21.5.20
Lo
Lo verdaderamente asombroso es que hayamos tardado tanto. Lo extraordinario será que todo vuelva a ser como antes. Lo triste es que no hayamos puesto empeño en evitarlo. Lo paradójico es que no estemos aterrados. Lo lamentable es la sensación de que en el fondo lo que importa es el tintineo de las monedas en la caja. Lo trágico es que no tengamos tintineo, ni monedas, ni caja. Lo deseable sería que hubiese sido un sueño. Lo imperdonable es que todavía desoigamos las advertencias. Lo prudente sería no bajar la guardia. Lo malvado sería echar la culpa a los que mandan. Lo injusto sería no echársela. Lo razonable sería no opinar sobre lo que no se sabe. Lo normal es que opinemos. Lo predecible es morirnos. Lo dramático siempre es que sea precisamente ahora. Lo acostumbrado es olvidar y mirar al futuro. Lo recomendable sería recordar y consultar al pasado. Lo mejor es no contar las bajas. Lo peor sería que alguien nos cuente. Lo escandaloso es que el terror tenga audiencia. Lo útil sería arrimar el hombro. Lo absurdo es tener que decirlo. Lo más duro es no saber cuándo acaba. Lo presumible es que venga otro. Lo raro es que nos hayamos acostumbrado. Lo increíble es que esté sucediendo. Lo aprendido no valdrá para nada. Lo hecho no servirá de mucho. Lo inteligente sería aceptarlo. Lo realista sería convencerse de que nada será igual en adelante. Lo maravilloso podría ser que la bondad terminase por asentarse en la convivencia. Lo gratificante es que se termine por descubrir la vida interior. Lo crudo es que, a medida que la interior prospera, la exterior se deteriore. Lo inasumible es que prospere la idea de que la salvación dependa de la responsabilidad ajena.
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