La pintura contiene trazas de realidad que la misma realidad no disimula, de modo que a veces, según uno mire, a cargo de la locuacidad de la mirada, no se distinguen y arman a su tornadizo antojo el paisaje. Al fotografiar desde muy lejos a esos niños en sus juegos en la playa, agrandando la toma, resultó un cuadro. Un Sorolla, quise creer. La luz en Cádiz es maravillosa. La vida a ella cosida fulge, se recama de matices y hace un delicioso trampantojo con sus colores.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Curiosidad
Quien escucha es de sí lo que oye. Su mal percibe, su daño sin deseo adquiere. Lope de Vega lo declara cuando dice que el gallo, al escarb...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Yo tardo en descubrir los engaños. Soy de los que no los percibe hasta que están encima. Soy confiado hasta extremos preocupantes. Creo por...

2 comentarios:
Tal como lo dices, me pasa a menudo con el paisaje de playa.
Muchisimas veces es literal una pintura del mejor artista y uno se queda ahi, en silencio maravillado. Un abrazo y gran noche
Gracias, Eli. Es así. El mar es arte en sí mismo. Esté como esté. Es belleza siempre. Buena noche para ti también
Publicar un comentario