2.11.07

Los papeles de Katherine Hepburn





La Biblioteca Pública de Nueva York exhibirá a partir de febrero una colección de documentos personales de Katherine Hepburn. Objetos y, sobre todo, fotografías que informan sobre algo que ya sabíamos. Que sus personajes eran tan sólo una extensión de su personalidad. La foto que encabeza la entrada pertenece al set de rodaje de la película de George Cukor, Historias de Filadelfia. Es una foto extraña: una mujer entre un mundo de hombres. La otra mujer incluso exhibe un carácter hombruno que hace que casi no nos fijemos en ella. La que adopta una postura más natural y la que preside la foto es Katherine Hepburn.
Sofisticada, irreverente, comprometida, leal, de sexualidad ambigua y arrojo imperturbable en cuanto significara reducir el papel de la mujer en ese siglo XX que vio nacer. Su fragilidad física era engañosa: dentro bramaba un elefante, una hembra fustigadora, verbalmente atlética, arisca a las domesticaciones al uso en el nutrido gremio de actrices de renombre de su dorada época. Adorada por los jerifaltes de Hollywood (Howard Hughes a la cabeza) la diva jamás se rindió a los primores del lujo. Spencer Tracy, con el que nunca tuvo un idilio ortodoxo y con el que jamás formó una pareja convencional, fue el gran y único amor de su vida, aunque el borrachín y regordete actor no consintiese separarse de su mujer y airear a los flashes del mundillo el flirteo con la hierática - para muchos - y antipática diva de la escena.
Que estos documentos hayan abandonado el carácter privado y sean ya de dominio público evidencia el ferreo control que la actriz tuvo de su vida y de la porción de ella que podía ser arrojada a las bestias para disfrute y despiece generalizado. Los papeles de Katherine Hepburn, tal es el título de la exposición, es una oportunidad formidable para confirmar que el teatro la mantenía viva, aunque el cine le diese la fama y los ingresos suficientes para vivir con desahogo y superar sin apuros los embites del azaroso siglo XX.

1 comentario:

Alex dijo...

Recuerdo las memorias de Katie, que ella misma escribió y tituló "Yo Misma", como una de las más divertidas y amenas lecturas de mi vida. Su magnetismo era intenso y su carácter tan arisco como dicen y puede que más. No estaría de más echar un vistazo a esos papeles y fotografías. Uno es mitómano, qué le voy a hacer.