Hay palabras que uno escucha y de las que no se zafa. Más aún: las pronuncia con pensada elocuencia, como si decirlas aliviara o de pronto adquiriera un significado no previsto, una especie de periferia de la palabra misma, una epifanía. Hoy irrumpió alguna, cuándo no; permaneció el día entero, larvada y casi con promiscua intención. No supo dónde calzarla, se me resistió, dejé que mi memoria la tutelase, pero no hay confianza en ella, de ahí que la registre nada más llegar a casa, la deje apuntada en una libreta pequeña, en la que apunto esas revelaciones privadas, cuáles no también, que dan al día un aporte del que carecía cuando a su antojadiza y caprichosa manera se pronunció.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Una cerveza
Viene el verano con su boca de esparto. Está ya el cuerpo hecho a rendirse ante los rigores del calor. La memoria climática, la que todos ...
-
Con suerte habré muerto cuando el formato digital reemplace al tradicional de forma absoluta. Si en otros asuntos la tecnología abre caminos...
-
Hace algunos años o algunos cursos (los maestros confundimos esas dos medidas del tiempo), escribí este cuento para los alumnos de sexto d...
-
El Circo del Sol es adictivo. Hoy al salir del Grand Chapiteau he pronunciado esa frase. La repito mientras escribo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario