien tiene bien vestida la azotea con trazas de thriller muy logrado a caballo entre la tesis del cine de juicios y el drama freudiano.
Que toda la película descanse sobre dos actores y que apenas salga del salón de una casa hace que todo sea valorado más enfáticamente habida cuenta (también) del carácter amateur ( en el sentido de primerizo ) del director David Slade, que proviene del videoclip y deja su sello clipero en muchos de los planos y en las referencias a iconos del pop a lo mtv ( Goldfrapp ).
El film tiene un rato desagradable: solventarlo requiere un punto de esfuerzo, pero ese plus de valor trae después una recompensa, aunque sea en su resolución, a mi entender, imperfecta, pero aceptable. Era difícil terminar con brío, con éxito, un argumento tan excelentemente llevado.
Cruda en abundancia ( la escena de la destesticulización, dicho burdamente ), se articula en torno a la historia de una hard candy ( en internet se llama así a las niñas que se hacen pasar por mujeres para sostener chats con adultos ), una culta y malévola, que retuerce hasta extremos absolutamente maquiavélicos su particular vendetta contra el fotógrafo treintañero que la busca y con el que queda. Un asesinato de una niña como telón de fondo y una nutritiva dosis de diálogos para esclarecer / oscurecer las razones de la amoralidad de la pedofilia cubren el metraje sin que el amable espectador tenga en ningún momento conciencia de que está asistiendo a un thriller como una catedral, aunque parezca a ratos una película de juicios ( la niña Hayley es el fiscal y el fotógrafo Jeff es el patético acusado ) o una obra de teatro hardcore y vanguardista.
Se deja conducir por vericuetos luego un tanto flacos en credibilidad con la historia de una novia que el fotógrafo tuvo, pero en fin, no es cosa (por supuesto) de destapar la Pandora de este artefacto de entretenimiento macabro que no defraudará a nadie que tenga un meridiano interés por ver por dónde va el nuevo cine intelectual, de autor ( podemos llamarlo así ).

1.1.07

LA LISTA DE SCHINDLER : La sangre y la redención




La experiencia de una generación no es transmisible a ninguna otra: se transmiten los detalles, los símbolos, pero no la Historia no se regenera, íntegra, corregida, para que el futuro aprenda de sus errores y consienta una esperanza.

Pudiera estar reflexión servir como punto de partida para comprender una película como ésta.El cine no es testigo mudo de la Historia: es Historia, inventario de modas y de culturas, de etnias y de religiones.

La Lista de Schindler es una película formidable y es una página de un libro de Historia.El espectador es arrebatado de su ambiguedad: se le conmina a que tome una postura y las imágenes son de una sobriedad tan brutal que no existe escapatoria.Oskar Schindler ( Liam Neeson ) se opone a los nazis contratando a judíos que salvan así su vida. Este viene a ser, muy sucintamente, el argumento de la película, pero hay más. Está el horror de la guerra retratado como pocas veces: con fría objetividad, con grises demoledores, con absoluta asepsia.

Quiere Spielberg no involucrar su ojo en lo que filma: se limita a encuadrar, a mover la cámara por donde la acción lo requiere, pero no se deja contaminar por lo que ojo ve, que es ( insisto ) la estulticia del hombre, el miedo del hombre, la guerra que el hombre interpone entre su felicidad y su destino.Estos tiempos de reconversión de los idearios políticos precisan que una película como La lista de Schindler exista para que la vida triunfe, y esto que acabo de escribir no es una frase de libro de frases rimbonbantes: es la forma más eficiente de expresar el sentimiento que queda en el alma después de que hayamos visto su apasionante trama.

La Lista de Schindler es un canto a la vida desde la ausencia de vida.Un poema de tres y pico con rima canalla en los pares y dolor en los impares.Cuenta Oskar Schindler en una escena de ampuloso tenebrismo al oficio nazi al mando del Campo cómo el poder se reconoce por la benevolencia y la flexibilidad de quien lo ejerce. Le dice que el reo se sabe muerto antes de la ejecución y que reconoce al amo por la posibilidad que éste tiene de resucitarlo o de aplazar su muerte. Sobre esta concepción de la autoridad, en tiempos de guerra, Spielberg levanta un monumento de ternura y de llanto con un blanco y negro ( soslayado únicamente en la llama del principio y del final del film ) exquisito, preciso, hermoso hasta la ausencia de palabras que puedan expresarlo.El muy genuino sistema de vida americano, tan amigo de virar a un lado o a otro de la prudencia y de la justicia, comete de cuando en cuando el pecadillo de consentir películas como ésta: faro de luz que debe alumbrar la ceguera del hombre, rezaba en una publicidad de la época de su estreno.

Ben Kingsley y Liam Neeson, aun protagonistas, no llevan el peso del film, a pesar también de que su capacidad dramática esté a la altura de las muy graves circunstancias que representan.Aquí no hay actores: el personaje borra al actor.Spielberg aparcó sus mitos de infancia ( el extraterrestre, el héroe con látigo, Peter Pan, los dinosaurios ) y saldó una cuenta con la Historia.Su reciente Munich no puede contemplarse desde todas esta perspectiva, si bien guarda innegables similitudes con La Lista de Schindler.

Curiosidades al hilo de la película:

1.- Una costumbre judía es ir depositar una piedra en la tumba de un ser querido en señal de agradecimiento eterno. Al final de la película, se ve como una comitiva de judíos va dejando piedras en la tumba de Schindler. Son los judíos que en la vida real fueron salvados por el propio Schindler

2.- Steven Spielberg no pudo conseguir el permiso para firmar dentro de Auschwitz, así que las escenas del campo de exterminio fueron realmente rodadas en un escenario que pretendía ser una copia exacta de aquél.

3.- El guión de la película pasó por manos de Martin Scorsese, que se echó atrás por mor de su ascendencia judía y por no saber si acometería la empresa con la suficiente objetividad.

4.- Tom Hanks y Kevin Costner también aspiraban a ser Oskar Schindler, pero Spielberg permitió al más novato y menos conocido Liam Neeson hacer el papel de su vida.No tenemos aquí la mejor película de nazis o la mejor película sobre el Holocausto: es una de las mejores películas de los últimos años y, sin duda, la mejor ( en mi opinión ) de Steven Spielberg.Y la banda sonora más adaptada ( junto con la de El piano de Michael Nyman ) al objeto que orquesta. John Williams es, no hay duda, un maestro.

31.12.06

LA ALIANZA DEL MAL : Sustos con acné


Esto de la Alianza del mal es un Harry Potter pasado de vueltas: un batiburrillo de tópicos


cogidos con la punta de los dedos y mezclados en una batidora de última generación para entregar al público adolescente una película de poderoso atractivo visual, pero hueca en su interior, lastrada por un argumento visto ya en muchas ocasiones y condenada al pase por las cadenas digitales o por la estantería más golosa del cine club de barrio.


Decir que el asunto entretiene es decir ya un montón, y habrá quien eche el rato en la butaca del cine y salga ufano de su escaso nivel de exigencia porque, escrito brutamente, lo que tenemos es una carambola minuciosamente planificada, correctamente filmada y generosa en presupuesto de piezas de un puzzle que nunca llega a ensamblarse del todo.

Son cuatro chicos ya talluditos, aunque nos metan la idea de que tienen menos de dieciocho años, que tienen unos poderes que les merman a medida que los usan, que además son adictivos y que usan para levantar la falda a una rubia bombón que resulta no tener bragas. Es como si Lucius Malfoy, el rubito malísimo de la serie de Harry Potter, hubiese ganado un premio de mala leche extra y, metido en otro libro, ajeno a los vaivenes infantiles de una mente inocente, cayese en la cuenta de que es Dios, pero sin religión ni metafísica, a lo burro, con un plus de hechizos, arañas, brujas y mansiones bostonianas de no te menees.

No son superhéroes, pero pintan como si lo fueran. Las niñas que salen no son carne de porno blando, pero hay escenas más movidas al encendimiento y lubricación de la masa pubescente que lo parecen. La música ( Tomandandy, el artífice del bodrio ) es ruidosa, accidental y escasamente dramática. Mi amigo J., siempre tan atento a los detalles, me condujo a la idea de que, en ocasiones, la película le recordaba, por partes, El bar coyote y, en otras, Jóvenes ocultos. La mescolanza explota en muchos fotogramas, chirriando.

Que dirija Renny Harlin ( suyas son Deep blue sea, Cliffhanger o Memoria letal, títulos decentes todos ) no resuelve nada: lo embadurna todo de oficio, trata de levantar un guión mediocre tirando a malo o malo acercándose a deplorable y con mimbres tan insustanciales no se puede edificar una catedral del gusto.

29.12.06

DEJA VU : Un caramelo insípido





Ahora en las películas de acción late el pulso del cine político. En este Deja vu de Tony Scott hay un film de hondísima preocupación política que toma del 11-S su material de reflexión con palomitas y una coca coca light. No crea el amable lector que va a tragarse un sainete de parlamentos profundos. Nada de eso. En una película con el sello Bruckheimer interesa que el espectador esté dos horas pegado al sillón, interesa que los argumentos no sean excesivamente complicados y, por último, interesa que la sensación nunca, bajo ninguna circunstancia, sea de que el dinero ha sido desperdiciado. El baile de géneros que Scott pretende colarnos ( thriller, drama, romance, ciencia-ficción ) no contenta: se aprecia un esfuerzo enorme por facturar un film competente, entretenido, pero se estropea en el nivel más racional, que es la verosimilitud. La película, en este sentido, es un desastre. La herramienta de la tecnología que posibilita observar el pasado es francamente absurda. Obviando ese recurso funcional, Deja vu es un apreciable film de ameno consumo, que se deja querer en su tramo último, pero que se escora ( en exceso ) a la ramplonería argumental a la hora de fijar sus frágiles conceptos narrativos. Está completamente desperdiciado el personaje del territorista ( Caviezel ). Las breves pinceladas sobre su patriotismo y su sentido del deber hacia una América decididamente perdida podrían haber dado un juego enorme, habida cuenta del excelente actor que lo representaba. Deja vu nos hace comulgar con ruedas de molino, como decía mi abuela. Ruedas enormes, en este caso. Un molino gigantesco, añado yo. Una vez tragado el dulce, no sabe mal, en el fondo. Tiene Scott formas y maneras de director espléndido ( El fuego de la venganza es una película formidable ) y Denzel Washington es un actor de primer orden. ¿ Dónde está entonces el error ? Son los quince minutos, o eran más, de lenguaje metafísico- paranormal que nos cuelan de rondón para que podamos entender lo de los viajes en el tiempo y los visionados del pasado. En otras películas, incluso en otras películas menos logradas que ésta, no se preocupan de explicarnos tanto la magia del engaño. Simplemente nos engañan. Sin tanto verbo.


¿ Alguien se acuerda de Frequency ?

24.12.06

HIJOS DE LOS HOMBRES : Ciencia- ficción política







Impecable modelo de cine nihilista, Hijos de los hombres plantea más interrogantes que soluciones. Ya he escrito algunas veces que ésta es la naturaleza del arte. Produce desasosiego, crea malestar, induce al pesimismo y, no obstante, es un canto a la vida humana, un canto hermoso, escasamente religioso, aunque lo que sucede pueda hacernos sospechar que la vertiente moralista o mitológica va a triunfar en algún momento: nada de esto sucede. Híbrido inteligente de varios géneros ( cine polìtico, ciencia ficción, thriller convencional ), Hijos de
los hombres es un destello absoluto de luz, una luz tenebrista y apocalíptica por lo que lo narra ( una mujer embarazada conducida por un antiguo activista hacia la salvación habida cuenta de que hace 18 años que ninguna mujer queda encinta ).
Cuarón, que es un todotereno capaz de dar vida a Harry Potter, hacer road movies de sexo adolescente ( Y tu mamá también ) y revolvernos las tripas con esta fábula de ilegalidad y de corrupción, de muerte y de belleza, al tiempo, da en la diana del entretenimiento sin abandonar su prontuario más próximo de intenciones metafísicas, a saber: un mundo abocado a su disolución, un mundo sin Dios ni gobierno que vive su último cielo y sus últimos estertores de ternura.Maniquea en su resolución final, carente por completo de ninguna brizna de humor ( ni el personaje alocado de Caine logra ponernos una sonrisa, aunque se lo propone con ganas ), la película documentaliza el horror de la guerra, retrata con verismo el profundo absurdo de la condición humana ( Malraux dixit ) y cómo el amor, ese hijo engendrado por la mujer de color en un campo de concentración, a la luz gélida de un flexo insensible, termina ( cómo decir lo contrario ) triunfando.

MENTES EN BLANCO : Thriller espasmódico






















Pastiche edulcorado a caballo entre el thriller espasmódico y macabro del gore más sanguinolento y la competente funcionalidad narrativa del cine de intriga, aunque ésta venga trucada con argumentos previsibles, montajes ya trillados y, sobre todo, el as en la manga de saber que un final sorprendente pueda reflotar noventa minutos de pereza visual. Mentes en blanco juega a esta ambiguedad de forma notable, todo hay que decirlo. Se hermana con otros productos de un corte similar y acuden, mientras la vemos, trozos de Memento, de Saw ( ay, qué escuela ha abierto esta franquicia ) o de ( más lejanamente ) Sospechosos habituales. En el reino de los ciegos, el tuerto es el rey.


Hay actores de valía ( Kinnear, Caviezel, Stormarre ) y no se ha acudido a un plantel anónimo como en otros films de esta índole. El guión es minucioso, resultón, puzzle animado de convenciones del género donde prima ( ya digo ) la búsqueda de un final que nos deja a todos flipados, en la línea de Saw ( insisto ) o Seven, que una hilazón de los acontecimientos bien trabada y un trabajo más artesano en la caracterización meramente teatral de los personajes.Esos de los hombres encerrados en un sótano sin tener ni pajolera idea del cómo y del cuándo suena ya a canción conocida. Estos tiempos de creatividad plana producen clones briosos. que uno acepta porque, en el fondo, ama el cine y reconoce que no siempre es fácil filmar El silencio de los corderos ( esa obra maestra del entrenimiento adulto ) o la citada Seven, que a mí me parece absolutamente genial.




Tanto flashback y tanta cámara en mano producen sofoco y también mareo. La construcción del decorado final, el puzzle barroco que nos muestran, se vale de un pesado proceso de crear realidad paralelas: ninguna de estas realidades nos seduce enteramente.La pregunta final: ¿ es buena ? Pues a su modo es una obra maestra, pero ese modo ya tiene al personal una pizca harto. Queremos cine de calidad, pero habiendo tanto y tan diverso, escama que se arracimen en la cartelera productos buenos, en principio, pero aburridos, por vistos. Pienso, ahora, en Deja vu, que tiene los mismos ingredientes de película competente, pero carente de una adecuada tensión dramática.

Efectismo a raudales, final sorprendente, actores en racha, director de videoclips (Simon Brand ): Mentes en blanco. ¿ Y por qué, entonces, no tengo la sensación de que la película vale la pena y que echa uno un rato estupendo en el cine ?



18.12.06

ERAGON : El dragón ataca





El problema de Eragon no es Narnia, con la que se busca reiterada comparación: es El señor de los anillos. Caso de que esa trilogía de Peter Jackson no existiera, Eragon sería una epifanía absoluta para la calenturienta, por fantástica, mente de un adolescente hecho a echarle horas a libros bien nutridos de páginas y a perderse en mitologías de elfos, duendes, magia y dragones. Como la maquinaria de Hollywood es implacable, tenemos que imponer a Eragon varios correctivos si bien en ninguno de ellos la película sale demolida en exceso.

La piedra encontrada en el bosque por un joven y que luego resulta ser huevo de una dragona profética bajo cuyo morro chisperreante se oculta el destino de un pueblo sometido por un rey bárbaro y despótico es la piedra fundacional de la magia de todos los cuentos de reinos mágicos y de héroes sobre los que se deposita, en una suerte de arcano, el futuro de la justicia o de la felicidad de un pueblo.

Todo esto se explicita con soltura en el film, pero el problema es que ya hemos visto argumentos tan parecidos y narrados con igual o mejor fortuna que éste, por tardío, es irrelevante.Este cine familiar de palomitas y asombro discreto no sobra. Es más: debería ser auspiciado, potenciado, convertido en moneda común de las productoras americanas que dan luz verde a estos taquillazos, enclenques en ocasiones en calidad, pero arrebatadores en sugerencias y en amenidad. Hay ya tan escasas películas verdaderamente dignas para que toda la familia se siente en la fila siete y se deja llevar por la magia de la sala grande ( dejemos ahora el trillado argumento de la conveniencia del cine doméstico) que agradecemos todas las que den.

De este cine rudimentario, plano y populista nace un espectador, ahora joven, que luego paladeará otras obras. Ése es el fin de mi crítica. Fuera de ese sentido, Eragon es una franquicia cinematográfica más, navideña, espoleada por un libro de ventas masivas y conducida con oficio, pero sin encanto, por un director otrora experto en efectos especiales ( Terminator 2, Master and commander, La tormenta perfecta, Salvad al soldado Ryan ) y que aquí cumple, sin más. No es posible, decía el refranero popular, pedir peras al olmo. Éste es, encima, una pera bien simple.La épica que requieren estas historias se ve lastrada por cierta cortedad en los escenarios, aunque brille ( y cómo ) en el majestuoso vuelo de la dragona y en la batalla final, que está muy lograda.

De los actores, mejor no hablar. Jeremy Irons, curiosamente afincado en el mundo de la dragonería ( Dragones y mazmorras, verbigratia ), hace como que se implica en su labor de gurú del joven aprendiz de Salvador, pero se le nota perdido en un papel que no le va y al que no da ninguna impronta de actor con carácter, que es, limitándose a sobreactuar, aportando tics demasiado vistos y gestos de lobo viejo muy goloso de ovejas ( pasta ) a las que morder su ya alicaído diente.Robert Carlyle es un sombra, un malo de órdago, adlátere, no obstante, del rey demoníaco y motivo de toda la trifulca fantástica, un John Malkovich que sale poquísimo y que, a lo visto, parece guardado para una segunda parte ( Eldest ). La tercera ( Empire ) de este geniecito cuasiadolescente todavía ( Christopher Paolini ) que ha sabido remedar a su amado Tolkien y repensarlo para entregar al público juvenil, ya está dicho, ávido de estas golosinas medievalistas, entretenimiento puro. Y además pronto harán muñecos y dragones de plástico para llenar las estanterías de los Toys 'r Us de medio mundo y los McDonalds del otro medio. Son muy listos todos.p.d.: Mi hija, que ha leído el tocho, salió defraudada, en el fondo de su corazón. Le habían esquimlado medio libro. O más. O todo. En fin....Vuelvo a lo que importa, en todo caso: cine familiar.






Qué bonito. Dios nos pille confesados.

12.12.06

BRICK : Detectives de instituto






Brick es noir adolescente, pieza rara de concurso de fin de carrera para un director talentoso y con vicio para ensamblar lo que, en principio, se antoja harto difícil: cine negro clásico y cine de instituto juvenil a la americana.
Brick no exhibe las estridencias previsibles por ser una obra amateur (casi) y por plantear un discurso tan arriesgado. Se abastece de un muy sólido planteamiento de cine negro, trufado del acné de la juventud hormonada con pins en la solapa y posters de ídolos del rap en la chapa de la taquilla del instituto.
Más que la calidad estética de Brick, interesa aquí su gesta, su ministerio sencillo de propósito cumplidos: no puede haber maledicencia a la hora de valorar su calado en el público, aunque uno sepa, a ciencia cierta, que estas desviaciones de la norma no van a hacer caja ni engolosinar a productores ávidos de plata que ven precuelas y secuelas, merchandising de hamburguesería y camisetas para agosto en todos estos productos de nuevo diseño cuyo resultado final es (siempre) desconcertante.
Tampoco el espectador va a hacer durar en su memoria este desfile de matones, niñas ricas y gente, por lo general, abiertamente siniestra ( el personaje del spielbergiano Luke Haas, ya remozado en adulto con perspectivas ).
El ingenio de Rian Johnson hace que las pesquisas de su protagonista, muy alambicadas, retorcidas en ocasiones, nos parezcan más importante que el descubrimiento de las razones por la cual su novia haya aparecido muerta.

Personajes inacabados, imperfectos: jóvenes sin lirismo, enquistados en una sociedad sin emociones en la que van dejándose vivir, lastrados por no se adivina qué oscuros vicios, percibidos como una extensión forzada del cine de adolescentes talluditos, gamberros, irreverentes, de vuelta de mucho y sin haber vivido todavía apenas nada.
Dejo caer, como sin querer, la última piedra en el estanque: Brick es una película creativa: aparenta claridad y es turbia, farragosa: sacrifica la elemental exposición de los acontecimientos por un dibujo disgresor de la clase social que se empeña en retratarnos, desfiguradamente.
Bien mirada, no entusiasma, y bien pudiera.
Yo entiendo a quien este fallido experimento le haya reportado júbilo y entretenimiento en el mismo lote. A mí, muy por el contrario, me produjo una intensa zozobra, aburrimiento a ratos, placer únicamente por momentos.
Hasta el mcguffin se adivina incompetente.
Será que no tuve arrestos para dejarme conducir por su bizarro argumento.



9.12.06

EL ILUSIONISTA : Htichcock y un conejo





Tiene El ilusionista trazos de cine de muchísima altura y contiene momentos donde esa excelencia es nítida y manifiesta. Por otro lado, El ilusionista es una película de talante comercial, pertrechada tras un argumento comercial y serenamente dibujada, montada y ejecutada como una película enteramente comercial. Que la comercialidad sea una lastre para lo sublime nos hace restar epítetos a esta cinta de Neil Burger, aunque bien mirada, contemplada con ese regusto de haber pasado dos horas de placer en una sala de cine, El ilusionista es un producto nobilísimo, ameno en todas sus máscaras, que tiene algunas, y fácilmente recomendable para dos tipos de públicos: aquél que no se pierde ninguna golosina y va al cine por obligación ética ( y éstetica, y moral, y vital ) y aquél que no va nunca. Para ése último, está El ilusionista y, a lo mejor, se le cuela el gusanillo de dejarse caer de cuando en cuando por una sala de cine: son oscuras, tienen magia, tanta como la del escenario en la que Eisenheim ( Edward Norton ) obra sus prodigios e inoculan en el espectador un veneno lento, cuanto más lento, más imperecedero.
Muy inteligentemente terminada, a pesar de que en algún momento pareciera que todo se vaya a ir al garete, El ilusionista convence por una propuesta lúdica, sentimental y humana competente, creíble ( a pesar de la fantasía de las mariposas, de los pañuelos que desaparecen y de las emanaciones espectrales que pueblan el escenario del mago ).
La historia es buena, bien armada de trucos, en la pantalla, en el guión, en las palabras que se dicen y en los gestos que se hacen: homenaje a la magia, en estos tiempos de sobrio minimalismo o de fuego de artificio infográfico en las propuestas cinematográficas que llaman al público al cine. El ilusionista queda en un meritorio término medio, en un limbo de dignidad para que todos paledeemos, sin alardes, sin la floritura del gourmet cinéfilo que a todo le pone peros, una cinta (insisto) encantadora, y la palabra tiene fondo y una paloma vuela el cielo de la página y deja caer un ornitorrinco.
Lastrada, en su demérito, por una historia política no excesivamente clara ( tampoco es su propósito: no podría serlo ), la cinta se deja querer por la absoluta claridad expositiva a la hora de desgranar la historia: da igual que al indagar un poco en la Historia se aprecie que Burger mienta un poco. El cine o la literatura manipulan la realidad a su antojo: la deforman, la amplifican, se arroban el legítimo derecho a especular y aquí, eso está meridianamente claro, hay especulación, y mucha.
Concluyo con una última reflexión: Paul Giamanti, a este paso, va a ser mi actor favorito. Edward Norton está bien ( sin más ) como el ilusionista enamorado y Jessica Biel, la amada, es un florero bonito en una mesa rococó.
En estos tiempos en que no se hacen películas de época, ésta va a hacer época. Por escasas.

El íntimo cuchillo / El oro de las palabras

  Ars poética / La palabra contiene el futuro. Lo que hace Pedro López Lara, en adelante el poeta, es tantear el fuego con el que fatigan el...