25.1.19

Dibucedario de Ramón Besonías 14 / N de Noir


No se debió escuchar mucho a Strauss en Viena en la Segunda Guerra Mundial, imagino. Tampoco en los grises años posteriores, cuando se parceló la ciudad y alambraron las calles. O tal vez ande uno equivocado y los gramófonos de la época sí que gastaban los discos de valses: un poco para atenuar el ruido de las bombas o de los disparos y otro poco para provocar la ilusión de que la ciudad era una una continuación de parques y de palacios, con la intromisión bastarda de algún burdel o de una taberna de artistas o de psicólogos. Una vez acabó la guerra, Viena se convirtió en una ciudad de fulanas y de soldados: fulanas rusas, americanas, francesas y alemanas y soldados de esas mismas estresadas y combativas nacionalidades, mancomunadas todas en la vieja ciudad de los bailes de salón y la pompa de la aristocracia. Ahí es donde llega Rollo (Holly en la película) Martins, un tipo que escribe novelas baratas del Oeste bajo seudónimo, como una especie de Clark Carrados de la Guerra Fría. Tiene pocas libras en el bolsillo y la promesa de que un amigo le dará un trabajo. Viena no es un idilio de ciudad, pero no se arredra, hace lo que puede, pasea por la nieve, bebe, se enamora de la novia de su amigo, a quien entierra dos veces. El Tercer Hombre no es sólo un noir maravilloso, sino una maravillosa historia de amor en la que quizá nadie acaba siendo amado. Suele pasar. La noria del Prater observa desde arriba, gira y observa.

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