1.10.08

Borges (once again)




Las causas
Jorge Luis Borges

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta de Adán.
El ordenado Paraíso. El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

Paul (III)


Paul finge tocar el trombón. Satchmo y Duke se lo deben estar pasando en grande. Un intruso de Hollywood con los ojos azules y fama de ser un actor de los buenos entre dos genios de la música del siglo XX. Tres genios del siglo XX, concluyo. Con esto finiquito la ronda de homenajes a Paul Newman. Ya lo hemos dicho. Que los ángeles de Le Mans le llenen de buenos octanos el depósito y corra por alguna pista celestial.
La fotografía es gentileza involuntaria de este buen link.

El mundo desde el abismo...(Paul II)




En Un mundo desde el abismo 3.0, la estupenda página de cine de "Refo", uno puede encontrar una selección de fotos memorables, una cartelería bien seleccionada, evidencia del buen gusto del autor, corregida y pegada y, sobre todo, un trabajo formidable que transpira conocimiento y amor por el cine, aunque de cuando en cuando cuela deportes y otros vicios confesables y compartidos. No son palabras gratuitas y no soy un asalariado del amigo Miguel Ángel. Ni siquiera le conozco. Entro en su página desde hace tiempo y disfruto mucho con sus textos. El que ha colgado para tributar el homenaje que se merece Paul Newman es encomiable. Por eso lo coloco aquí e invito al amable lector que se salga del Espejo y entre en el Abismo. Luego escala uno y llega a la realidad en un periquete.




... and I feel fine....


Mi amigo Stipey va a disfrutar esta noche muchísimo delante de su amigo Stipey. No es un juego de palabras. O sí lo es. El caso es que la envidia es sana. Ya buscará un hueco para contarme el prodigio.

30.9.08

Crash


Antes el abismo era una construcción de la inteligencia a la que, por lo común, asociábamos con la miseria moral, la pobreza espiritual o la imposibilidad de conciliar el sueño por la mala conciencia. Han sido muchos años de educación sentimental y hasta en el lenguaje, en la forma de explicar las cosas, se advierten huellas de esa pedagogía católica, rancia, fascinada por el pecado y por la empresa de vender la salvación del alma, que ya estaba salvada antes de empezar la fiesta. Con estos tiempos de saqueo mediático y de relativismo (ay cómo me gusta esa palabra) el abismo es otra cosa. Hoy, por ejemplo, lo he visto nítido y pulcro en la portada de muchos periódicos. He visto la cara de Bush Jr. con la misma contundencia con la que ahora mismo veo las nubes por la ventana. El abismo, entiéndase esto bien, ha dejado de ser un lugar de castigo, una figura retórica de la culpa y de la redención, para convertirse en una pantalla de ordenador que registra los vaivenes homicidas de la bolsa.
El abismo se explora con los ojos cerrados, escribí este verano en este mismo blog. Si los abres, el vértigo te aturde. Pero a lo mejor hace falta que el vértigo te aturda y comprendamos que estamos jodidos. La jodienda es antigua, se puede datar contemplando las muecas de asco que hace, pero ha llegado peleona y no hay mañana en la que un informativo radiofónico (que escucho mientras me afeito, aseo, visto, desayuno) no vocingle el despido de unos cientos de obreros de alguna factoría de coches o de alguna empresa del ladrillo. El abismo, en este septiembre moribundo, es la tarde fingida frente al televisor mientras los astronautas chinos se emparejan con los dioses a base de piruetas a lo Circo del Sol a cientos de kilómetros del triste suelo. El abismo, el abismo que hoy he visto en la espalda de Bush Jr. recorriendo el jardín de palacio a las siete de la mañana con objeto (parece ser) de contarle al pueblo americano la naturaleza del caos, el aspecto del abismo. No he visto su intervención, pero la imagino, oigo el texto litúrgico, la cadencia semántica escrita por otros. Aquí Solbes capea el tsunami como puede. El caso es que le asista la razón cuando pregona que nuestros ahorros están a salvo. Eso quien tenga ahorros, Don Pedro. A lo visto, a lo oído, llegan tiempos de estrecheces. El abismo se extiende como una lengua de miedo, pero no hay que tener fe. Lo habrá dicho Don Jorge. No hace falta oirlo para saberlo. La política (el gobierno racional de la plata) está comiéndose (despacio, pero a conciencia) al imperio de la religión. Eso está pasando. Nos amedrantan con el apocalipsis bursátil. Nos inducen a pensar que si nos excedemos en el consumo y no miramos con temor el futuro la bestia políglota de la pobreza entrará por nuestra puerta y se adueñará del mando a distancia de la televisión. Nos piden que seamos estrictos, severos, disciplinados, feligreses razonables, pero llevamos toda la vida en el despilfarro y ahí creció nuestra visión del mundo: en el maná del mercado, en la imprevisión infinita, en el cargo a cuenta de todas las facturas del alma. Y cuando vence el mes y llega el apunte en el extracto de la cuenta nos abrazamos (impotentes) y rezamos (oh Dios, qué me has hecho) por ver si existen los milagros y nuestra semántica diminuta puede convencerlos de que acudan.

29.9.08

La realidad 3.0


La realidad consiste en pequeñas partículas en aparente caos que, al mancomunarse, forman manzanas, destornilladores, párrocos de pueblo o libros de Federico Jiménez Losantos, pero debajo de la realidad, justo donde las partículas se pierden en su vértigo, hay un inframundo delirante en el que pasan cosas indescriptibles. Esa microrealidad abastece, sobre todo, la imaginación de los escritores de ciencia-ficción y de los físicos cuánticos, pero está a la orden del día que el ciudadano normal, el que hace cola en la charcutería y se enoja cuando a su equipo le meten cuatro el domingo, termine por entusiasmarse por esta vida subreal que engolosina su prosaica actividad sensible y la convierte en épica.
La realidad, a pesar de esta indagación subcátanea, no ha sido nunca golosina que aplaca la sed de conquista del ser humano así que siempre hubo ese afán por navegar las estrellas tan fascinante y, al tiempo, tan absurdo. Los chinos, no vamos más lejos, están estos días de festividad y alborozo por haberse dado un garbeo cósmico. Lo que pasa es que fatigan las galaxias y hurgan en su oscura materia secretísima y desatienden asuntos más domésticos como la leche infantil o la censura informativa. Quien haya leído China ha leído bien, pero puede el amable lector colocar en ese paréntesis el nombre del país que le apetezca. No sé yo si los ciudadanos finlandeses se maravillarían si su gobierno tirara al espacio, pero me da que están más preocupados por otros asuntos y no permitirían que sus gobernantes perdieran la cordura de una manera tan flagrante, y eso admitiendo que la renta per cápita de ese rincón nórdico no es escasa y da para esas excentricidades.
Al ciudadano chino encantado con las proezas astronaúticas de sus compatriotas, abrumado por la dimensión histórica del asunto, ni se les pasa por la cabeza pensar en la precariedad que padecen en otros órdenes de la vida. La microrealidad o la suprarealidad niega la realidad, la ningunea, la incapacita para ser referente de ningún estudio sociólógico: para eso está la carrera espacial o la carrera atómica. De atomo, se entiende. Viene todo esto a decirnos que a un ciudadano de un país en apuros (cuál no lo es hoy) le ofrecen un episodio de Star Trek y me lo tienen contento un año. Si se amotina, si exhibe su deslealtad con las consignas del régimen, le cierran el blog o le callan el pico bajo la amenaza de algún tormento medieval todavía vigente.
En España estamos lejos de crear un Ministerio Galáctico. Nos preocupan asuntos más terrenos y el espacio exterior importa escasamente cuando el interior todavía no está compartimentado como debe. No cabe en cabeza que el gobierno (éste, otro) invierta en lo que, por tradición histórica, por idiosincrasia, no nos incumbe en demasía. Pero igual estoy equivocado y el poderío de un país se mide en estos términos. Mis conocimientos no pasan de la pasada rápida por los titulares de la prensa y la escucha (más o menos pausada) de algunas tertulias radiofónicas. Y ahí todavía no he percibido yo signos de que la realidad española baje o suba, se obceque en buscar el universo más alto o se empecine en escudriñar el universo más bajo. Soy un ignorante. Ojalá quienes gobiernan mi ignorancia no lo sean.

27.9.08

Paul Newman (1925-2008)




Tanta gente que se queda en el camino que el prosista de esquelas pidió aumento de sueldo. Dijo que la emoción le podía. Una profesión de riesgo emocional en toda regla. Hay gente que se cae de un andamio o que es corneada en el muslo en una plaza de toros. Gajes del oficio. Escribir sobre gente que te ayudó a crecer y que de pronto desaparece, aunque no los hayas visto en la vida, tiene que ser una experiencia dolorosísima. No es lo mismo escribir la necrológica que no escribirla como no es lo mismo haber visto casi todas las películas de Paul Newman (más de ochenta) que sólo haber visto cuatro o cinco. Lo malo que tiene el cine es que te involucra en vidas ajenas y te conmueve que quienes contribuyeron a tu felicidad ya no existan. Paul Newman se ha quedado fuera de juego, pero el camino (como decía Kavafis) ha sido largo. Yo lo he disfrutado. Muchísimo. En algún limbo fuera del plano sensible, lejos de la realidad tangible y mensurable de las cosas, estará conduciendo coches rápidos y enamorando quinceañeras. Carecer de fe en la salvación del alma y en la vida eterna, me impide afiliarme a la bondad de su nueva existencia. Como a ninguna de los míos, los cercanos, que ya no tengo. Su cielo, el que ha legado, es la filmografía que le hizo uno de los mejores actores del mundo. Me pido esta noche la del Gordo Minnessota y el humo sobre un tapete verde.
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Queen + Paul Rodgers:The cosmos rocks




En The cosmos rocks, el último disco de Queen + Paul Rodgers, hay temas en los que Freddie Mercury estaría a gusto, retazos de la banda que en los setenta hiciera algunos discos memorables (A night at the opera, A day at the races, News of the world, Jazz) y que condujera al rock a una especie de delirio mediático del que ya nunca se han desprendido, y eso que en los ochenta y hasta el fallecimiento de su carismático líder la banda facturó discos mediocres (The works, A kind of magic) o incluso declaradamente malos (The miracle, el póstumo Made in heaven).
En el trayecto que va de la gloria a lo que no lo es hicieron algunas canciones antológicas (Bohemian Rhapsody, Love of my life, We are the champions, Don't stop me now, Killer Queen, Somebody to love...) y establecieron un modo de gestionar el espectáculo puramente pirotécnico (conciertos, giras, márketing) al que tal vez únicamente han sabido responder los mejores Rolling Stones o, recientemente, U2 o grupos escindidos de la apoteosis sinfónica de los setenta y ahora remozados en bandas de éxito, aunque lamentablemente anquilosadas en el vibrante pasado (Genesis, Pink Floyd).
May y Taylor, los fundadores de Queen, quienes reclutaron a Deacon y Mercury, no han querido o no han sabido renunciar al sello de la casa, al sonido reconocible. A diferencia de Genesis, que no consiguió encontrar un vocalista a la altura del fugado Phil Collins y falló con el estrepitoso Calling all stations, Queen ha hurgado en el vasto panorama del rock de los setenta (dónde si no) y ha encontrando a Paul Rodgers (Bad Company, Free) una voz suntuosa, un eficaz cantante que en ningún momento emula a Mercury (labor imposible) sino que abre una etapa nueva en la banda. En estas tesituras The cosmos rocks no defrauda: posee la suficiente calidad como para ser un disco grande que (a buen seguro) no aportará nada a los nuevos caminos por los que en este siglo XXI discurre el rock, pero que cumple (con creces) y abandona sin trauma el glamour antiguo, ese aureola de banda mítica para ingresar en un capítulo más modesto. Lejos del revivalismo, de la fácil postura de hacer giras mastodónticas durante años (que a buen seguro se llenarían y de la que venderían muchos discos) la banda ha hecho un disco nuevo. 14 temas de variada enjundia. Ninguno deplorable. Ninguno que aturda por bueno. Hay excelentes guiños al pasado (Call me, C-lebrity) y lecturas clásicas que no buscan la autoreferencia sino el patrón del rock and roll. En ese territorio, May, Taylor y Rodgers son maestros. No en balde llevan casi cuarenta años practicándolo.
May y Taylor no tienen a estas alturas nada que demostrar. The show must go on...
p.d.: Inevitablemente convertido en materia orgánica de mi memoria sentimental (todos tenemos una: yo a veces creo tener varias) pienso en el concierto de Queen de la gira A kind of magic (1.985). La vi en Marbella en una edad perfecta para convertir la música en una especie de militancia de la que todavía hoy no me he desprendido. Recuerdo muy nítidamente la apertura épica de One vision y el momento en que los Deacon, Taylor, May y Mercury abandonaban el escenario para que el playback restituyera la parte operativa de la monumenal, inconmensurable y orgiástica Bohemian Rhapsody. No hay nostalgia: es la conciencia de haber vivido ese momento y tenerlo a mano, en cualquier momento.



26.9.08

Maestros, jazz, Beatles...(Edición corregida y aumentada)


El mismo día en que Zapatero predicaba en la ONU las bondades del Estado del Bienestar tocaba en mi pueblo, en Lucena, Pecos Beck & Tito Poyatos Band.
Una de las cosas más fascinantes del mundo es que, a la misma vez, puedan suceder cosas tan enteramente distintas. Que una tromba de agua devaste una ciudad y abandone miseria y destrucción a su paso y que un sol de justicia, como decía Marcial Lafuente Estefanía, dore la piel de una pareja de novios en las Seychelles, así que yo me apoltroné en mi butaca con la certeza de que algo bueno iba a pasar en el escenario que tenía a escasas seis filas.
Antes de que Luis Poyatos se dedicara a sacarle a su órgano Nord voces que tenía escondidas, antes de que Pecos Beck hiciese filigranas imposibles, arpegios fonéticos de crooner negro y scat al más puro estilo Gillespie, la comunidad educativa lucentina, reclutada a golpe de misiva para celebrar el comienzo del curso escolar, reconocía la labor de una decena larga de maestros y de maestras recién jubilados. Cuando el discurso académico concluyó, el Concejal de Educación, Manuel Lara Cantizani, cómplice en todo momento con la sentimentalidad del acto, anunció la entrada en escena de una banda de jazz. O de blues. O de funky latino. O de soul cosmopolita. Da lo mismo. El pianista, una vez que desafectaron la tarima de mesas, sillas y atriles, anunció el programa: un standard del jazz (el sublime Night and Day de Cole Porter) y otro del soul de los mejores tiempos de la Atlantic (Georgia on my mind de Ray Charles) abrieron un repertorio impecable. La voz majestuosa y teatral de Pecos Beck, un francés con humor y un genuino showman a la antigua usanza, bajó después al cancionero de The Beatles, tal vez al menos conocido al oyente no iniciado (Maxwell's silver hammer, I want you, Octopus's garden) pero igualmente efectivo . Sólo faltó el tema más jazzístico de los de Liverpool: When I'm sixty-four. Los antiguos y los modernos, que también hay alumnos en el teatro, distinguidos alumnos que habían sido convocados para recibir honores y sentir el calor de los suyos, disfrutaron o creo yo que disfrutaron, que luego siempre hay quien desaconseja que un acto tan solemne se rebaje al jazz, ese ritmo de negros, para cerrarlo con empaque. Sobre gustos, afortunadamente, no hay libros de ayuda ni hay patrones fiables.
El mérito de la banda consiste en el magistral registro de géneros y en la destreza estrictamente musical de quienes patean Andalucía (hoy tocan en Adra, Almería) haciendo propaganda de la belleza y de la alegría de vivir. Pecos Beck es capítulo aparte. No habiendo nacido en Chicago ni siendo compañero de farra de David Clayton-Thomas, la voz de Blood, Sweat and Tears, recorre las texturas del soul-rock setentero con admirable oficio y ataca el repertorio de Lennon y McCartney con desparpajo, modificando a capricho, con solvencia, ejecutadas en riguroso feeling negro, canciones que en modo alguno fueron pensadas para salirse del patrón del rock emergente en los sesenta, que nació prácticamente de la nada, aunque la nada fue Johnny Cash, fue Elvis Presley, fue el blues del delta y fueron también los flecos que el jazz, ese refugio de todas las músicas, exhibe para socializar su mensaje de armonía entre culturas, pero la banda no se arriesga al encasillamiento y exulta ritmos caribeños (no en balde su trompeta es cubano y el bajista panameño) y hasta (sin guitarra, ojo) arrebatar al personal con un Day Tripper, alargado con elegencia, o un cierre de programa con Sgt. Pepper's lonely heart club band simplemente soberbio. Una armónica imprevista que sacó Pecos de la chistera mágica bordó el acto. Con mayúscula.
Al final de la actuación, fatigamos las calles de Lucena para redondear la festividad académica con un ágape nocturno. Ahí siempre termino pensando en Woody Allen, en una de esas películas en la que las conversaciones (trascendentes, irrelevantes, frívolas, teológicas, libidinosas) van dando forma al argumento, que suele terminar abruptamente sin que en ningún momento necesitemos más información de la que el director nos ha dado. Los músicos, con los que tuve la suerte de charlar, beber y hasta echar un cigarrito, fueron lo suficientemente cercanos y familiares como para entrar animosamente en la influencia de la Caledonia Blues Band, que me hace pensar en mi amigo del alma Antonio Linares, en el panorama musical andaluz o en la conveniencia de repetir (cuanto antes, mejor) el concierto. Les conté que en Lucena tenemos la muy noble y lúdica costumbre de saber escuchar jazz a pie de calle, en las aceras, mientras bebes cerveza o te comes una cuña de tortilla o un flamenquín, que es una cosa muy cordobesa. En eso quedamos. En volvernos a ver y celebrar la amistad por la música y por las personas.


23.9.08

"Confortablemente insensible..."

A la ficción no le incumbe la realidad. Vendrían a ser las dos caras de una moneda. Una va a la espalda o por debajo de la otra, pero sin que exista amenaza de que se conozcan. Esto sabemos que es así, aunque hay evidencias de la realidad que permiten albergar dudas más que razonables. O incluso: hay evidencias de la ficción que las alojan con idéntica eficacia. Ya no tenemos nada claro. Parece que la ficción se está amotinando y que esa sublevación invisible conquista parcelas de lo real que antes ni conocía. Los sentidos ya no están capacitados para confirmar el inventario sensible. Los pájaros. La lluvia. Los olores. Las manzanes. El frío. Es como si una grieta repentina en la superficie de la moneda nos invitase al otra lado y allí descubriésemos, entre la fascinación y la perplejidad, que se vive mejor. De hecho yo conozco gente que nunca ha salido de la ficción y viven en un mundo enteramente fabulado. No están al día en el precio de la leche ni se inmutan porque un tarado revienta la cabeza de su ex-mujer a capricho. Carecen de la sensibilidad que permite enmudecer de júbilo o morirnos de amor. Son personas que creen estar participando en algún tipo de reality del que pueden salir cuando les plazca.
También, por otro lado, hay gente que jamás ha puesto un pie en la ficción. Incluso que desconoce por completo su alambicada existencia. Gente que no ha leído un libro en su vida o que se hospeda en la rutina para dar la espalda sistemáticamente a los placeres no previstos. La literatura viene a ser el túnel que une los dos lados. O el cine, en otra medida. La facultad del ser humano para crear abre agujeros en la moneda, fracturas en el metal que ofrecen pasillos inmensos a cuyo término existe otra vida. Pero ayer, viendo las noticias en la televisión, comprendí que cada día estamos más en el lado de la ficción. Y como la ficción, por naturaleza, propende al engaño pues no nos creemos que ETA haya quitado otra vida. Oímos que ha muerto un guardia civil y pasamos página en ese hipotético libro que es la vida leída desde el lado de abajo de la moneda. No nos afecta esa muerte o nos afecta muy escoradamente. La creemos, muy en el fondo, material narrativo, un avatar más de la trama, una parte necesaria para la construcción clásica del argumento.
Y detrás del pobre muerto habrá un descarrilamiento, una inundación, un seísmo, un tsunami o navajazos en el metro (más domésticamente) que tan sólo punzarán de forma leve nuestra capacidad de asombro, tan tarada por la costumbre. En la ficción, en esa territorio almohadillado, aséptico, la violencia o el terror o la vileza no traspasa el blindaje con el que podemos frenar la avalancha de verdad que siempre se nos viene encima. No es verdad ETA ni la letanía de mujeres que mueren a manos de quienes las amaron. Se vive más feliz en la mentira. La verdad no se soporta sin que algo precioso e íntimo se pierda al contemplarla. Por eso triunfan los videojuegos. Por eso vivimos dentro de una idílica pantalla de plasma.

El íntimo cuchillo / El oro de las palabras

  Ars poética / La palabra contiene el futuro. Lo que hace Pedro López Lara, en adelante el poeta, es tantear el fuego con el que fatigan el...