17.12.16

Viajes con K. / La literatura es una burla que se le hace al tiempo



                                                            Fotografía; Edward Norton

K me dijo: Uno está condenado a vivir una única vida posible. Que sea plena en experiencias, que se la premie con viajes o con amistades, con libros o con afectos, no rebaja la idea de que concluye o de que esa conclusión la rige el azar en cierta medida. El deseo de inmortalidad, tan antiguo, arrimado a todas las culturas, esgrimido como chantaje espiritual por casi todas las religiones, no palia esa orfandad de la que hablo. No es que debamos vivir eternamente; lo que sucede es que a menudo no tenemos ni idea de cómo vivir ni el transcurso de un sencillo y minúsculo único día. A mi amigo K. le fascinan estas diatribas existenciales. Desea, en el hondo fondo de su alma, ser cuántico. Dice que en la física cuántica puedes vivir varias vidas al tiempo o incluso sucesivamente. Puedes levantarte aquí y a media mañana estar en otro lado. Le hago ver que no hace falta la física avanzada: que yo ayer estuve en el transcurso del día en cinco o en seis lugares. Que a uno le siguió otro y así hasta que a eso de las dos de la mañana el sueño me venció y caí a plomo en la cama. Trato de hacerle ver que hay muchas vidas en cada una de las pequeñas vidas que creemos estar ejecutando. Este diálogo nos trae buenos ratos de cuando en cuando. A K. le gusta que se le contraríe. Basta un argumento que no le cuadre o un frase que no se ajuste a su manera de pensar. Hay que vivir adrede, le contesto. Saber qué sucede en cada momento. Ayer, sin ir más lejos, deseé estar en una fotografía que vi en un suplemento dominical. Luego busqué al autor y la alojé en mi blog. Estuvo ahí toda la noche hasta que esta mañana la he subido. Lo que no he logrado es que yo pasee esas calles de lo que, en lo que entiendo, parece Nueva York. En una vida cuántica quizá puedas estar en donde desees. Sólo tienes que pedirlo, dice K. Los libros son cuánticos, añado yo. Te permiten oler las hojas de hierba de Walt Whitman o visitar pueblos olvidados en una zona de costa pensada por H.P. Lovecraft. He leído algunos que me han hecho viajar tan lejos que no he deseado volver y otros que, estando muy cerca, me han hecho sentir muy lejos. Otros que no me han movido del sitio, pero sentí como si me explicaran lo que me circundaba como si lo estuviese viendo por primera vez. Hay libros cuánticos, pero también hay vidas cuánticas. Vidas que suceden como si fuesen libros o libros que son vidas tangibles y fiables. El tiempo, ah el tiempo. Es de lo que estamos hechos y lo que no podremos conocer nunca. La literatura es una burla que se le hace al tiempo.