5.4.11

Historia del joven de los pasteles de crema


Yo tardo en descubrir los engaños. Soy de los que no los percibe hasta que están encima. Soy confiado hasta extremos preocupantes. Creo por convicción que lo que me cuentan es cierto o, a lo sumo, es cierto para quien me lo cuenta. Incluso cuando me he percatado de la mentira, busco razones que la justifiquen, insisto en encontrar los argumentos que han conducido a que se produzca. Esta manera de vivir me ha ido bien y es razonable pensar que no tenga motivos fiables para convertirme ahora en un escéptico radical. En la mentira se vive mejor, lo sé. Hay, no obstante, una ficción que engolosina mis vicios: la ficción de las películas y de los libros, el mundo fantástico de las historias que son mentira y que tomamos como verdaderas. Soy muy capaz de no sufrir ante la desgracia que leo en una novela o que observo en un film y de sufrir muchísimo ante las tropelías que la realidad me ofrece a diario. Y son muchas. Creo firmemente en la asepsia de la ficción. El Arte es una disciplina libre. La más libre de todas las disciplinas posibles.Vivo emperrado en suspender la credulidad, en afiliarme sin tapujos al club de los fabuladores, a escuchar todos los cuentos del mundo y a vivir la vida como si fuese un cuento grande y anduviese yo dentro, enredado en la trama, convicto de realidad en el fondo, pero amarrado a la ficción. Habiendo sido hoy un día infectado de realidad a más no poder, voy esta noche a tenderme en la cama y a colarme en los cuentos de Stevenson. Empiezo con la Historia del joven de los pasteles de crema. Está en el Club de los Suicidas. Creo que estoy tardando. Sr. Stevenson, cuénteme un cuento.



10 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

No sé, no sé, Emilio. La mentira es tierra de nadie, un territorio fronterizo entre la realidad y la ficción. La mentira está sembrada de minas anti-persona y puede amputarnos un brazo del alma o un pie de la conciencia. Incluso puede decapitarnos la sensibilidad. No se vive bien en la mentira. Es mejor instalarse en la realidad, de día y en la ficción, de noche. (Creo que es lo que tú haces)
Si habitamos en la mentira entraremos en el territorio de los patos cojos y de las gaviotas carroñeras y corremos el riesgo de creer que son las aves del paraíso.
Es de noche.Me instalo en la ficción. Yo también voy a leer.
(¿Y si fuera mentira?)

Con los pasteles de crema nadie pondrá en duda que la ficción engolosina tus vicios.
Buenas noches y buen provecho.

Anónimo dijo...

Yo creo que Miguel, que es un lector bueno y te entiende, no te ha entendido en esta ocasión. Yo tampoco lo sé si del todo, pero el engaño del que tú hablas, Amigo Emilio, es de otra naturaleza. Es de ficción también. Mentiras que tú aceptas en la ficción o la ficción tomada como un engaño que aceptas para no tener que soportar la realidad todo el rato. Todo el rato, insoportable, creo yo. En fin. No tengo yo voz en estos asuntos con gente como vosotros, Emilio. Me alegra poder compartir lo que siento en este rincón. Buen día a todos.

Ana

Ramón Besonías dijo...

Saludos, Emilio, Miguel, Ana.

En parte creo que Ana tiene razón. Emilio, tiendes a confrontar realidad y ficción, aunque en el bionomio la ficción salga ganando. Todos necesitamos de ficción, entregarnos al imposible, dejarnos llevar, resistirnos a la fría objetividad del presente. Excederse es vivir desasentado, apegado a sombras sin figura. Lo contrario, ceder a la realidad sin el abrigo de la ficción, es no vivir, trasmutarse en un trozo de carne sin alma, sin sueños, sin emociones que alimenten la incertidumbre del futuro.

Buen día, amigos.

Hilario Val dijo...

El refugiarse en el mundo de la ficción no es relevante porque realmente no es un refugio verdadero. No podemos escapar de lo que somos ni del sitio en que estamos. Los refugios que proponen los libros y las películas son alternativas momentáneas, que hacen que el regreso sea a veces doloroso. Aprender a sobrellevar el peso justo de dolor y aprender a admitir el dolor de ese peso, es la máxima, el aprendizaje máximo. Yo no albergo muchas esperanzas de ser feliz, pero he renunciado a tenerlas.
Buen post.

Francisco Machuca dijo...

Stevenson tenía un encanto irresistible a la hora de escribir y eso le viene al galgo de casta.Un escritor inmenso por no decir un escritor que siempre se vuelve a él.La isla del tesoro me parece todo un monumento a nuestros sueños imperturbables.La Hispaniola nos deja un oro en los ojos.Jim Hawkins y John Silver,una extraña relación que pocas veces se indaga lo suficiente;una relación muy sutil que yo he querido ver como el Jim que quiere ser pirata y el pirata que quiere ser niño.
Bajamar me parece otra obra maestra que en su día escribí una reseña titulada Tusitala.Y,Los mares del sur,mi libro favorito,no sólo de este autor,sino de todos los libros.Victor Erice quiso incorporar unos fragmentos de este maravilloso libro en una película que nunca pudo realizar y es la segunda parte de El sur.Ay,mi querido amito,podríamos estar hablando largo y tendido de Stevenson como dos jovenzuelos rodeados de pasteles de crema,que por cierto,me encantan.
Un fuerte abrazo.

Pato dijo...

Qué buen post, te leía y sentía que pertenecía a esa especie de crédulos.
Con el tiempo me fui dando cuenta que era mejor la literatura para que me mientan y que yo me crea todo, así que ahí vivo tranquila, entre cuentos y novelas, es un contrato tácito el que se firma entre el lector y el escritor. Todos sabemos que en algún lugar vive una mentira, la prefiero ahí, dentro de ese mundo ficticio. En la realidad me cansé de que me mientan, los de arriba, los de ajado y los de los costados. Incluso yo he llegado a mentir y me di cuenta que no vale la pena.
De modo que para mentira, que viva la ficción!

Me quedo en tu blog, está para seguirlo!

Un saludo.

Alex dijo...

Sin cuentos no podría vivir. Necesito de la ficción para alimentar mi propia mentira. La fabulación ajena para fabular en mi propia circunstancia. Creo firmemente en que sobre la mentira se pueden construir las edificaciones más bellas, a riesgo de que se vengan abajo en un tiempo demasiado breve. Creo, también, que sobre la verdad se sostienen los edificios más sólidos, armados con el mejor hormigón y ubicados en las mejores plazas. Y que éstos son tan fríos e inhóspitos. Stevenson así debía creerlo, de modo que llevó su propia mentira (vivir y morir es mentira) hasta el final y así poder ser enterrado en el lugar más lejano y ajeno, supongo que con las esperanza de no ser conocido por nadie en aquellas tierras.

Miguel Cobo dijo...

Más que una interpretación de la mentira-ficción que engolosina a Emilio, aprovechaba la ocasión para explorar otros territorios de la mentira, tan versátil en su polisemia.

Por tanto, amigos, Ana, Ramón, también estoy de acuerdo con vosotros.

Alberto Granados nos da otra interesante visión de la mentira que os recomiendo:

http://albertogranados.wordpress.com/2011/03/10/mienteme-dime-que-me-quieres/

Cordiales saludos, amigos. Da gusto compartir con vosotros opiniones y sensibilidades.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Miguel, es una mentira gobernada por la verdad. O una verdad vestida de mentira. La literatura es el empleo de los ociosos, de los que no tienen ya bastante con lo que se les ofrece y buscan debajo, en la mentira, en esa ficción.

Es verdad eso de que no acepto la realidad todo el rato. Ahí está bien, extremadamente bien resumido el asunto. Un beso, Ana.

Gana la ficción, gana la mentira, pero hay que regresar a lo real para no perderse uno en demasía.
El abrigo de la ficción calienta y conforta, Ramón. En el fondo creo que sólo escribo lo mismo una vez y otra...

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Hilario, para salir hay que entrar, o viceversa. Hoy estoy espeso y tiro con obviedades. Disculpa. La ficción existe para aminorar los rigores de lo real. Lo real, a veces, para aminorar los rigores de lo inventado. Y así nos vamos muriendo. Entre cuentos. Entre facturas.

No estaría mal hablar sin prisa de Stevenson alrededor de una mesa con café y pastelitos de crema. De Stevenson, de Chesterton, de Borges, del blues del delta, de los libros, de los paseos por la playa, de vivir, que es una empresa harto costosa y difícil en ocasiones, amigo Paco. Un abrazo...

"Creo firmemente en que sobre la mentira se pueden construir las edificaciones más bellas, a riesgo de que se vengan abajo en un tiempo demasiado breve". Te contesto con tus palabras. Me las quedo. Me gusta la idea del Stevenson enterrado lejos, en la lejanía absoluta. Dentro de este mundo nuestro, pero en un rincón remotísimo...Alex

Todas las formas de la mentira son válidas. Incluso las que no son ciertas, Miguel. Ésas tal vez con más decisión de quedarse. Leo ahora mismo el blog que me recomiendas. Buen viaje, mon ami.