7.1.17

Bebop y mujeres en un sueño que estoy preparando



Yo nunca quise ser Thelonius Monk. No ha habido ocasión en que esa idea cruce mi cabeza y se quede ahí o me preocupe o haga que no me sienta feliz con lo que soy. Cada vez que le escucho me imagino la felicidad de ser Thelonius Monk, pero de inmediato razono que habría problemas con los que este buen hombre lidió y de los que pudo no salir o que él mismo, viendo a los demás, tuvo el deseo de ser otro y que el azar le permitiera dejar de ser Thelonius Monk. En lo que no hay discusión es en la disposición con la que acometía su oficio, en su amor al jazz. Del hecho de que yo desee ser Thelonius Monk de un modo transitorio podría deducirse que no tengo el apego que se puede preveer de ser Emilio Calvo de Mora. No es una carga que uno anhele a tiempo completo. En ocasiones, según qué haga o deje de hacer, qué esté observando o a quién, mi voluntad es la de ser invariablemente otro. Ignoro si ese hipotético otro, en su discurrir un poco extravagante, querría ser yo, aunque fuese un fragmento del día o una parte no considerable de su vida. Son pensamientos que ocupan el final del día, a poco de conciliar el sueño. Ojalá, a beneficio de narrativa, Monk se incorpore a la trama de esos sueños. Estaríamos los dos en uno de esos clubs de Nueva York, Antes de que salga al escenario y toque Blue Monk, me habría confesado que está cansado de ser Thelonius Monk. Que preferiría cierto anonimato. No sabe bien si un contable de una pequeña compañía de transportes o un periodista de sucesos, de los que van al lugar de la noticia y toman nota con una libreta pequeña, como hacen los detectives en las películas de cine negro. En el sueño, los dos fumaríamos toda la noche, beberíamos bourbon del bueno y él me presentaría a Charlie Parker o a Bud Powell. Hablaríamos de bebop y de mujeres.