Para quien, a ratos, sin propósito, frecuenta estaciones de tren o de autobús existe una costumbre que consiste en imaginar las vidas de quienes parten o de los que llegan, pero a mí me satisface más fabular en el hilo narrativo de quienes están, en las vidas de los que no se van ni tampoco vienen, las historias personales de los transeúntes. Nada absolutamente sabemos de ellas y en esa certeza es en donde consolamos nuestro tedio y quizá donde ellos, a pie de andén, consuelan el suyo fabulando sobre nosotros. Autor y actor al tiempo, dios y su criatura, figuras que ocupan un escenario al modo en que en la ciudad los edificios y los árboles y los jardines ocupan cabalmente su lugar, aunque sepamos que el tiempo los retirará, arrumbándolos al olvido. Nuestra memoria está hecha de piezas canjeables. Somos también piezas en la memoria de los demás. Invisiblemente somos dispersos fragmentos de una realidad que no abarcamos, minuciosos objetos que se desplazan a diario por las mismas rigurosas avenidas y que de cuando en cuando extravían la rutina y entran en una estación de autobús o de tren para contemplar las vidas de los otros y fabular.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Mingus Mingus Mingus
Fotografía: Charles Mingus en el aeropuerto de Marsella, Francia, 19 de agosto de 1976 / Guy Le Querrec Admiro a los músicos. Lo hago de ...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Cuando pienso en Petrarca. no es cosa que suceda con frecuencia, pienso en Garcilaso de la Vega, en el verso endecasílabo, en los cancioner...
No hay comentarios:
Publicar un comentario