18.1.07

EL EJÉRCITO DE LAS TINIEBLAS : Los esqueletos toman la pista de baile







Fundada sobre la prolífica serie B del gore italiano y sobre la jocosa ciencia ficción marciana de los primeros cincuenta en los Estados Unidos, El ejército de las tinieblas ejerce de bisagra entre lo aversión visual de la primera ( vísceras, sangre, mutilaciones ) y el romanticismo doméstico, cutre y barato de la segunda ( con su imaginación narrativa, con su marketing de cine matinal de barrio ).
Raimi obvia la seriedad que luego exhibió en Spiderman ( 1, 2 y ahora 3, suponemos ) o Darkman, por poner dos ejemplos gratos para este cronista, para darnos una ración de terror a lo Monthy Python con gags dignos de un buen Mel Brooks. Y para que este collage de elementos salga meridianamente decente termina plagiándose a sí mismo ( ole ) y haciendo chacota fina de su Posesión infernal ( altamente recomendable si queremos ver cine de terror asqueroso de calidad ) o la ya citada Darkman, que es evasión, cómic rupturista y, sobre todo, no olvidemos, caja, ring, ring.
Bruce Campbell es el actor fetiche de Raimi y lo estruja estupendamente en esta película. Bien metido en el papel de Ash ( Ceniza ), el viaje del Tiempo que acaba en el Medievo y debe asumir una función heróica, profética, que redimirá a los habitantes del Castillo y, al tiempo, a él mismo. Tampoco hay psicología profunda de personajes o trazados finísimos de la moral de la época. No hay personajes. No hay época.
Robar el Necronomicón, el libro del Mal atribuido por Lovecraft a un apócrifo árabe metido a Fausto, por encima de la resistencia que un ejército de esqueletos: de eso se trata. ¿ Esqueletos ? Sí, mandíbulas, coxis, omóplatos, fémures bailando como en el Thriller de Michael Jackson en un homenaje estupendo al clásico de Haskin, Jasón y los ARgonautas.
Yo disfruté muchísimo en esta escena esplendorosa por la que ya vale la pena ver el film, pero hay más: hay un tributo desenfadado al cine medievalista de capa, espada y torreón, inyectándole modernidad: insuflándole un punto de modesta grandilocuencia que se advierte, sobre todo, en los primeros veinte o treinta minutos. Luego la película decae, pero eso ya lo sabíamos.
El mérito es la mescolanza de dos géneros aparentemente dispares, no juntables: el cine de época ( la medieval, claro ) y el terror cuasigore sin que ninguna pierda enjundia.
Hay que ver El ejército de las tinieblas porque es digna, fácilmente arrumbable al cajón de los ratos perdidos en una sala, en este caso un sillón orejero de casa, pero divertida, sólida y noble si se sabe contextualizar el film en un orden necesariamente paracinematográfico, mestizo, fuera de normas.

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