19.10.08

Las crónicas ucrónicas



«Ucronía: Reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder».

(Diccionario de la R.A.E.)


Dice Ian Gibson que no resistiría ver el cráneo de Lorca así que no va a asistir al desenterramiento del poeta. A veces bastan las certezas y somos crédulos, en el fondo, a la hora de aceptar lo que libera nuestro corazón, lo que lo manumite del dolor o de la incertidumbre. En la prensa extranjera están encantados con la iniciativa de Garzón de desescombrar la Historia y remover las alfombras que escondían todos los muertos del Régimen. Parece que montar un nuevo Nüremberg y repensar, en pleno siglo XXI, en la Europa que vio el exterminio de judíos por los nazis, el violento concepto de exterminio (léase también genocidio). ¿Lo hubo entre 1.936 y 1.951? Ahí es en donde Garzón va a escarbar. Si el juez asea el patio del vecino es de suponer que terminaría adecentando el propio. Cuentan hoy los periódicos que hay venerables ancianos en las provincias del reino que guardan en su memoria su militancia bárbara, el recuento de ajusticiados. Lorca es el heraldo funesto de esta caterva infame de muertos, pero detrás hay vidas sin cerrar de gente anónima, episodios traspasados, como herencia sentimental, durante setenta años a los que le faltaba un epitafio.
Más disección científica que vendetta, esta ocurrencia del super juez conviene para que (de una vez por todas) dejemos de novelar la Guerra Civil Española (cuánta literatura, cuánto cine se ha vertido) y nos dediquemos a considerar en profundidad las tropelías cometidas en nombre de la corrección política y de la obediencia al Estado. El relato de estas tropelías puede conmover al más curtido: yo mismo he oído historias sobre cómo sobrevivieron al genocidio familias completas, cómo perdieron la dignidad y la memoria, cómo fatigaron la posguerra con el miedo zurcido al corazón y el hambre y el asco alojados en el estómago. Entiendo que Gibson no quiera contemplar el cráneo de Lorca. Sería como aceptar esa novelización del conflicto y de pronto percatarse de que no hay tal ficción, que todo se ajusta a lo verosímil y no es posible separarlo de lo insoportablemente real.
Pienso entonces en ucronías. Me pregunto, metiendo mano en mi vocación de escritor frustado de ciencia-ficción, qué hubiera pasado si Superman, sí, el héroe de DC Comics, el super-hombre por antonomasia, hubiese sido reclutado por el Kremlin, si Franco hubiese perdido la Guerra (En el día de hoy, Jesús Torbado, 1.976), si Lorca no hubiese sido asesinado, si el No-Do no hubiese anestesiado la conciencia de un país con sus toxinas culturales, si a Fraga se le hubiese caído la piel a tiras en la zambullida en Palomares, si Tejero hubiese fascinado a quienes repugnó, si a Garzón le aburrieran estas frivolidades de juez peleón y no hubiese nadie que removiera el estiércol en busca de ADN: crónicas ucrónicas.

7 comentarios:

Southbound 2 dijo...

Rebuscado, extraño, pero cuela la historia del cráneo de Lorca y la ucronía. Orientar la cabeza al infinito y encontrar perlas en la suela de los zapatos.

Isabel Huete dijo...

Adecentar de una vez el patio trasero lleno de basura para engorde de los roedores. Me da igual la justicia de la Historia en este caso porque los que merecieron ser juzgados como criminales se han ido de rositas al otro barrio en ataúdes de maderas nobles, así que ahora lo que me importa es que se haga justicia con el reconocimiento de los que murieron y fueron sepultados por sus verdugos bajo tierra como si nunca hubieran existido, con la única compañía de las raíces de las flores. Comprendo perfectamente a Gibson.
Un beso grande

Anónimo dijo...

Southbound 2, lo de orientar la cabeza al infinito es también rebuscado y es extraño, pero cuela también...

Isabel, irse de rositas: ésa ha sido la consigna. En Argentina, en Chile, aquí. En tantos sitios. Lo de Gibson se entiende, claro. ADemás está el punto romántico. No creo que merezca la pena ver cráneos, aunque fuese de gente tan sobresaliente.

Anónimo dijo...

Southbound 2, lo de orientar la cabeza al infinito es también rebuscado y es extraño, pero cuela también...

Isabel, irse de rositas: ésa ha sido la consigna. En Argentina, en Chile, aquí. En tantos sitios. Lo de Gibson se entiende, claro. ADemás está el punto romántico. No creo que merezca la pena ver cráneos, aunque fuese de gente tan sobresaliente.

emilio dijo...

Southbound 2, lo de orientar la cabeza al infinito es también rebuscado y es extraño, pero cuela también...

Isabel, irse de rositas: ésa ha sido la consigna. En Argentina, en Chile, aquí. En tantos sitios. Lo de Gibson se entiende, claro. ADemás está el punto romántico. No creo que merezca la pena ver cráneos, aunque fuese de gente tan sobresaliente

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, saludos desde Colombia!

Anónimo dijo...

Muchos saludos, muy interesante el articulo, espero que sigas actualizandolo!