22.6.10

Todo lo que no sé y me aguarda...


I
Al cine se le encomiendan en ocasiones oficios que no le corresponden: se le pide, incluso exige, que distraiga, conmueva, anime e incluso sane. Hay hasta quien mantiene la firme convicción de que el cine nos hace mejores personas, pero cuando la proyección finaliza y se encienden las luces, percibimos de nuevo la realidad, su fiebre, su vértigo. El cine (digamos el Arte) distrae a quien lo observa: en la distracción, durante el tiempo en el que nos exponemos a su influjo, sucede el milagro de la belleza. Y el tiempo, el inasible, el tirano, mengua su vocación de desagüe y las horas revelan el encanto indescifrable de la armonía absoluta del cosmos. Como si el objeto admirado (una película de Lubitsch, un poema de Gil de Biedma, un cuento de Saki, un solo de Brad Mehldau) estuviese únicamente ahí para nosotros y se nos hubiese confiado el privilegio de su revelación. La cultura fragua ese acto íntimo. La cultura es la que nos inocula el hábito de la emoción. La cultura es el espejo de esos sueños.


II
Vuelvo a Borges: el libro existe cuando encuentra su lector. Muerte en Venecia (que no he visto) me espera, imperturbable. De algún modo secreto y al mismo tiempo magnífico, me espera en un anaquel, en un videoclub de barrio, en la programación nocturna de algún canal digital. Me temo que la televisión generalista hace años que ha olvidado que existe el cine latinoamericano o que habría lujuriosos ciclos de cine negro para amenizar las noches de verano en Córdoba, que suelen ser tórridas , maleducadamente empalagosas. Se lo decía anoche a mi hija: qué envidia, Sara, que te esperen Howard Philips Lovecraft, Charlie Parker, John Ford, Eduardo Galeano, Sergei Eisenstein, Vladimir Nabokov, Pat Metheny, Bill Evans, John Coltrane, Stanley Kubrick, Jorge Luís Borges, Thomas Mann, Akira Kurosawa, Paul Auster, Helmut Newton, Jimi Hendrix, Alfred Hitchcock, Ernst Lubitsch, Billy Wilder, William Faulkner, Pink Floyd, Genesis, Yes, Muddy Waters, Mario Benedetti, Quim Monzó, Juan José Millás, Keith Jarrett, Lawrence Olivier, Patricia Highsmith, Frank Kakfa, Marcel Proust. Todavía tiene que leer La montaña mágica, El corazón de las tinieblas, Lolita, El Aleph, Cien años de soledad, La insoportable levedad del ser, Orgullo y prejuicio, Mortal y rosa, A sangre fría, El guardián en el centeno. Todavía no ha visto Las uvas de la ira, Apocalypse now, 39 escalones, El apartamento, Perdición, Blade runner, Espartaco, Barry Lyndon, Olvídate de mí, Pulp fiction, El hombre que sabía demasiado, La soga, El cartero siempre llama dos veces. Pero está leyendo El retrato de Dorian Grey, ajena al runrún pestilente del film de Oliver Parker, y escucha los discos de los setenta de Stevie Wonder o la Rapsodia Bohemia de Queen, la canción a la que probablemente su padre deba, en parte, su equilibrio emocional.

III
Me pregunto qué no he visto yo, qué tesoros me aguardan, qué me diría quien los conozca para que tarde lo menos posible en echarles mano.Yo estoy rabiendo por contarle a alguien a quien aprecie que no tarde en meterle mano a Lovecraft, que escuche a Bill Evans, que es lo yo estoy haciendo justo en este momento. Mi vals para Debby.

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2 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Parecía otra cosa esta entrada, por el título. Pero veo que es una afirmación de la vida. Comparto ese sentimiento de que todavía nos queda todo por descubrir. Lo que, a veces, también angustia un poco.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Vivir es siempre una fiesta. A pesar de todo lo que se obstina en estropear el festejo. Son pocas vidas para tanta celebración. Hay mucho que ver, que oír, que sentir, que decir, que amar. Angustia eso, el tiempo.