12.10.08

Quemar después de leer: Muertos, cornudos y tontos




En una película de los hermanos Coen caben muchas cosas. El mérito es su pasmosa habilidad para conducirlas a un fin sin que ese batiburrillo aparentemente inconexo de géneros y tramas no precipite el fracaso. Algo parecido a eso, aunque con algunas objeciones, encontrábamos en O Brother, where art thou? o en The Ladykillers: caprichos de dos tipos que aman la screwball comedy y se sienten con la suficiente confianza como para penetrar en los patrones de la comedia sin renunciar a ciertos flecos del cine negro, género en el que sí que han demostrado no cometer excesivos errores y hacer obras formalmente más redondas (No es país para viejos, Fargo o Muerte entre las flores, que son -aparte- mis favoritas).
En Quemar después de leer hay mala leche a raudales: la hay sin que en ningún momento se advierta visceralidad, animadversión o alguna fina intención intelectual por exhibir de una manera tan grotesca las taras de sus protagonistas. Hace mucho tiempo que el cine no ofrecía un catálogo de imbéciles tan genial, de individuos que alcanzan, en el más bonancible de los casos, la mediocridad, pero que se sienten cómodos en la estulticia.
Desmontar el cine de espías con una farsa tan descacharrante como ésta requiere un plantel de cómicos creíble y los Coen tiran de nómina de amiguetes y cuelan a Clooney, que se trae a Pitt. John Malkovich hace el papel que nunca había hecho, y borda una de las mejores interpretaciones que se pueden ver en cine en estos momentos. Frances McDormand, otra fija en los cástings por casamiento con uno de los jefes, me parece una actriz brillante, escasamente aprovechada fuera del círculo familiar.

1 comentario:

Mycroft dijo...

PUES PARA MI LAS OBRAS REDONDAS DE LOS COEN SON LAS QUE NO SE TOMAN EN SERIO. NO ES PAIS PARA VIEJOS ME PARECIÓ ABURRIDISIMAMENTE BIEN HECHA. SIN RITMO.