26.11.10

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Lo qué no sé es a qué oscuro virus moral acuden los de la SGAE para emular a sus amigos americanos. Mis humildes principios bucaneros contaban con el soporte magnético de marcas de confianza como Tdk o Basf o Sony. Luego llegó el cromo: qué placer registrar un vinilo en una cinta de cromo. Una de noventa minutos, claro. Cabían dos discos por cara, salvo que el disco durara más de 45, y entonces te obligaba a hacer unas matemáticas sencillas o a gastar un dinero extra. Este arranque sentimental no incluye la presencia de la Sociedad General de Autores. Teddy Bautista hacía discos que escuchaban diez amigos y la palabra mp3 no se había incorporado a la RAE. Ahora hasta los muertos de los cementerios, en las psicofonías que les practican los de siempre, devengan derechos de autor. Y en los USA buscan fantasmas del Este y los ejecutivios planean métodos legales para exterminar a los delincuentes del ADSL.
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25.11.10

El juramentado


by El Roto


Qué despojado está el juramentado. Qué limpio y qué firme. Se ha protegido el corazón con un fajo de billetes. Mira al frente sin abrir los ojos. Se ha atrincherado detrás del capital. No hay temor en su gesto. Se sabe a resguardo. No existe arma de destrucción masiva más devastadora que un buen fajo de billetes exhibido a tiempo, izado junto al corazón como advertencia. Los dueños del capital son hackers: entran en un sistema y lo revientan, lo configuran a su antojo, lo adoctrinan sibilinamente. Una vez que el sistema está colonizado, el agente invasor avisa al resto de su acólitos. Conviene que se vea quién manda, pero sin dar la impresión de que el Jefe está solo. El poder es un instrumento de manejo muy delicado y puede volverse en contra de quien lo ejerce. El capitalismo cainita se cuida de no asfixiar del todo al pueblo. Si lo extermina, si lo arruina y lo deja insensible, el capital se vacía de significado. El juramento, el que se pega el fajo al pecho y mira al infinito en puro arrobo, es en el fondo un pastor. Su oficio invisible es la conducción del pueblo hacia la tierra prometida, que suele ser un gran centro comercial en un sábado por la tarde. Preferentemente a principios de mes, cuando la nómina ha hecho ruido en la cartilla de ahorros y el dinero pide a gritos aire y el alma exige a dentelladas bienes de consumo, golosinas desechables, algo en lo que sentirnos plenos y notar un escalofrío de placer bestial y primario. Esta misma noche salgo a la calle y comulgo.

La cabeza cortada de Yukio Mishima se presenta en sociedad...

24.11.10

David Mamet no va a salvar a la industria del cine


»Me gusta el entretenimiento de masas. Yo mismo he escrito entretenimiento de masas. Pero es lo contrario del arte, porque la función del entretenimiento de masas es seducir y adular a los consumidores, para transmitirles la idea de que aquello que consideran cierto es realmente cierto, y que sus gustos y su gratificación inmediata son la máxima prioridad para el proveedor. La función del artista, por el contrario, es decir: ¡Un momento! Al contrario, todo lo que habíamos pensado es incorrecto. Debemos revisarlo.» (David Mamet)


A David Mamet le incomoda la presencia de espectadores pasivos: le violenta que el público no esté a la altura de las circunstancias. A Michael Bay le sucede justo lo contrario: le molestan los espectadores curtidos, los que pagan la entrada y luego informan de la presencia de bazofia en la pantalla. Pero Mamet sabe que es Bay el que hace que el negocio funcione. Los cines continúan abiertos porque el señor Bay alumbra cada año su pastelazo digital. Los piratas que machacan horas de rapidshare bajándose cine en avi no buscan cine de Lubitsch o de Haneke, salvo hermosísimas excepciones. Lo que buscan (ay) es Skyline, Transformers, Crepúsculo, todas esas horteradas que hacen que el cine siga siendo una industria. La revisión que se plantea Mamet es filológica: una especie de investigación interna, un informe endógeno que no reviste mayor trascendencia. Para que Mamet haga cine tiene que haber un Bay. Detrás de cada buen director hay siempre un obrero abnegado. Les debemos tanto...



20.11.10

"La ermita de mí mismo..."


Mientras otros se esmeran en la elección de un aire bueno y se preocupan singularmente por hallar una morada saludable, tú estudia el trato humano y sé juicioso en elegir tus compañías. Los aspectos, conjunciones y configuraciones de los astros, que mutuamente varían, intensifican o reducen sus influencias, no son sino las variedades de la conversación más cercana o más lejana de unos con otros, y son como la compañía de los hombres, por la cual éstos se hacen mejores o peores e incluso intercambian sus naturalezas. Dado que los hombres viven por ejemplos y de continuo están imitando alguna cosa, ordena tu imitación con arreglo a tu mejora, no a tu perdición. No busques rosas en el jardín de Atalo o flores sanas en una plantación ponzoñosa. Y como apenas hay nadie malo, sino que otros son peores para él, no tientes al contagio por proximidad ni te arriesgues a la sombra de la corrupción. Aquel que no haya sufrido tempranamente este naufragio, y en sus días juveniles escapara a esta Caribdis, puede tener un feliz viaje y no entrar en el puerto con velas negras. La conversación con uno mismo, o estar solo, es mejor que esa compañía. Algunos escolásticos nos dicen que está solo en estricto sentido aquel con quien no hay ningún otro de la misma especie en el mismo sitio. Nabucodonosor estuvo solo, aunque estaba entre las bestias del campo, y se puede decir aceptablemente que un hombre sabio está solo aunque esté rodeado de una turba de gente poco mejor que las bestias. Aquellos que no piensan, que no han aprendido a estar solos, se encuentran en una prisión para sí mismos si no están con otros, mientras que, por el contrario, aquellos cuyos pensamientos están en una feria prefieren en ocasiones retirarse en compañía, estar fuera de la multitud de sí mismos. El que necesita tener compañía tendrá necesariamente a veces mala compañía. Sé capaz de estar solo. No pierdas el beneficio de la soledad y la sociedad de ti mismo, ni te limites a conformarte, antes bien deléitate en ser solo y único con la Omnipresencia. Para el que está así dispuesto, el día no es inquieto ni la noche negra. La oscuridad podrá atar sus ojos, no su imaginación. Yacerá en su lecho como Pompeyo y sus hijos, en todos los puntos cardinales, especulará sobre el Universo y gozará del mundo entero en la ermita de sí mismo. Así, la antigua ascética cristiana encontró un paraíso en un desierto, y con poca conversación en la Tierra tenía una en el cielo; así, aquellos hombres hacían astronomía en cuevas y, aunque no contemplaban las estrellas, tuvieron la gloria del cielo delante de ellos.


Thomas Browne
(1605-1682)

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19.11.10

Iconos: Jules and Vincent


Me falta muy poco para ser un friki de Pulp Fiction. La he disfrutado solo y la he disfrutado en compañía. Me he sentido feliz al recomendarla y que se me agradezca y me he sentido incomprendido cuando me han mirado con cara de tú no sabes lo que es el cine, hombre. Y probablemente no sepa. Uno disfruta siempre hacia adentro y a veces es muy difícil explicar las cosas invisibles. Ni las que se ven se dejan manejar por las palabras así que en esto de contar uno sus vicios hay que esperar cualquier cosa. Pulp Fiction está entre las primeras. Ah, lo de iconos se lo he copiado vilmente a mi amigo Álex. Sé de antemano que le habrá encantado mi absoluta falta de imaginación.

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16.11.10

La ballena blanca


I
Es posible que todo sea, al final, una forma de escepticismo, de descreimiento: se vive mejor en la duda. Las certezas desarman muy rápido nuestra capacidad de asombro, que es lo que mueve el corazón y nos hace más sensibles y quizá también más inteligentes. Sin dudas, sin asombro, sin la incertidumbre de lo por venir, no hay ciencia, no hay vida. El hecho mismo de aceptar la realidad entraña el peligro de no cuestionarla, de no fundar interrogantes razonables acerca de su naturaleza o de su propósito, que será arcano y lo entenderán los gurús de la mente y los filósofos de los libros. Quizá Jorge Bucay o Paulo Coelho lo entiedan, qué quieren que les diga. Es que hoy me he levantado con la sonrisa puesta, como decía Tequila: me he levantado utópico, lírico, dispuesto a celebrar los prodigios domésticos del mundo, que me trae noches librescas: ahora ando con Moby Dick, otra vez. Y cuando leo a Melville, por el hechizo de los libros, por lo que me regalan, me vuelvo lírico y me da un estallido de alegría el pecho. A otros les pasa con el Marca cuando gana el Madrid, pero yo soy un tío raro y me siento cómodo entre historias que urdieron otros y que me guían y me confortan.

II
Un libro puede leerse infinitas veces porque en cada lectura es un libro distinto igual que nosotros nunca somos iguales de un día a otro, aunque apenas se aprecie la mudanza y no se manifieste la fractura emocional que supone vivir y soportar la (en ocasiones) tralla de la vida. El futuro es un arma cargada de poesía. El amor es un arma civil contra el miedo, como escribió Joan Margarit, al que no puedo ir a ver hoy en Cabra, en unas jornada sobre haikus y metáforas y bien que lo lamento. Los libros son artefactos incendiarios, túneles hacia el corazón de la luz, puentes que unen territorios lejanos, salvoconductos que nos salvan del miedo. En eso, como Margarit escribe, los libros son puro amor. Son un acto gozoso de amor. El otro día me dijeron cómo era posible que escribiese tanto en este blog. El tiempo en el que escribo se lo robo a la lectura. El tiempo en que leo se lo robo a mi familia. El tiempo en que me dedico a mi familia se lo robo a los libros. La imagen victoriana que Álex me dio el otro día al ver la biblioteca de Luis Alberto de Cuenca ilustra mi desazón. La pared interminable. La mansión entre bosques. La chimenea. El perro manso. Un buen vaso de whisky. Sir John Gielgud en su laberinto de maderas nobles y lomos antiguos. Borges en su ceguera tipográfica. El vacío ilustrado. La ballena blanca, ah la ballena blanca.

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14.11.10

El poeta del imperio austrohúngaro
















A Don Luis García Berlanga

Del imperio austro-húngaro, estreñido,
por falta de sonrisas verticales,
a Tombuctú, provincia del olvido,
partió do Luis, en bici de pedales.

Pero, si el arcabuz de cierta estrella
cegó a Pablo camino de Damasco,
al olor de charanga con paella
no hay Berlanga que no tome del frasco.

Y acampó en Calabuch, dos o tres meses,
entre cristianos, moros de paisano
y falleras que fallan con franceses,

y, en plena mascletá, rezando un credo,
ante el altar de un culo valenciano,
se le escapó del alma: tengo miedo.

Poema: Del imperio austro-húngaro
Libro: Ciento volando de catorce
Autor: Joaquín Sabina
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"En Bienvenido mister Marsall se dice: Es un mapa tan antiguo que todavía existe el imperio austro-húngaro; en Novio a la vista, al alumno que se examina antes que el príncipe le preguntan el imperio austro-húngaro. También recuerdo que cuando estaba terminando el rodaje de La muerte y el leñador alguien me dijo que no había metido la palabra; quedaba solo un plano de un tío arreando a un mulo que tiraba de un carro. Y metí la palabra de un modo imposible. El hombre sacudió el látigo y dijo: ¡Arre Austro-húngarooo!"

Luis García Berlanga



Hoy se ha querido morir Berlanga. Había olvidado ya el nombre de las cosas y vivía como de prestado, inventando el mundo que él había registrado en fotogramas, en historias de una mala leche antológica, que retrataban una España gris recién salida de una guerra incivil en donde ganó el malo y perdieron todos. Hoy ha muerto el maestro y al leer su fuga, curiosamente en un comentario en este mismo blog, he pensado en la palabra austrohúngaro y en un culo ocupando una pantalla entera. Ha muerto un crápula entrañable, un creador total, uno de esos raros hombres que acometen la noble empresa de filmar un siglo. Él filmó una buena parte del XX. El Imperio Austrohúngaro llora hoy su pérdida.
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13.11.10

H.M.E., 81



En el Libro de Lecturas del Bachillerato Superior

no leas odas, hijo mio, sino guías de ferrocarriles:
son más exactas. despliega las cartas marinas
antes de que sea tarde. abre el ojo, no cantes.
ha de llegar el dia en que vuelvan a clavar listas en las puertas
y a señalar con marcas en el pecho a quienes digan que no.
aprende a pasar desapercibido, aprende, mejor que yo,
a cambiar de barrio, de pasaporte, de cara.
adiéstrate en la pequeña traición,
en la sórdida salvación de cada dia. Las encíclicas
son buenas para encender el fuego;
los manifiestos, para envolver mantequilla y sal
para los menesterosos. serán necesarias saña y paciencia
para insuflar en los pulmones del poder
el polvillo letal, molido
por quienes hayan aprendido mucho
y sean exactos, por ti.

Hans Magnus Enzensberger

Mycroft lo supo. Yo me hago eco. Tú eres el tercero. Hazte eco.

addenda:
Además este poema fue el primero que leí. Me lo pasaron en un bar universitario, escrito a máquina, en una hoja doblada muchas veces. Al abrirla, vi una luz. Hace de eso 25 años.
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Jazz / 19 / Tete Montoliú

Solía decir que cuando se miraba al espejo veía un pianista negro. También que prefería un músico con el que tocara del que supiera que era ...