17.2.10

El lenguaje de las manos


Las manos desahogan el alma. La liberan del peso del pecado o del peso de la culpa. Hay una variedad formidable de pesos que el alma soporta. Incluso en ese compromiso, en esa carga, el alma crece, avanza, se conmueve ante el dolor ajeno y cuenta cómo puede el propio. Eso del alma es un recurso muy útil cuando quien escribe precisa de buscar un protagonista sobre el que hacer caer toda la relevancia dramática de su trama. El archivo bibliográfico sobre el alma es inabarcable. No ha habido filósofo o poeta o cantante de boleros que no haya acudido a su regazo y la haya metido en faena dialéctica, en cabriola metafísica o en deslumbre metafórico. Las manos, en cambio, no tienen ese pedigrí y suelen ignorarse en los discursos sobre lo trascendente. En cambio, vista la fotografía y poniendo en relieve la experiencia vital de quien la contempla, es decir, usted, yo, en fin, cualquiera que tenga un pie en el mundo, se advierte aquí que las manos hablan y hacen eso que cuento al principio: desahogan el alma. Me imagino yo que estos dos señores se valen del lenguaje de las manos sin un plan previo: simplemente las airean, las convierten en una extensión de lo que hablan, las usan a modo de instrumento cortante al que le hemos dejado que únicamente hiera al aire. He visto trifulcas de marujonas en la plaza de abastos o de hinchas futboleros en la barra de un bar que no difieren en coreografía de éstas. La diferencia estriba en el peso (insisto en esto del peso) que las cuatro manos de estas dos fotografías soportan.
Las del señor de la derecha (no crean que ha sido a posta) están relajadas: se las ve sueltas, manejan el espacio con firmeza, se abren, se tensan. Dicen: sr. Zapatero, adelante los comicios. Las manos de la izquierda (nunca puede estar uno seguro de nada en esta vida) son manos que hacen arabescos: están hechas a retorcerse en el aire que las tutela, a usar sus dedos para contar, que es un modo simplicísimo de estabular el relato de la realidad y convertirlo en un inventario. Son manos que dicen: Sr. Rajoy, presente la moción de censura. Los políticos juegan con las manos igual que los prestidigitadores. No dudo que de noche, en la intimidad, se las bañen en cremas protectoras de marcas carísimas. Las manos son el espejo del alma. Las manos y la cara, claro. En esos lugares es en donde quien nos mira hurga en lo que no ve: en ese adentro oscuro.
El tahúr está siempre enamorado de su manga. Todo esto que hoy nos han vendido en periódicos y en televisión, en radio, en blogs, en podcasts y en pastillitas de colores es un argumento conocido. Ya hemos visto antes el truco y sabemos que después de la danza de las manos no hay chistera ni conejo dentro. Contra uno que se defiende siempre hay uno que ataca. No sé si son peso medio, mosca, pluma o supergallo. Tienen hasta spárrings: gente colocado a dedo, de aguante cristalino, que recibe los mandobles sintácticos y va preparando al líder para que se vaya soltando y haga manos. Se ve que no tengo futuro como cronista político.

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13 comentarios:

Ramón Besonías dijo...
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Ramón Besonías dijo...

A priori el movimiento de manos de la clase política está pensado para no parecer un autómata. A algunos personajes les sale del "alma" y menean las manos como si se adelantara la Feria de Sevilla. Esos deben contenerse y mostrar espontaneidad pero no irracionalidad, el control es esencial. Parecer, no ser.

Otros nacieron hieráticos ya desde la cuna. Ni el lloro connatural les salía. Mueven las manos a veces y sin ganas, sonríen casi siempre, pero tras el rictus se adivina una contención forzada, una voluntad evidente de aparentar que se tronca en sospecha y descrédito.

Cada ciudadano presentimos a nuestro autómata. La mía es Esperanza Aguirre. A veces creo adivinar unas manos en su lomo, que mueven su sonrisa almidonada y su verticalidad desincopada.

En fin, supongo que es cuestión de gustos, y fijarse, mirar de cerca, muy cerca.

Casiano dijo...

Las manos anticipan el movimiento sibilino del alma en guardia que se oculta tras el rostro caradura del político a sueldo.

elprimerhombre dijo...

Muy interesante su entrada. Yo utilizo bastante las manos para expresarme y es una de las partes de mi cuerpo que más me importan, por lo importantes que son en nuestras vidas y por el sentido del tacto.

Los políticos mueven las manos, pero no para darse a entender, sino para todo lo contrario.

Un saludo!

Juan Antonio González dijo...

No confio en la clase politica. Llevo sin votar un par de comicios y asi voy a seguir. Ahora incluso con más ganas. Me parecen todos una pandilla de aprovechados. Unos más, otros menos, claro. Los socialistas son de derechas y los de derechas no sabemos lo que son. Lo de las manos, muy bien, muy bien, pero se pierden cuando hablan. Ahi se les va el aire por la boca cuando hablan. Rajoy es un sujeto extraño y de zP no te cuento. Es más extraño todavía. No sé dónde vamos a llegar con gente asi, pero encima les votan. Yo por lo menos voy tranquilo por no haberles dado de comer ni esto así...

Anónimo dijo...

Por la boca muere el pez y por las manos algunos políticos...

Un saludo...

Ana

Alex dijo...

Gran frase, Emilio. Las manos desahogan el alma. Es así, y no hay manera de apoyar mejor la palabras que con determinado gesto. No me enteré de los detalles del debate. La cosa política me es ajena desde hace semanas (por fortuna). Entendido tengo que la crispación política crece. La social, por desgracia, me consta porque la vivo. Cosa, vivir la realidad, que me temo brilla por su ausencia si nos referimos a un político.

Abrazo.

Isabel Huete dijo...

Regreso y se me encongen los higadillos al comprobar tanto descreimiento, tanto escepticismo. No sé si es por mi mentalidad positiva o por mis ganas de que no todo sea tan peor (quizá ya llego a confundir lo que es con lo que quiero que sea), pero aún creo en la buena fe de las personas, políticas o no, y soy incapaz de generalizar el desastre. Sé reconocer los errores o los despropósitos pero también los aciertos y las dificultades. No todo es blanco, pero tampoco todo negro. Hay muchos matices entre un color y otro.
Besos grandes, amigo.

Sonia Hdez. dijo...

Yo a diferencia de Isabel sí que lo veo todo unpoquitín negro. Descreo porque hay pruebas para descreer. Son muchas, y todas al mismo sitio, a la yugular del ciudadano, a ver si se desangra. Lo de las manos es genial, Emilio, y coincido con Alex en la calidad de la frase de lo de las manos desahogan el alma. Es verdad. Más debieran.

Saludos a todos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Me gusta escribir por comentarios como éste. Valen más que lo que uno escribe. Dan pie a diálogos. Lástima que no podamos hacerlos a pie de barra, en fin, tomando una cerveza o algo así. Un abrazo, Ramón.

El político, aunque hay gente de este grosor espiritual en muchos gremios, es a veces ladino. Lo es por naturaleza propia del cargo, Casiano- Es que es todo muy difícil, Casiano. Gobernar: se trata de gobernar a los otros. Quiénes se creen que son. Los que hemos votado, tal vez. Es todo muy difícil. Es todo muy complicado.
A propósito, ¿cómo anda Ubrique últimamente?




Haces bien, Juan Antonio. Lo único consecuente es ser siempre uno mismo. Eso es digno y es de gente honrada. Si no empezamos siendo honrados con nuestr forma de pensar y nos plegamos a esto o a lo otro, mal asunto. Tú me entiendes. Un abrazo.

Borges decía: Por la boca muere el pez, y Oscar Wilde. Pon el nombre que quieras, Ana. Un beso.

Primerhombre, las manos son instrumentos de algo. De muchas cosas. Las usamos para dirigir una especie de orquesta invisible. Nosotros somos la orquesta. Nos guían. Nos conducen.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Tampoco yo, Álex. Me entero de lo que me interesa. Cada vez más. Abrazo devuelto.

Están los matices, Isabel, pero hay evidencias insoslayables. No podemos evitar cierto disgusto en algunas cosas. La política está entristecida por estos políticos. Son las personas las que fallan: no las ideas.
Me alegro (mucho, mucho) de que estés aquí.

De acuerdo contigo, en todo, Sonia. Eso es bueno para ser la primera vez que nos leemos.

Anónimo dijo...
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Rafa dijo...

Ya nos conocemos. Es que me dan repelús estos politikitos de la tele. Se creen dueños del mundo. Se creen que mandan. Los ponemos, los quitamos nosotros. A ver si dan cuenta.