26.11.10

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Lo qué no sé es a qué oscuro virus moral acuden los de la SGAE para emular a sus amigos americanos. Mis humildes principios bucaneros contaban con el soporte magnético de marcas de confianza como Tdk o Basf o Sony. Luego llegó el cromo: qué placer registrar un vinilo en una cinta de cromo. Una de noventa minutos, claro. Cabían dos discos por cara, salvo que el disco durara más de 45, y entonces te obligaba a hacer unas matemáticas sencillas o a gastar un dinero extra. Este arranque sentimental no incluye la presencia de la Sociedad General de Autores. Teddy Bautista hacía discos que escuchaban diez amigos y la palabra mp3 no se había incorporado a la RAE. Ahora hasta los muertos de los cementerios, en las psicofonías que les practican los de siempre, devengan derechos de autor. Y en los USA buscan fantasmas del Este y los ejecutivios planean métodos legales para exterminar a los delincuentes del ADSL.
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3 comentarios:

Rafa dijo...

Yo soy también de cinta de noventa por las dos cara. Por una Mike Oldfield y por la otra Supertramp. Es que voy ya por los cuarenta y esos eran mis referentes. Y las cintas me han hecho pensar en ese pasado, en lo bien que me lo pasaba grabando como una hormiguita y escuchando como un elefante. Ahora tengo cientos de discos que no escucho en estupendos discos duros que no enchufo. Una pena, por otra parte. Saludos, compañero.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Me creo todo lo que dices. Sony c-90: genesis y la elo. Qué me dices?

alex dijo...

Es un mundo nuevo, cierto es, que requiere nuevas leyes. Es, también, una jauría de perros en busca de su presa. Así percibo lo que está ocurriendo. Chorizos de miles de millones de dólares en las calles, dirigiendo la economía mundial. Tipos que se bajan "Avatar" por ahorrarse 10 euros multados con 3.000, para que aprendan la lección. Y aquellos que les proporcionan el acceso al pecado, casi siempre de modo altruista (repasemos las leyes y veremos que compartir sin ánimo de lucro no es delito), al trullo. Más peligrosos que los navajeros de Lavapies.

Los que generan industria (los artístas) no está en peligro. En peligro están los culos de quienes la manejan. Datos y números cantan. Antes se compraban discos. Ahora se bajan a través de Internet con beneficios muy superiores a los conseguidos entonces. La cuestión consiste en penalizar al que da algo gratis. Porque para ellos la vida no es gratis.