12.12.06

BRICK : Detectives de instituto






Brick es noir adolescente, pieza rara de concurso de fin de carrera para un director talentoso y con vicio para ensamblar lo que, en principio, se antoja harto difícil: cine negro clásico y cine de instituto juvenil a la americana.
Brick no exhibe las estridencias previsibles por ser una obra amateur (casi) y por plantear un discurso tan arriesgado. Se abastece de un muy sólido planteamiento de cine negro, trufado del acné de la juventud hormonada con pins en la solapa y posters de ídolos del rap en la chapa de la taquilla del instituto.
Más que la calidad estética de Brick, interesa aquí su gesta, su ministerio sencillo de propósito cumplidos: no puede haber maledicencia a la hora de valorar su calado en el público, aunque uno sepa, a ciencia cierta, que estas desviaciones de la norma no van a hacer caja ni engolosinar a productores ávidos de plata que ven precuelas y secuelas, merchandising de hamburguesería y camisetas para agosto en todos estos productos de nuevo diseño cuyo resultado final es (siempre) desconcertante.
Tampoco el espectador va a hacer durar en su memoria este desfile de matones, niñas ricas y gente, por lo general, abiertamente siniestra ( el personaje del spielbergiano Luke Haas, ya remozado en adulto con perspectivas ).
El ingenio de Rian Johnson hace que las pesquisas de su protagonista, muy alambicadas, retorcidas en ocasiones, nos parezcan más importante que el descubrimiento de las razones por la cual su novia haya aparecido muerta.

Personajes inacabados, imperfectos: jóvenes sin lirismo, enquistados en una sociedad sin emociones en la que van dejándose vivir, lastrados por no se adivina qué oscuros vicios, percibidos como una extensión forzada del cine de adolescentes talluditos, gamberros, irreverentes, de vuelta de mucho y sin haber vivido todavía apenas nada.
Dejo caer, como sin querer, la última piedra en el estanque: Brick es una película creativa: aparenta claridad y es turbia, farragosa: sacrifica la elemental exposición de los acontecimientos por un dibujo disgresor de la clase social que se empeña en retratarnos, desfiguradamente.
Bien mirada, no entusiasma, y bien pudiera.
Yo entiendo a quien este fallido experimento le haya reportado júbilo y entretenimiento en el mismo lote. A mí, muy por el contrario, me produjo una intensa zozobra, aburrimiento a ratos, placer únicamente por momentos.
Hasta el mcguffin se adivina incompetente.
Será que no tuve arrestos para dejarme conducir por su bizarro argumento.



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