11.11.10

Creer en algo

I/ Un lado




"La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional? Porque hay que decirlo claro y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutr
alidad es una engañifa".

Miguel de Unamuno


Quitar de oficio todos los crucifijos en la escuela pública no es síntoma de ninguna alarma moral. Quizá debería ser una de las funciones del Estado, que es laico por definición y no debe conmoverse por el credo de sus ciudadanos. El país no se está quebrando ni las hordas bárbaras están invadiendo las instituciones. Lo religioso es un ámbito privado y la escuela es un espacio público al que acceden ciudadanos libres que, en mayor o menor medida, profesan alguna religión, no profesan ninguna o creen por estaciones, según tercie la economía o se lo pida con más ahínco el corazón. La gente de iglesia ve extremado eso de ir retirando cruces de las aulas. Creen que no hacen daño a nadie, y probablemente lleven razón. Veo yo más dañina la masificación en las clases, el desafecto de la sociedad hacia la figura del profesor o la retirada de la confianza en la educación que está embruteciendo la sensibilidad del pueblo y convirtiéndolo, a pasos de gigante, en una masa burguesa, cobarde, obstinada en hacer valer sus derechos cuando no cumple necesariamente sus obligaciones. Alegar que lo cristiano es inseparable de lo civil es ingresar en la umbría antigüedad y esperar milagros en las aceras, besar las manos de los obispos y rezar para que el cielo no nos cierre las puertas por pecar en demasía. Sostener que la cruz no perjudica al que no la reverencia es una obviedad. No creo que sea en sí mismo un símbolo punible, una evidencia de algo pernicioso. De hecho será una bendición o será un castigo para cada individuo en particular y no entra en la lógica de las cosas hacer comulgar a todos con las ideas de algunos.
Entra en lo desquiciante que algunos sostengan que la retirada de los crucifijos principie otra de más ambicioso calado: la supresión de la Navidad o la supresión de la Semana Santa, expresiones ambas de una realidad no únicamente religiosa, sino cultural, que difícilmente podría molestar a un laico. Pero en estos asuntos, en la medida en que uno cree o deja de creer en algo, hay grados e imagino laicos exaltados, fanáticos en su discurso, y creyentes de un activismo radical. Hasta el Papa ha comparado este anticlericalismo al que imperaba en los años treinta y que, aliñado con otras disputas políticas, regó España de sangre. No es que estemos dejando de ser católicos. Es, en muy sesgados términos, que nada favorece que uno lo sea o no. Como nada en este momento fomenta que alguien sea activista de Greenpeace o cofrade en la iglesia de su pueblo.
El Gobierno debe respetar y evitar confusiones que induzcan a pensar que un credo ampare un trato de favor que otro, minoritario, de más reciente ingreso en la sociedad, no posee. España no es católica. Son los ciudadanos los que lo son. Los que lo sean. No se despoja de significado a la tradición judeo-cristiana retirando la cruz de las aulas: se crea un espacio de tolerancia mayor al no introducir en un territorio abierto un signo de orden cerrado, un símbolo de una sentimentalidad individual, de un creer hacia adentro. Y la escuela, que es un espacio de paz y un espacio de cultura, debe hablar de la figura de Cristo (faltaría más que no lo hiciera) pero no exhibirlo, confiar en su presencia como guía de lo enseñado. No somos católicos: somos ante todo personas o ciudadanos. Es que estos políticos de la progresía no tienen temor de Dios. Al menos queda Unamuno y queda Juan Manuel de Prada, que hace hoy un repaso antológico a la moral, invitando a derrotar a la plebe blasfema que descree de los santos y arremete contra los apóstoles de la desesperación , pero es muy fácil dividir al mundo entre santos y pecadores, entre arquitectos y dinamiteros de la moral. La vida no cobra más sentido porque el Crucificado presida un aula: gana en valores cuando los que se sientan en los pupitres son educados en la tolerancia, en la justicia, en el respeto a los otros, en la fe en el progreso y en la supremacía del esfuerzo. La escuela, tan en zarandeo en estos tiempos de quebranto ético, no es un santuario, no es un templo, no es ni siquiera un seminario en donde los feligreses, ejerciendo su legítimo derecho a ver su fe representada en la sociedad, hacen prevalecer sus símbolos sobre otros. No debería haber símbolo alguno. En el lugar de la cruz, ya vemos, han colocado unas pizarras digitales. No sé si a través de esa presencia rotunda de cables y de alta tecnología los alumnos encontrarán la felicidad que se encomienda a la fe. Sé que vivimos en una comunidad y que la convivencia no puede ser escombrada por un conflicto que, en realidad, no existe. La cruz tiene su lugar en el corazón de quien la contempla con arrobo y con amor. Difícilmente se entendería que quienes declaran sentimientos tan nobles y tan puros quieran someter al resto a los suyos.



II/ El otro lado




Hay que creer en algo. Creer en uno mismo podría ser un comienzo. Lem, un eminencia en la ciencia-ficción, dejó escrito que el efecto es siempre el mismo: acaba siendo imposible distinguir entre la realidad y las visiones. Las mías son casi siempre poéticas. Pero la ciencia-ficción es un territorio propenso al desprecio académico y hasta sus mentores terminen hastiados de ese principio de incertidumbre teórica que consiste en no admitir la primacía de las visiones, en negar las distracciones de índole cósmico. Pero la ciencia-ficción es la metafísica del siglo XX. El templo es la oscuridad cerrada en el cielo infinito. Lem se desdijo y abandonó el rol de narrador del más allá. Creyó en la escritura, creyó en la cultura como un don, creyó en sí mismo y en la certidumbre de que el espacio interestelar es una minucia si lo comparamos con el ampuloso cosmos que encierra el corazón humano. El universo galáctico de Lem es émulo de éste en el que vivimos. Irónico, cínico, certero, Lem buscó a Dios en el vacío negro. Y así escribió en Solaris:

«Es el único dios en el que yo podría creer, un dios cuya pasión no es una redención, un dios que no salva nada, que no sirva para nada: un dios que simplemente es».

Como buen narrador del abismo del alma, en el espacio exterior o en un patio de vecinos, Lem dibujó lo insondable de ese corazón al que no entendía. El piloto Pirx no está muerto, el buceador de las galaxias está de rodillas, en el altar infinito, buscando a Dios. Supongo que todos lo buscamos. Que está, aunque nada de cuanto provenga de su presencia pueda afectarnos.

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12 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy oportunas, por sideralmente distintas, usando su terminología, sus reflexiones sobre la fe y sobre la política. Yo creo en la vigencia de la fe y creo en Jesús. Soy creyente porque he vivido la fe y no me entiendo si no es en Dios, pero no quiero la iglesia en la escuela y, por supuesto, admito (soy razonable, por mi edad y por mi cultura, poca o mucha) que las aulas estén llenas de crucifijos. No me parece bien que se use la fe en la política. Los caminos del Señor están en su Casa, que es la Iglesia, con mayúscula. Me he sentido cercana a la escuela por el oficio de mi marido y he vivido opiniones encontradas en sus compañeros. Los que pasan olímpicamente son mayoría. La gente va a lo suyo. Hay exaltados en un lado y en otro, vuelvo a insistir en lo atinadísimo de su visión de la historia, y hay gente que no tiene ganas de meterse en disquisicones "metafísicas" porque la vida aprieta lo suyo y hay veces en que la religión no sirve para el día a día. Lo dice una cristiana. Y es que si no hay fe, fe verdadera, de qué sirve una cruz en una pared de una clase, en Matemáticas o en Inglés? No sé. Me temo que esto es el principio y que los polìticos y la prensa jugarán sus bazas y harán una guerra que no existe verdaderamente. En definitiva, haya cada uno con lo que cree y... con lo que no cree. A Lem no tenía el gusto de conocerlo. A usted, a partir de hoy, le visitaré en cuanto pueda. Un placer.


Sagrario

Antonia Romero dijo...

Estupendo artículo.
Un saludo

Pascual Alamo dijo...

Sublime su prosa. Subscribo lo que encierra.

Rafa Roldán dijo...

En absoluto, mi querido amigo. Si las consideraciones que nos llevasen a arrojar los crucifijos a las papeleras fueran de índole moral, todavía me quedaría un resquicio de duda; pero este no es el caso. Los crucifijos, el cartel del Domund, la convocatoria para el concurso de poesía o el mural sobre los mamíferos han estado siempre expuestos en las aulas y a nadie ha molestado. Sin embargo, ahora, en la era de las bibianas, pajines y ZPs, les da a ciertos padres la grima repentina por los determinados símbolos. Casualmente, estos padres son del partido y, sin lugar a dudas, buscan el artículo oportunista o la opinión irreflexiva antes que la supuesta justicia social. Todo es por un puñado de votos y me sabe mal que entremos al trapo de tan infames artificios.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Es la idea, Sagrario. El respeto, la sencilla evidencia de que lo que está en el corazón de uno no puede imponerse al ajeno.

Gracias, Antonia, Pascual.




No hace falta tirarlo a la papelera, amigo Rafa. Es un gesto que desacredita absolutamente al que lo hace. Basta con retirarlo. No poner nada en su lugar. Dejar la pared sin símbolos que exhiban un modo de sentir particular en una pared, insisto, pública. Sí, una iglesia en mitad de la plaza de un pueblo es una exhibición de un modo de pensar y está en un ámbito público, pero estamos siempre abocados a tirar de excesos y esto es más sencillo. No era mi intención, en modo alguno, molestar a mi amigo Rafa. Este trapo ha merecido correo interno (mira) y merecerá lúpulos nebrasqueños. Un abrazo.

Ramón Besonías dijo...

Volvemos a coincidir en afectos intelectuales, Emilio. Aquí dejé el mío en relación a los cricifijos:

http://lamiradaperpleja.blogspot.com/2010/11/agora.html

Y no vamos muy distanciados en figura y fondo. Da gusto (hedonista) regodearse en la contemplación de ideas afines a las de uno, aunque sean las dispares las que alimenten.

Poco, nada tengo que añadir a lo que dices, salvo agradecer que me recuerdes a Lem, alguien para el que el espíritu (esa entelequia) no está ubicado en iglesias ni crucifijos, sino en toda la materia. Inasible, inconmensurable, nos tiene, y habla a través de nuestras emociones.

Buen fin de semana y, como siempre, gracias por tus palabras.

Anónimo dijo...

¿Quién coño es Kafka, digo Lem?
En lo otro, Chapeau!çMillás dice hoy en El Pais que el Papa es un misógino y un Jefe de un Estado Dictatorial.
A quitar crucifijos, ar!!!
Rafa

Pedro Arroyo dijo...

Al final el que habla de la crucifixión va a ser el crucificado. Está visto que no puede uno ni lanzarse a criticar, que siempre viene alguien con los dientes apretados y ganas de incordiar. Yo me quedo con los franceses. Qué envidia les tengo. Son muy listos y llevan mucha delantera en inteligencia en temas religiosos a los demás. A tirar crucifijos no. Es mejor retirarlos cone ducación y mandar a los que quieran ser educados en la fe de Dios a sus seminarios y a sus clases privadas. Y por no hablar de los privilegios de la Iglesia. ZP les da lo que piden y más. No me parece que deban quejarse. En cuanto nos descuidemos, nos ponen crucifijos en los semáforos.

Rnhotsnurns pot rl nloh.

Pedro Arroyo dijo...

Enhorabuena por el blog quise decir. Perdona.

Miguel Cobo dijo...

Emilio, tu excelente artículo rezuma sabiduría y sentido común por los cuatro costados. Y sobre todo, respeto; tanto en la forma como en el fondo.

Sin embargo -y sin ánimo de polemizar- este respeto no aparece en las apreciaciones peyorativas que hace Rafa Roldán. No se trata de una cuestión doméstica de "bibianas, pajines y ZPs". Este asunto trasciende nuestras fronteras y ya hay jurisprudencia al respecto, al margen de cualquier tipo de consideraciones:

http://www.publico.es/espana/266385/estrasburgo-declara-que-el-crucifijo-en-las-aulas-viola-la-libertad-religiosa

Y quede claro que a título personal no soy nada beligerante en este asunto.

Con todos mis respetos.

Saludos

Conrado Castilla dijo...

En la clase de mi hijo como tubien sabes hay un crucifijo, y hasta ahora que yo sepa nadie le ha dicho nada a la maestra, ni se le ha catalogado de nada irrespetuoso por ello, sien embargo el Sr. Roldán,siguiendola tónica habitual en las personas de esa ideología se dedica a desacreditar al gobierno. ¿Me pregunto si él desacreditaría igual a la maestra de mi hijo por incumplir la legislación vigente en relación con ese tema o por el contrario la incitará a ello? Porque efectivamente está incumpliendo la ley aunque nadie le haya dicho nada, pero a buen seguro que si en vez de un crucifijo hubiera otro símbolo de cualquier otra índole a esta gente les molestaría enormemente, por ello hay que comenzar por respetar las ideas de los demás y las leyes que en democracia se hacen buscando el bien común, pero que nos obliga a todos, y si no estamos de acuerdo cauces hay para intentar cambiarlas, pero desde luego lo que no podemos es imponer nuestra forma de ver las cosas, pues señor Roldán, no siempre tenemos razón.

Rafa Roldán dijo...

D. Conrado Castilla:
1. ¿Qué es eso de "las personas de esa ideología"? Aclárese.
2. Por supuesto que desacredito al gobierno prohibicionista que tenemos, no voy a cargar contra el presidente de la comunidad de vecinos.
3. Apoyo a esa profesora de su hijo, que tiene la valentía e independencia necesaria para saber qué tiene que hacer. Esté ud. tranquilo, que seguro le enseñará mejor a su hijo que si fuera una temerosa y políticamente correcta de las que se dan tanto hoy día y que sólo están pendientes de quedar bien con todo el mundo.
4. A "esta gente" nos molestaría enormemente que ud. y su APA pusieran un cartel del Che, de Mao o de Stalin.
5. No estoy de acuerdo con las leyes coercitivas de ESTA GENTE que nos desgobierna y que sólo está aquí para complicarnos la vida en lugar de resolver problemas. Que estemos hablando de esto es ridículo, la enseñanza tiene grandes problemas como para preocuparse por´un símbolo que forma parte de nuestra cultura occidental, de nuestras ideas y forma de ser, no lo olvide sr. mío, porque es muy probable que de no haber tenido esa base nuetras hijas tuvieran que llevar el burka y nuestros hijos el cinturón de explosivos.
Finalmente, le recomiendo que se pase por este enlace
http://www.larazon.es/noticia/2459-los-profesores-de-religion-denuncian-coacciones