20.2.10

Sobrellevar el vacío

I
Entramos en una habitación de hotel y entendemos la existencia de cada objeto: sabemos a qué atenernos con la lujuria sensible de las cortinas, el minibar, la cama y el teléfono, pero la literatura nace cuando en un cajón encontramos una pistola cargada o una rana muerta o un biblia en polaco con algunas manchas de sangre. Todo entonces se dispone para que el argumento derrote la tristeza de entenderlo todo y podamos sentir, pecho adentro, el asombro. Luego desaparece la anomalía física, la pistola, la rana, la biblia. El inquilino descree de esa felicidad ilusoria consistente en el hallazgo fortuito de nudos de argumento, podríamos decir. Le fatiga la idea de una pistola en un cajón en una habitación de hotel, pero le fascina la idea de los días pulcros en casa, al margen del vértigo, feliz por no participar en el bochornoso espectáculo del azar. No recuerdo quién la dijo o la escribió, pero la frase venía a decir que para hacer una película sólo hacía falta una mujer y una pistola.
II
La ciudad está comida por la fiebre del tiempo, sucumbe al stress, la asedia el vértigo. Encapullado, a salvo frente al televisor, es más fácil tolerar el vacío. Igual que Sartre dijo no haberse repuesto de su "incomparable infancia", hay quien no se repone del amor ni del socialismo. Duele la realidad porque tiene trazas de ficción. O es al revés. Lo que no soportan algunos es que ambas manifestaciones narrativas (la vida es un libro) tengan intersecciones. Mi amigo K. me confesó una vez que había leído a Bucay. Yo, sin ir más lejos, devoraba en los últimos setenta novelas de Clark Carrados.
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6 comentarios:

Pedro dijo...

Duele la realidad.
A veces me gustaría tener una mágica goma de borrar para eliminar los errores que cometo. Pero los deseos no se quedan sólo en mis sueños, menos mal que en ocasiones se meten de en mi vida.
Sí, amigo Emilio, llevas razón, los libros son manifestaciones narrativas de la vida.
Un abrazo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Si miras la realidad muy de cerca puedes ver sus píxels. Vida en alta definición. Me voy de carnaval, amigo Pedro. No llevo disfraz reconocible. Uno va bien como va. A diario. Nos vemos en algún bar. A ver si puede ser. Un abrazo.

Anónimo dijo...

La vida es un libro, pero mal editado, con argumento malo y con algunas hojas arrancadas. Las buenas... Rafa

Isabel Huete dijo...

No he experimentado nunca el vacío o, quizá, es que no lo recuerdo. Tiendo a sentirme llena siempre, incluso a veces me empacho y necesito vomitar para limpiarme por dentro, pero es un proceso que me satisface porque si no me lleno, también de lo malo, no puedo usar la trituradora de vez en cuando. Cada paso que doy es un argumento.
Besazos carnavaleros.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo de las páginas arrancadas da para mucho. ¿Quién las arranca? ¿Vienen ya así de fábrica? En fin, Rafa, habrá que ir pensando. Nos vemos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Yo tampoco lo he experimentado, pero sé lo que es. Lo he visto afuera. Lo veo a veces intentar convencerme de que existe, pero le pongo remedios. Éste es uno. Un beso enorme, Isabel, amiga.
Ah, a propósito, he estado un poco despistado y no he podido, todavía, escribir algo para lo de tu página. Ya me pongo.