6.6.10

Un sábado maltés




Tengo mi lado oscuro. Hace que me fume una cajetilla de tabaco en un día a sabiendas de que todavía están por el aire los pólenes asesinos y que llevo un mes hermanado con un aerosol alemán y con unas pastillas americanas. El lado oscuro tira de vicios antiguos y se enfanga uno en alegres caladas, en el placer inconveniente de envenenarse uno sin que se advierta, salvo alguna tos previsible, el daño. El lado oscuro se me presentó ayer sábado. Salió de adentro y ya no me abandonó en todo el día. Me hizo beber, me hizo fumar, me hizo hablar sin parar durante horas, me hizo sentirme feliz sin adjetivos. Una especie de yo epidérmico, telúrico, planetario, esdrújulo. Un yo Hyde, un yo al que de pronto le han manumitido de la rutina y han arrojado a la bacanal léxica, al lupanar tóxico, al limbo perfecto en el que fumarse una cajetilla de tabaco rodeado de los suyos es una epifanía del orden estético, de la limpieza moral, de la verdad sin axiomas del cosmos. Y hoy no hay resaca de casi nada. No toso. No tengo esa pesadumbre con la que en ocasiones te levantas la mañana posterior al exceso. El de ayer fue lúdico, luminoso, revelador de la verdadera naturaleza de la felicidad. Está en el lado oscuro, en los márgenes, en las afueras, en el humo, en el verbo descoyuntado expandiéndose por el aire, enhebrándose con las volutas del Winston blando reside quizá el gozo absoluto, el gozo también volátil, la evidencia de algo hermoso a lo que aspiramos y que en ocasiones se nos presenta.
Y nada hay en este arrebato festivo de ese yo ayer iluminado que vindique los usos del tabaco ni las bondades digestivas del gintonic. El humo del tabaco siempre estará en la imaginería sentimental de los aficionados al cine en blanco y negro. Con ese banco formidable de imágenes no se puede luchar. Ninguna política de ningún departamento de Sanidad de ningún gobierno puede borrar eso. En eso pensé ayer, mientras fumaba, en Humphrey Bogart en El halcón maltés. Y es que soy un tío muy raro hasta cuando me divierto. Ahí quizá más. No le dije nada a mi mujer ni a Clemente. Ellos no sé en qué pensaron.

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2 comentarios:

Alex dijo...

¿Qué tiene, es cierto, el lado oscuro que te hace sentir mejor? Durante un tiempo lo hice, y de no ser por la tristeza diría que me sentí por primera vez libre. Tampoco tenía nada que perder y eso te hace correr riesgos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Darth Vader en vena. Me hizo escribir el post la cara del Darth Vader, en un póster, en una peli. El lado oscuro. El reverso tenebroso. Todo eso. Stars Wars puro.
En el lado oscuro se vive mejor. Se vive al límite. Se apuran los minutos. El tiempo es más elástico cuando lo violentamos.